Guillermo Elía
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Neuquén.- Durante los días de cobro hay un promedio de ocho personas por día que acuden al Centro de Atención a la Víctima de Delito (CAVD) para recibir asistencia porque fueron blanco de los motochorros. Pero esa es sólo una parte de las víctimas que denuncian en la Policía lo sucedido, hay otra porción importante que es atacada y no radica la denuncia.
Para estas fechas en que el dinero fluye por las calles, los delincuentes tienen sus motos, robadas por lo general, listas para salir a irrumpir en las zonas comerciales y bancarias principalmente para asaltar a mujeres de toda edad y ancianos.
“Tenemos más robos de motochorros por lo general en las fechas de cobro”, advirtió un pesquisa a LM Neuquén. Mientras que el psicólogo Cristian Almaraz, del CAVD, detalló que “en los primeros días del mes, fecha de pago, tenemos entre seis y ocho casos por día de personas que han sido víctimas de los motochorro”.
Las víctimas que acuden al CAVD están shockeadas por la violencia del hecho que duró apenas de unos segundos pero la situación fue traumática. A algunas les apuntaron con un arma o fueron sorprendidas cuando caminaban y de manera violenta les arrancaron la cartera. En otros casos, iban manejando y les reventaron la ventanilla para robarles lo que tenían a mano. Los especialistas dan contención para ayudarles a superar el trauma y, de ser necesario, agilizan la derivación a Salud.
Pesadilla
La cantidad de robos que se blanquean, es decir, que se denuncian, son en promedio cinco por día, con picos que superan los doce y un piso de dos o tres casos como mínimo fuera de la fecha de cobro.
La misma Policía reconoce que la cifra negra es elevada porque a muchos les roban el celular, mochila o cartera pero como no les llevan la documentación -porque las tarjetas las denuncian directamente por teléfono a la entidad correspondiente-, directamente ni radican la denuncia policial ya que la consideran una pérdida de tiempo y saben que las pertenencias robadas no serán recuperadas.
El objetivo de los motochorros en los días de cobro es hacerse de la mayor cantidad de efectivo posible, más aun en tiempos donde imperan el debito y el crédito y en que los delincuentes deben vivir de la reventa de electrónica, que es lo que más se roba en la actualidad.
Es así que con distintas modalidad (ver aparte) los motochorros concretan sus ataques, algunos programados y la mayoría al azar.
La ágil modalidad delictiva, que les permite escapar con gran facilidad, es una pesadilla para la policía neuquina.
Todas las semanas la fuerza da a conocer procedimientos en los que controlan la circulación de motociclistas y secuestran rodados, cada vez menos (ver aparte), por falta de documentación o porque tienen pedido de secuestro por robo. A pesar de los controles, los delincuentes no escarmientan.
Las distintas modalidades de los ataques callejeros
No todos los motochorros actúan de la misma manera a la hora de concretar sus robos, sino que se acomodan a la circunstancia. En lo que sí coinciden es en que son muy violentos y huyen raudamente. Es así que la Policía tiene identificadas tres maneras de robar.
Están los arrebatadores, que roban al voleo y se aprovechan de las personas distraídas, por lo general mujeres. Sus principales lugares de acción son zonas comerciales y paradas de colectivos.
Les siguen los rompevidrios, que esperan que los conductores se detengan en los semáforos, dan un cabezazo a la ventanilla con el casco puesto y se roban lo que hay a mano.
Por último están los metefierro, que son los más peligrosos porque amenazan con armas a sus víctimas para hacerse del botín.
Están al acecho en busca de efectivo y sus principales blancos son las mujeres y los ancianos. Para la Policía son una pesadilla sin fin.
El Parque Industrial y las comisarías están colapsados
“Estamos secuestrando unas cinco motos en promedio por control porque ya no tenemos más lugar, está saturado el depósito municipal de Parque Industrial y las comisarías están repletas. Además, para los comisarios es un problema el tema de las motos porque cualquier cosa que les pase recae sobre ellos, y nadie quiere problemas”, aseveró un funcionario policial bajo reserva a este medio.
El dato brindado es parte de los padecimientos cíclicos que sufre la Policía. Crece el delito, salen a controlar, secuestran motos, se acumulan y los predios de secuestros se saturan. Es una dinámica de nunca acabar.
La estadística marca que el 35 por ciento de las motos secuestradas tienen dueños con papeles que están en condiciones de ir a retirarlas, el resto quedan abandonadas.
“Atrás de la Comisaría Primera hay 170 motos, sólo 60 tienen dueños con papeles y todavía no las van a buscar porque tienen que pagar multas de casi 8 mil pesos. Algunos directamente la dejan ahí tirada y se compran otra en cuotas”, resumió el uniformado.
Por ahora seguirán secuestrando principalmente las motos que tienen orden de captura porque fueron denunciadas por robo.
Costumbre: salen a “trabajar” con motos robadas
Una regla básica de los motochorros es no salir a robar con una moto propia porque sería muy sencillo atraparlos. Aparte, a los ojos del resto de los delincuentes esto no está bien visto, por una cuestión de códigos. Es por eso que roban motos y luego emprenden su raid delictivo.
En los controles de rutina que realiza cada semana la Policía se secuestra un promedio de cinco motos, de las cuales dos tienen pedido de secuestro por robo.
Además, surge un dato llamativo: aparecen muchas motos abandonadas que también tienen pedido de secuestro.
“Un auto lo podes abandonar, una moto no es común. Lo que pasa es que hay pibes que los detienen con motos robadas y al ver a los policías se dan a la fuga o los mismos policías les dicen que se vayan para evitar el papeleo, más si son menores, y secuestran la moto”, reveló una fuente consultada.