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El país es un caso testigo a nivel mundial. Logró reducir el consumo, pero sigue combatiendo el narcotráfico.
En medio del debate por la violencia en Rosario y el creciente poder de las bandas de narcotraficantes, surgió como ejemplo en las redes sociales el caso de Portugal, un país que hace más de veinte años despenalizó el consumo de todas las drogas, una medida que en principio fue efectiva.
Hoy Portugal es un caso testigo a nivel mundial en cuanto a disminución de consumo, pero el problema del narcotráfico no desapareció totalmente ya que su territorio sigue siendo un lugar de tránsito de cargamentos de drogas hacia otros países de Europa.
El año pasado, incluso, el Parlamento portugués despenalizó también el consumo de drogas sintéticas con una ley que las equipara al régimen de sustancias clásicas.
La norma elimina el criterio de la cantidad de dosis a la hora de diferenciar entre consumidor y traficante, pese a los recelos expresados por los especialistas.
El objetivo de la ley es diferenciar entre los traficantes y los consumidores y que estos puedan recibir tratamiento, en un momento en el que han aumentado las hospitalizaciones psiquiátricas ligadas al consumo de estupefacientes sintéticos.
Hace veinte años Portugal sufría el estrago de la adicción a la heroína, lo que provocaba también infecciones por HIV.
Con un enfoque centrado en la salud, el país decidió en 2001 despenalizar el uso de todas las drogas, desde la marihuana hasta la heroína. En ese momento no eran tan populares las drogas sintéticas, y por eso recién ahora –en junio del 2023- se adoptó la misma medida con este tipo de estupefaciente.
Portugal fue el primer país del mundo en tomar una decisión de este tipo, lo que le valió una serie de críticas de los sectores más conservadores.
Desde ese momento los consumidores ya no son tratados como delincuentes para ser encerrados en la cárcel, sino como personas que necesitan atención médica y supervisión.
Si bien la posesión de drogas para uso personal ya no es un delito, sigue siendo una violación administrativa que se castiga con penas como multas o trabajo comunitario.
Cuando una persona es descubierta consumiendo drogas, las autoridades la envían a una comisión de disuasión que le sugiere iniciar un tratamiento. Pero el narcotráfico sigue siendo un delito grave en el país y se lo combate a través de las fuerzas de seguridad.
Desde que se implementó la despenalización, ningún gobierno en Portugal, ni de derecha ni de izquierda, buscó revertir la norma.
Lo que costó más es que las fuerzas policiales cambiaran su postura y comenzaran a tratar a los consumidores como enfermos, y no como delincuentes.
Con la despenalización, muchos pronosticaron que el país se iba a convertir en un centro turístico para los drogadictos de Europa, algo que no ocurrió finalmente.
Las estadísticas oficiales, de hecho, muestran que el consumo disminuyó un 10 por ciento tras la despenalización. Pese a ello, el país sigue teniendo serios problemas con la heroína.
Un informe de la BBC reveló que cada vez más consumidores de drogas son proclives a iniciar un tratamiento para abandonar este flagelo.
“No sabemos si es por la ley. No sabemos qué es lo que hace que la gente deje de consumir drogas. Lo que sí sabemos es lo que no ha sucedido: no ha habido una explosión en el consumo. El sentido común puede decir una cosa, pero todas las estadísticas afirman lo contrario”, le explicó a la BBC la especialista Brendan Hughes, del Observatorio Europeo de las Drogas, con sede en Lisboa.
Incluso un informe del centro de estudios estadounidense Cato afirma que “no se ha cumplido ninguno de los horrores que los opositores de la despenalización en todo el mundo suelen invocar”.
“En muchos casos sucedió exactamente lo contrario, dado que el consumo bajó en categorías clave y que en un régimen de despenalización las enfermedades relacionadas al consumo de drogas están mucho más contenidas", agrega.