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Mundial de Rugby: Los Pumas van en busca de un lugar en la historia sin perder la esencia

Argentina transita el camino de la profesionalización sin dejar de lado su tradición amateur. La competencia comenzó en este viernes en Japón. La selección debutará este sábado ante Francia.

Por Camilo Ciruzzi

Por primera vez el Mundial de Rugby llegó a Asia. Fue Japón, la gran potencia asiática del deporte y una de las principales economías mundiales, el que logró que la competencia saliera de los países tradicionales de Europa, África u Oceanía y se abriera un nuevo mercado.

Tras la tecnológica apertura, el vicepresidente de la World Rugby, Agustín Pichot, destacó que el deporte está en momentos de profundas transformaciones y que su objetivo personal (de siempre), como el de la organización que le toca conducir junto a Bill Beaumont, es trabajar duro para que se rompa la estructura de las potencias, sobre todo las del hemisferio norte, las más reacias al cambio. Aunque parece que todo va a velocidades warp, el cambio es de largo aliento.

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En ese contexto de mix entre status quo y renovación y desafíos, Los Pumas van por un Mundial difícil. Haber quedado lejos de los puestos expectantes en el ranking mundial los dejó fuera de los cabeza de serie y deberán enfrentar a Francia e Inglaterra en la fase de grupos.

Los primeros son el gran objetivo y el choque será en el debut. Tanto los galos como Argentina saben que el ganador acompañará a la poderosa Inglaterra de Eddie Jones a los cuartos de final. Todo o nada al clásico rival de los últimos mundiales.

Globulos rojos

Una publicidad, de las que pulularán hasta el hartazgo por los canales que cubren el Mundial, capta en un concepto una máxima del deporte: plantea que si se le hace un análisis de sangre a un Puma se detectara que no solo hay pasión irreductible por la celeste y blanca, sino por una miríada de colores que representan su club de origen. Es cierto. Primero el club. Es la base de todo y ahí argentina tiene un plus diferenciador.

Pichot destacó que el valor agregado que nuestra estructura amateur le brinda a los jugadores y a la esencia deportiva no se puede entender en muchos países que transitan el camino hacia una estructura deportiva profesional. Nuestros clubes son la teta en la que se nutre esa sangre que adora a sus colores y que cada semana y fin de semana se banca entrenamientos feroces y duros para disfrutar un partido en condiciones no siempre ideales. Los Pumas por primera vez en su historia van con una selección con mayoría de jugadores del interior del país, donde la realidad de la ovalada en la mayor parte de las uniones es vidriosa y áspera si se la compara con las condiciones de la URBA, Rosario, Córdoba, Mendoza o Tucumán.

La sangre es la misma porque el horizonte e ilusión de cada jugador que se inicia en las divisiones infantiles, hasta las mayores son los mismos: jugar, desarrollarse, llegar a primera, a la selección y quizás a Los Pumas. La base es la misma: el sacrificio, como en todos los deportes.

Siempre que se habla de rugby se menciona sus valores, sus entrenamientos duros bajo condiciones climáticas extremas (vientos, lluvias, fríos de esos que calan los huesos) o su amateurismo. Quizás siempre se piensa en el esfuerzo que hace cada jugador, sin importar su edad, o cada club sin importar su lugar en el mapa ni su riqueza. Algo atraviesa a todos esos elementos por igual y configuran un universo especial.

Suele pasar que una persona que juega o jugó al rugby en algún momento de su vida reconozca a otro, “a un colega” de la ovalada, casi sin mediar palabra. Hay una suerte de código sectario. ¿Rivales? ¿Mismo equipo? Quizás eso sea menos importante, porque el enfrentamiento con camisetas diferentes es circunstancial. La identificación es de por vida. Las vivencias son las mismas.

Otra vez Pichot: “El desarrollo de los clubes que tiene Argentina es casi único”. Y es eso los que permite a Argentina ingresar al profesionalismo de sus seleccionados (Pumas, Argentina XV, seven, Femenino o Jaguares) con relativa mejor deriva (término náutico) que otros, como Uruguay, cuyo esfuerzo debe ser gestionar una base que pueda nutrir academias o centros de alto desarrollo y luego sus selecciones.

Nuestro país lleva apenas 10 años en ese tránsito no exento de complejas discusiones y dogmas que desde su rigidez acusatoria se opusieron al proceso, aunque lentamente, a medida que se renuevan las dirigencias, se van ablandando.

Históricamente el esfuerzo personal dentro de un club para luego llegar a otra institución más grande era el camino del Puma. Es decir, condiciones naturales, entrenadas con los rudimentos de un club y luego la fortuna de llegar a una vitrina desde donde despegar la ñata del vidrio para para tocar la celeste y Blanca. A

lto Valle tiene varios ejemplos de ello: del Roca Rugby, Gustavo “Gringo” Piergentili, Alejandro Moreno (que luego fue a jugar por Italia), Rolando “Yanqui” Martin, Sabrina Marcos; Marabunta RC, Tomás Solari o Mayra Genghini; de Catriel, Josefina Padelaro, y algún Pumita más. Actualmente es mucho más intenso el flujo de jugadores a selecciones juveniles o planes de alto rendimiento. Pero aquellos nombres propios de nuestra zona, son ejemplos que se miran con admiración siempre. La base es la misma: los clubes.

Hombro con hombro

Uno de los himnos más lindos del planeta es el Ireland´s Call (uno de los dos que canta la selección de Irlanda, el otro es el Soldier song). En sus estrofas plantea una frase que si bien hace referencia al tumultuoso pasado político de la isla británica, bien define la sensación que se vive una vez que cruzas por debajo de las H. “Together standing tall, shoulder to shoulder, we'll answer Ireland's call! (Juntos se levantarán para responder el llamado de su país). Lejos de introducir temas nacionalistas, algo inevitable al cantar la canción patria, la referencia a ese himno es describir esa sensación que un veterano jugador valletano, Alfredo Robles, el Negro, siempre repite al entrar a una cancha, aun en sus pasados 60 años: “Si no se te mueve nada cuando entras en la cancha, esto no es lo tuyo”.

Passionate Ireland's Call Anthem

Es cierto, el temor se siente en los huesos. Sabes que te vas a golpear, es inevitable. Pero por sobre todo sabes que tenés una camiseta con colores que te nutrieron de chico, sabés que ingresaste a la cancha porque te rompiste el lomo en los entrenamientos semanales, pero por sobre todas las cosas, te tiembla el alma porque sabés que junto a vos entró otro con los mismos colores y miedos y a ese tipo y a los otros 13 no podés fallarle. No te pasa por la cabeza no ayudarlo a ser mejor, a marcar un try, meter un tackle o defender una posición en un duro ruck.

Claro que se puede fallar, pero al caerte esos que usan tus mismos colores, son los que te van a alentar a mejorar en el próximo intento. Nadie te deja solo y esa es la base que subyace y se palpita a medida que los entrenamientos semanales transcurren y se acerca el sábado de partido. Eso que pasa cuando, tras la arenga del head coach en el vestuario, al abrirse la puerta, empieza a sentirse como un ventarrón de frente. Nada nos detiene.

Luego del partido, es tradicional en los clubes, volver a la normalidad. La adrenalina baja, los golpes empiezan a doler y tenés el tercer tiempo para saber que a tu rival le pasa lo mismo que a vos. En el valle, de hecho, nos conocemos todos y nos identificamos por las clases en las que nos tocó jugar. Muchos siguen transmitiendo aquellos valores, pero ahora en forma de entrenadores, dirigentes, padres que llevan a sus hijos, colaboradores, o sempiternos hinchas del club.

De las partes al todo

Desde esa base a cantar el himno en Japón el trecho el larguísimo, pero cercano gracias al proceso vivido en los últimos años. La estructura representa un camino que se inició con los centros de alto rendimiento y un relajamiento intenso de todos los jugadores, desde juveniles a mayores e internacionales, para trabajar de manera diferente. El alto rendimiento marcó las pautas y se desglosaron los movimientos, se clasificaron las destrezas y los factores claves, se invirtió en recursos humanos y administrativos y se empezó a andar. Como todo proceso de mejora continua, el plan sufrió ajustes varios. No importan las derrotas, no es el foco principal del desarrollo, sino que hay que apegarse al plan. La tentación es fácil en un país de cultura tan inestable.

Llegar a Japón es para Los Pumas el inicio de una caminata apenas aprendida la mecánica del caminar. 10 años parece mucho, pero es apenas un soplo. De hecho en la actual selección aún quedan algunos jugadores, como Leguizamón, que son de una etapa anterior. Es cierto que el resto son jugadores que pasaron por el sistema en alguna de sus fases y la lucha por llegar a Japón no fue fácil. Fue reñida porque el sistema de trabajo dejo a muchos jugadores jóvenes en condiciones de calzarse la celeste y blanca. Y eso es bueno.

Si bien el coach Mario Ledesma, optimista, asegura que hay equipo para ser campeones. Sería más real saber que primero hay que pasar a Francia y luego cruzarse y derrotar a otras potencias en el camino. ¿Es posible? Sí, claro que sí, pero Los Pumas llegan inmersos en la seguidilla de derrotas más largas en su historia: 11. Se puede soñar, siempre hay que hacerlo, pero sin dejar de lado que hay que apegarse a un plan de juego que aún muestra fisuras.

El sueño de Los Pumas para el Mundial de Japón

Todas las fichas están puestas en la madrugada del sábado, luego Tonga y Estados Unidos no deberían representar un problema. Inglaterra es por ahora, en primera fase, un casi imposible.

El rugby tiene eso de saber que las sorpresas, como la derrota de Sudáfrica ante Japón en el Mundial pasado, son mínimas. En el rugby prima la planificación de largo plazo.

El ultimo deporte colectivo que se sumó a los mundiales, en 1987, fue el rugby, casi nada para su historia de más de 100 años. Y se avecinan cambios importantes en las estructuras mundiales del deporte según anticipó el propio Pichot, quien junto a Beaumont llevan adelante una verdadera revolución tendiente a expando el deporte y mejorar la competencia. Así como esos movimientos básicos que terminado el entrenamiento se empiezan a ensamblar en una destreza completa dentro de una cancha, tal como dijo Luis Scola, capitán del seleccionado nacional de Basquet, el rugby se ensambla rápido para su historia, lento para la ansiedad argentina.

El plan está hay que seguirlo y los valores que nutren todo el sistema no se pierden en el camino, sino que son el tegumento básico que une colores diferentes, y que todos mezclados dan un rugido celeste y blanco que siempre marca hitos.

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