Con la derrota de su candidato en las elecciones celebradas el 26 de septiembre pasado, Angela Merkel (67) sabe que el final de su carrera es inminente. Sin embargo, los hitos políticos, negociaciones y logros que acumuló como canciller alemana sientan un precedente difícil de superar, le dejan una vara muy alta a su sucesor.
Merkel viajó junto a Olaf Scholz, actual vicecanciller y aspirante socialdemócrata a sucederla, a la cumbre del G20 que se realizará entre el 30 y el 31 de octubre en Roma. Las reuniones bilaterales y encuentros que mantendrá la canciller saliente serán, además del inicio de una transición democrática, el corolario de un despedida iniciada el pasado viernes en Bruselas ante la ovación y el reconocimiento de los demás líderes de la Unión Europea (UE).
Si la denominada coalición semáforo logra conformar gobierno para los próximos días, el cuarto mandato de Merkel concluirá para los primeros días de diciembre. Para ese entonces, la canciller alemana habrá totalizado 16 años al frente de la cuarta economía del mundo y 107 cumbres de la UE. Su recorrido político es todavía más elocuente.
La primera década de Merkel al frente de Alemania
El 22 de noviembre de 2005, Merkel se convirtió en la primera mujer elegida por el Parlamento como canciller de Alemania. Lo hizo gracias a la coalición que conformó su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), junto con la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) y los socialdemócratas (SPD). Coalición que ella misma encabezó durante tres períodos consecutivos.
A más de un año de haber asumido las riendas de Alemania, Merkel fue la anfitriona de la 33° cumbre del G8 que se celebró entre el 6 y el 8 de junio de 2007. La canciller alemana recibió a los líderes de Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia en Heiligendamm, Mecklenburgo. Frente a las costas del mar Báltico los líderes acordaron reducir a la mitad los gases de efecto invernadero para 2050.
En plena crisis financiera desatada en 2008 en Estados Unidos, Merkel llevó tranquilidad a los ahorristas alemanes y el gobierno alemán evitó el retiro masivo de los depósitos de las entidades financieras al tiempo que exigió una regulación más estricta de los mercados. Dichas acciones hicieron que Alemania evitara una debacle económica en ese dramático contexto global.
A nivel regional, Merkel promovió en 2010 un programa de rescate de cientos de miles de millones de euros para salvar de la quiebra a los países que utilizan la moneda europea, siendo Grecia, Irlanda y Portugal los más afectados, y los obligó a mantenerse bajo un modelo estricto de austeridad. Para noviembre de ese año, la canciller alemana adoptó una medida que la enfrentaría con el ala más conservadora de su partido: la suspensión del servicio militar obligatorio en Alemania.
Para el 14 de marzo de 2011, tres días después de la catástrofe de Fukushima, Alemania anunció que abandonaría la política nuclear. La canciller se hizo eco de los numerosos reclamos de activistas y dispuso que para 2022 se cierren las 17 plantas nucleares de ese país.
Tal como publicara la revista Der Spiegel en un informe, se conoció que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) había monitoreado las comunicaciones de Merkel por lo menos desde 2002 a 2013. Ante ese hecho, la canciller alemana fue contundente: “Es inaceptable el espionaje entre amigos”.
Luego de la masacre perpetrada contra los integrantes del semanario satírico francés Charlie Hebdo en enero de 2015, Merkel encabezó la masiva Marcha de la Unidad junto a los jefes de Estado de España, Francia, Israel, Italia, Mali, Palestina y Reino Unido, entre otros.
Crimea, refugiados y Trump
Con sus pares de Ucrania, Rusia y Francia, Merkel participó en febrero de 2015 del acuerdo de Minsk que dispuso el alto al fuego entre Ucrania y Rusia. El protocolo celebrado puso fin a una guerra separatista en el este ucraniano que había empezado en marzo de 2014 cuando Putin anexó la Península de Crimea a Rusia pese a las protestas de ucranianos y tártaros.
Meses más tarde, Merkel pronunciaría la histórica frase “Wir schaffen das” (Traducción aproximada: “Podemos lograrlo”), el puntapié para la acogida de más de un millón de refugiados provenientes de Medio Oriente, norte de África y Asia Central. Con su ejemplo, la canciller alemana hizo un llamado a la UE para que los distintos países del bloque reciban a las personas que huían de la guerra y el hambre. Sus acciones hicieron que la revista Time la distinguiera como Persona del Año, galardón que la prestigiosa revista no le entregaba a una mujer desde hacía casi tres décadas.
Tras haber logrado en consenso en Minsk y la apertura de las fronteras a los refugiados, Merkel viaja en marzo de 2017 a Estados Unidos para reunirse con Donald Trump. En dicho encuentro se dio inicio a una fría relación bilateral que se extendió hasta el pasado enero, cuando de la mano de Joe Biden las comunicaciones entre Washington y Berlín se volvieron más asiduas.
La pandemia de coronavirus y el cierre de una etapa
Luego del revés que sufrió la CDU en unas elecciones regionales, Merkel anunció en octubre de 2018 que no renovaría su candidatura a la presidencia de ese espacio político. La canciller alemana había ocupado esa posición durante casi dos décadas.
Con el brote inicial en Wuhan del nuevo coronavirus, Merkel se puso al hombro la lucha contra el flagelo mundial que ya se cobró la vida de 5 millones de personas. Hacia finales de 2020, y pese a haber transitado la primera parte de la pandemia con una reconocida gestión, la canciller alemana se mostraba preocupada ante lo inminente de la segunda ola de contagios. En ese contexto instó a la población a aceptar medidas restrictivas de prevención: "Si esta termina siendo la última Navidad con nuestros abuelos, habremos hecho algo mal”.
En septiembre de este año, en las primeras elecciones en 16 años en las que no se presentaba, las urnas le dieron la espalda. El histórico triunfo de los socialdemócratas, de la mano de Scholz, selló su suerte. Y si bien el fin de la prolífera era Merkel está a la vuelta de la esquina, su trayectoria y figura será respetada y recordada por siempre.
Por Diego Cioccio
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