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Miguel Ángel, una pinturita

Russo ganó su mundial de 7 fechas. Le cambió la cara a Boca y recuperó a Tevez.

POR FABRICIO ABATTE - Editor Deportes LMN

Miguel Ángel Russo cambió mucho en poco tiempo en Boca. Fue el padre de la criatura, el hacedor de este título xeneize que en algún momento parecía que se escapaba. Agarró un equipo que estaba destruido anímicamente tras fallar una vez más en la Copa Libertadores. Que venía traumado por las reiteradas eliminaciones a manos de River, el eterno rival.

Si bien numéricamente siempre estuvo cerca de la punta, desde el juego no le daba el cuero para pelearle el título a River bajo el mando del anterior entrenador, Gustavo Alfaro. La idea no es pegarle al antecesor, como hicieron cobardemente los jugadores una vez que Lechuga abandonó el cargo, sino destacar la obra de Miguel Ángel. Que le cambió la mentalidad y el espíritu a un plantel al que se lo notaba entregado.
Le devolvió la confianza y recuperó jugadores que habían tocado fondo, con el caso emblemático de Carlos Tevez, el gran héroe. El Apache volvió a rendir en plenitud con Miguelito. Mostró una cara totalmente distinta, mucho más alegre, descontracturada. Y su alegría se trasladó al campo de juego. El Apache supo reinventarse, bien llevado por el cuerpo técnico. Un entrenador que tiene las cosas claras y no inventa nada extraño.
Que prioriza el orden pero no resigna las ambiciones ofensivas. Que ya en 2007 había ganado la Copa Libertadores en el club, última gran conquista xeneize, y que ahora regresó con gloria.
Ya consiguió Russo levantar a Boca, ganar el “mundialito” de siete fechas que disputó desde que llegó con un empate inicial, ante Independiente, y seis victorias al hilo que derivaron en la vuelta olímpica. El mejor aliciente para ahora ir por la Libertadores. Lo de Miguel Ángel, una pinturita.

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