Todo surge de un artículo que acaba de aparecer en el Journal of the Royal Society of Medicine inglés, donde en base al simple análisis de los últimos retratos de Miguel Ángel, hechos por dos de sus amigos más íntimos, Daniele da Volterra y Jacopino del Conte, se descubren las manos deformadas por la artrosis del artista. Una enfermedad que si bien le impedía escribir poemas ("me causa sumo fastidio tomar una pluma en las manos" confesará en 1552 a los 77 años en una carta) y hasta firmar documentos ("los haré escribir a los otros y yo simplemente los firmaré" dirá en 1563 a los 88, uno antes de morir) le permitía, increíblemente, seguir esculpiendo hasta sus últimos días la llamada Pietà Rondanini, hoy en el castillo de los Sforza en Milán.
Los expertos médicos basan su pedido de autorizar la exhumación de los restos de Miguel Ángel, en una serie de exhumaciones permitidas por las autoridades municipales de miembros de la familia de los Médicis, que gobernaron durante tres siglos la ciudad, sepultados en la iglesia de San Lorenzo.
Así se pudo descubrir que Juan de las Bandas Negras, una de las primeras víctimas ilustres de la utilización de la pólvora para disparar fusiles y cañones a principios del siglo XVI, no murió en 1526 a consecuencia de la extirpación de una pierna sino de una septicemia.