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A poco del término de la Segunda Guerra Mundial (SGM), los distintos países comenzaron un largo proceso recuperación. En ese marco, las naciones más afectadas celebraron distintos acuerdos de cooperación y se procuraron herramientas para no solo garantizar una paz duradera, sino también para alcanzar la estabilidad y poder reconstruir sus territorios. Gracias a la intervención de intelectuales, personalidades de ámbitos diversos y dirigentes políticos, se fueron sentando las bases para el surgimiento de la Unión Europea. Un bloque continental que ha velado por la paz y la prosperidad de sus Estados miembros y reviste importancia a nivel mundial.
Desde la invasión de la Alemania nazi a Polonia, en septiembre de 1939, hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1945, se trastocaron tanto las relaciones políticas como la estructura social de los países. Para fomentar la cooperación internacional y prevenir nuevos conflictos, se fundó, entre otros entes, la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Al mismo tiempo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos se erigieron como dos superpotencias rivales, creándose el marco para la Guerra Fría. Escenario que se prolongó durante casi medio siglo.
En este contexto de la posguerra, las grandes potencias de Europa perdieron influencia y comenzó el proceso de descolonización de África y Asia. Los países cuyas industrias habían resultado perjudicadas abordaron la recuperación económica con la ayuda financiera del Plan Marshall, mientras que, en paralelo, la integración política emergía como un esfuerzo para restablecer las relaciones.
Tras el mayor conflicto bélico a nivel mundial, la enorme mayoría de las naciones de Europa debieron hacer frente a las devastadoras consecuencias de los bombardeos, los inhumanos horrores del Holocausto y la reconstrucción de ciudades que habían sido convertidas en ruinas. Para ello, se requirió de consensos, tratados y colaboraciones panaeruopeas.
Sofía González Calvo tiene 33 años y es profesora de Historia egresada de la Universidad Católica Argentina (UCA). Creó la cuenta de Instagram Regine historia donde difunde, de manera didáctica y asequible, contenido vinculado a las monarquías y sucesos del Viejo Mundo. Entrevistada por LMNeuquén, la especialista analizó el contexto en el que se tomaron estas medidas y qué consecuencias tuvo a lo largo de los años.
“Cuando finaliza la guerra en Europa (1945), los países vencedores (Aliados) tenían muchos problemas para enfrentar, todos igualmente urgentes. En primer lugar la reconstrucción del continente: levantar economías arrasadas, ciudades destruidas, sociedades traumatizadas por la crueldad que habían vivido. Por otra parte, la búsqueda de soluciones para evitar que surja un "nuevo (Adolf) Hitler" que lleve a Europa a una nueva crisis. Y, finalmente, la presencia de (Iósif) Stalin y la Unión Soviética que hasta el momento habían sido aliados de guerra, pero una vez terminado el conflicto se presentan como el nuevo gran peligro: el comunismo ruso y el inicio de la Guerra Fría. Estas razones hacen que sea necesario crear alianzas entre las naciones europeas para enfrentar los tiempos que se venían y para evitar volver a revivir el pasado", explica González Calvo.
De haber sido encarcelado en la SGM, de haber fundado la Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) –el mismo espacio donde décadas más tarde brillarían Helmut Kohl y Angela Merkel-, Konrad Adenauer, el primer canciller de la Alemania Occidental, sabía que el destino de Europa no podía hallarse en otro lugar sino en la unidad. Consciente de ello, a sus más de 70 años, “el Viejo” buscó por todos los medios tender puentes con uno de sus vecinos: Francia.
A orillas del río Sena también entendían que ya era tiempo de recomponer relaciones con Alemania. Y todo fue posible gracias a la labor del ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Robert Schuman. Con su documento, conocido como la Declaración Schuman, el funcionario galo propuso poner el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y acero bajo una autoridad común.
Así, junto con el comisario general del Plan de Modernización y Equipamiento de Francia, Jean Monnet, Schuman ubicó la “piedra basal” de la Unión Europea (UE) el 9 de mayo de 1950. Al mismo tiempo, se creó una organización abierta a la participación de los demás países de Europa.
A comienzos de la década de 19450 se crea el Parlamento Europeo como una necesidad de establecer un marco regulatorio para ese presente de posguerra como para su futuro mediato. "Surge en 1951 por la necesidad de crear un organismo común que tuviera poder suficiente para ubicar a los países europeos que habían estado en guerra a trabajar en común. A lo largo del tiempo fue creciendo en sus atribuciones (más que nada en el aspecto económico) y tiene el poder de sancionar a los Estados miembros que no sigan lo pactado. Esa es la teoría, dado que en la práctica es todo más complejo. Hay países con más poder económico que suelen usar la influencia a su favor y en ese caso no es sencillo poner sanciones, como vimos con el Brexit. En la actualidad, el Parlamento Europeo está en tensión por los intereses de los países de la UE, pero también por los de Estados Unidos, China y otras potencias externas a la estructura de la UE", considera González Calvo.
Con el Tratado de París, que entró en vigencia el 25 de julio de 1952, nació la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Dicha asociación comercial reunía a Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos y fue la génesis de lo que hoy conocemos como la UE.
"Después de la Primera Guerra Mundial, los países vencedores habían buscado una manera de manejar la producción de hierro, carbón, acero y otros bienes de manera conjunta, pero habían surgido conflictos como el de la invasión del Ruhr. Los alemanes tenían el manejo de esa zona minera para cumplir con sus indemnizaciones de guerra, pero al no poder pagar fueron invadidos por los franceses y belgas en 1923. Cada país quería tener libre acceso a la materia prima que le faltaba pasando por encima las necesidades de los demás. Para evitar que estos problemas se repitan, se crea este acuerdo que regula las relaciones entre los países mineros de manera equitativa", añade la especialista.
Durante el lustro siguiente, la voluntad de construcción de un bloque europeo se intensificó. Tal es así que los seis países que firmaron la creación de la CECA también suscribieron los Tratados de Roma, que instituyen la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom o CEEA). Ambos entraron en vigor el 1 de enero de 1958 por un período ilimitado de tiempo.
"La energía atómica se venía desarrollando desde hacía tiempo y era un sector en el que todos los países desarrollados querían invertir a futuro. A finales de la Segunda Guerra se pudo ver con las experiencias de Hiroshima y Nagasaki (en agosto de 1945) lo terrible que era como arma de guerra y de ahí que se regule su uso. Además, los rusos tuvieron un desarrollo muy importante de centrales atómicas y siempre estaba el peligro de que fuese usado en contra de Occidente. Incluso hasta el día de hoy es un recurso clave en la economía de los países europeos, como lo podemos ver en la actual crisis energética europea", puntualiza González Calvo.
Tanto la CECA como la Euratom establecieron unos objetivos económicos específicos vinculados a ciertos rubros, pero fue la constitución de la CEE la que fijó unas máximas mucho más ambiciosas. Se proponía establecer un mercado común que garantizara la libre circulación de capitales, mercancías, personas y servicios al tiempo de ir acercando progresivamente las principales políticas económicas de los Estados miembro.
El 8 de abril de 1965 se firmó el Tratado de Fusión en Bruselas. Tras entrar en vigor el 1 de enero de 1967, se constituyó una única Comisión y un único Consejo al servicio de las, por entonces, tres Comunidades Europeas (CECA, Euratom y CEE).
A instituciones como el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia se les sumó, en 1975, el Tribunal de Cuentas. Este último tenía por objeto el realizar un control externo del presupuesto comunitario, examinando la relación entre los ingresos y los egresos.
Los efectos positivos que tuvo la creación de las Comunidades Europeas para las economías de sus Estados miembro llevaron a otros países europeos a solicitar la adhesión. De esa manera, las Comunidades Europeas fueron creciendo. El Reino Unido de Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca se unieron a comienzos de 1973.
En la década de 1980 se sumaron Grecia, España y Portugal. Y en los ’90, ya después de la caída del Muro de Berlín, Austria, Suecia, Finlandia, Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia hicieron lo propio.
Luego de años de preparativos, el 1 de enero de 1999 se introdujo el euro como moneda "invisible" (se utilizaba para efectos contables y transacciones electrónicas) y finalmente las monedas y los billetes se pusieron en circulación tres años más tarde, en 2002. Dicha decisión también tuvo un sinfín de consecuencias en el bloque continental. "Imponer el euro como moneda común fue un poco caótico desde el principio. Primero porque las economías regionales tuvieron que sacrificar intereses propios para amoldarse al sistema (algo que llevó los primeros años de la década del 2000); y segundo porque vino la crisis del 2008 que golpeó a la economía mundial y por ende también a Europa con la famosa Crisis del Euro. Para poder salir adelante, la UE tiene que poner en marcha medidas que seguramente beneficien más a unos Estados miembros que a otros. ,Eso es algo inevitable", afirma González Calvo.
En la primera década de este siglo XXI, hacia 2004, se sumaron otros países como Lituania, Malta y Chipre. Más tarde, en 2007, Rumanía y Bulgaria y, por último, Croacia sumó su adhesión en 2013.
Sin lugar a dudas, la salida de Reino Unido a finales de enero de 2020 fue uno de los mayores cimbronazos que sufrió la UE. Sin embargo, algunas naciones pretenden formar parte del conglomerado que en la actualidad integran 27 países soberanos.
La Unión Europea actual también identifica un grupo de países candidatos”, países que quieren adherirse a su égida, pero para los que aún no hay fecha prevista de adhesión. En este grupo se encuentran Macedonia, Islandia, Montenegro, Serbia y Turquía. Además, la UE incluye como candidatos potenciales a Albania, Bosnia y Herzegovina y Kosovo.
"Para que un país ingrese en la UE debe cumplir con una serie de condiciones que se fueron estableciendo a lo largo de la década de los ’90 y principios de los 2000: las condiciones básicas exigen el respeto por el sistema democrático, los derechos humanos, la protecciones de las minorías (algo importante si se tienen en cuenta los motivos que llevaron a la creación de este organismo), contar con una economía viable y dispuesta a asumir nuevos compromisos, etc. El país candidato debe tener el voto de la totalidad de los Estados miembros y estas negociaciones llevan años. Uno de los casos más resonantes es el de Turquía que busca ingresar desde 1999", puntualiza González Calvo.
Como ha sucedido desde sus comienzos, la UE contempla los avances en materia política, económica y social que se suceden año tras año. Todo ello exige profundas reformas en los sistemas jurídicos e institucionales, con el fin de adaptar su estructura a las necesidades globales de un mundo siempre cambiante, dinámico.