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Maytland: “Hoy hay más porno en las casas que en el cine”

El director es una leyenda de la industria del triple X.

Ulises Rodríguez
Especial

Buenos Aires
Con más de 200 películas, Víctor Maytland es el director de cine porno argentino que más filmó. Con una industria en decadencia desde la aparición de Internet, cuenta cómo hace para sobrevivir. Y saca dudas: ¿se calienta cuando filma? ¿Ganan mucho dinero los actores?
Sentado en la esquina de un bar de Recoleta -uno de los barrios más “bacanes” de Buenos Aires-, Maytland observa tras sus gafas oscuras a una señora que junta la caca de su chihuahua y la mete en una bolsita. Ella, una vecina bien; él, el capo del porno argentino. ¿Qué diría ella si lo supiera? ¿Lo saludaría como hace unos instantes?
En su documento lleva el nombre de Roberto Sena: un mito de la industria del triple X. Formado bajo el ala del Grupo Cine Liberación junto a Pino Solanas y Octavio Gettino, ostenta el récord de la película porno más vendida de la historia nacional con “Las Tortugas Pinjas”.
La vida de este señor dio un giro en 1988, cuando viajó a Estados Unidos y asistió a la filmación de una película condicionada. A su regreso fue a un videoclub y pidió todas las películas triple X estrenadas ese año. Buscó un presentador y metió escenas de todo tipo: sexo anal, orgías, oral, gay. En el momento de musicalizar le puso una canción de Palito Ortega y todos se empezaron a descostillar de la risa. Fue un accidente, pero cayó en la cuenta de que la cosa iba por ese lado.
Otros tiempos
El cineasta está convencido de que el cine condicionado, tal como lo conocíamos, está muerto.
“Con Internet, muy poca gente te mira una película entera, casi nadie busca una trama dentro del filme, sino que van a lo fragmentado: un negro con una enana, tres tipos con una mina, una chica masturbándose, todas las variantes posibles que seguro están ahí. Y hoy el porno también se hace en casa. A mucha gente le gusta filmarse y subirlo a Internet para que cualquiera lo pueda ver”, declaró Maytland.
Su cara de tipo serio hoy es marca registrada del cine para adultos de estas pampas, pero dos décadas atrás nadie lo conocía: su rostro era pixelado y su voz distorsionada cuando aparecía en algún informe televisivo de Juan Castro o Rolando Graña.
“El porno todavía era un tema tabú, mis hijos eran chicos y quería preservarlos porque había muchos más prejuicios que ahora. Me acuerdo de gente que se horrorizaba cuando decía que me dedicaba al porno, era un completo degenerado. Era como un trabajo clandestino”, dijo, esbozando una sonrisa con tos.
El mayor problema al que se enfrenta hoy la industria, según Maytland, es que nadie quiere pagar para ver una película, porque se acostumbraron a tenerlas gratis: “Si yo no cobro, no puedo pagarle a los actores ni a todos los que laburaron. Hoy, si hacés porno, perdés plata”.
En el 2004, una escena de unos 10 minutos filmada para Estados Unidos se pagaba 2.000 dólares; en la actualidad, apenas 200. Por eso, sin subsidios del INCAA y sin llegada a las salas de cine de butacas pegajosas, le rinde más hacer una fiesta con sexo en vivo, cobrar un precio donde un DVD con un filme suyo esté incluido en la entrada, y el resto las vende por encargo o en sex shops.
A fines de 2013, Maytland estrenó “Follando por un sueño” (la versión condicionada del programa de Marcelo Tinelli) y ahora está en plena edición de “Los Porno Addams”, que busca repetir el éxito que le dio en los ’90 “Los Porno Sin Son”: una parodia de la familia de Springfield con actores mal disfrazados: “Te la hago parar pero también te hago cagar de risa”, garantizó.

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