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Un informe del Parlamento británico documenta las atrocidades cometidas por grupos terroristas palestinos durante el ataque a Israel del 7 de octubre de 2023.
En octubre de 2023, un ataque devastador realizado por Hamas y otros grupos terroristas palestinos contra el sur de Israel dejó una huella de horror que resuena en la sociedad israelí. Un informe parlamentario británico, titulado The 7 October Parliamentary Commission Report, conocido también como The Roberts Report, documenta en más de 300 páginas los crímenes cometidos.
Con pruebas forenses, testimonios directos y material gráfico, se revela una serie de atrocidades que incluyen asesinatos masivos, violaciones sistemáticas y mutilaciones. A través de esta investigación, se busca preservar la memoria histórica y evitar que estos hechos sean distorsionados o negados.
El 7 de octubre de 2023, Hamas y otras facciones armadas palestinas lanzaron un ataque coordinado contra el sur de Israel. Esta ofensiva, que incluyó un asalto simultáneo por tierra, mar y aire, se considera uno de los atentados terroristas más letales de la historia contemporánea. Según el informe parlamentario, en las primeras horas de ese día, 1.182 personas fueron asesinadas, más de 4.000 resultaron heridas y 251 fueron secuestradas. De estas últimas, 41 cadáveres fueron secuestrados junto con los vivos.
El ataque comenzó con un disparo masivo de cohetes, que saturó el sistema de defensa aérea de Israel, y continuó con incursiones armadas en comunidades civiles y militares. Las víctimas del ataque fueron en su mayoría civiles, incluyendo mujeres, niños y ancianos, con un 73% de los muertos pertenecientes a este grupo. Entre las víctimas más trágicas se encuentran una bebé de solo 14 horas, que murió por una bala dentro del útero de su madre, y una sobreviviente del Holocausto de 92 años, asesinada en el kibutz Holit.
El informe revela los métodos atroces utilizados por los terroristas para ejecutar el ataque. Se documentaron disparos a quemarropa, incendios intencionados, mutilaciones, asfixia, granadas y armas antitanque (RPG). Muchos de los cadáveres presentaban signos de violencia sexual, mutilaciones y profanación post mortem. Los atacantes se infiltraron casa por casa, matando, saqueando, secuestrando y quemando viviendas. Las víctimas fueron sometidas a una crueldad sin igual, y la identificación de muchos cadáveres se vio dificultada por el estado de los cuerpos, algunos de los cuales solo pudieron ser identificados meses después mediante restos óseos o fragmentos dentales.
Además, el informe señala la implicación de empleados de la ONU en el ataque. Un caso particularmente alarmante es el de Faisal Al-Naami, un trabajador de la ONU, quien aparece en imágenes retirando el cadáver de Jonathan Samerano, un joven asesinado en el kibutz Beeri, para llevarlo a Gaza. Este tipo de colaboración con los atacantes subraya la gravedad de la situación y la complicidad que, según el informe, también involucró a civiles gazatíes.
El impacto del ataque del 7 de octubre no solo se limita al número de muertos y heridos, sino que ha dejado secuelas emocionales profundas en la sociedad israelí. Según el informe, se ha producido un trauma colectivo, con un aumento de casos de estrés postraumático (PTSD), ansiedad y suicidios entre los sobrevivientes y familiares de las víctimas. La magnitud de los crímenes cometidos ese día ha sido calificada por algunos expertos como un “trauma de masas”, ya que la población israelí experimentó el horror de manera directa e inmediata.
Además, el informe subraya que este ataque tuvo repercusiones a nivel internacional. Con más de 3.800 cohetes lanzados a Israel en las primeras 24 horas, y un total de 4.860 en los días siguientes, el ataque afectó a más de 500 comunidades israelíes, y muchas de ellas permanecen traumadas por los eventos que vivieron. El uso de drones, parapentes y lanchas rápidas para ejecutar incursiones sorpresa también evidenció la sofisticación del ataque, que se diseñó para colapsar las defensas israelíes.