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Horror: el marido obligó a su esposa a prostituirse con 280 hombres

La Justicia sueca determinó que organizaba las citas, grababa las relaciones sexuales y obtenía ganancias de la explotación de la víctima.

Thomas Runsten, un hombre de 61 años de Suecia, fue condenado a cuatro años y cinco meses de prisión por obligar a su esposa a prostituirse con al menos 280 hombres, quedarse con el dinero de los encuentros sexuales y grabar las relaciones que mantenía con los clientes.

La Justicia consideró probado que existió un esquema de explotación sexual, amenazas, violencia y control psicológico que se extendió durante varios años. Según la investigación, el acusado organizaba los encuentros, fijaba los precios, cobraba a los clientes y utilizaba drogas y alcohol para someter a la víctima.

El caso adquirió notoriedad en Suecia por la magnitud de los hechos y por algunas similitudes con el conocido caso Pelicot de Francia, aunque los jueces aplicaron una calificación jurídica diferente y descartaron la figura de violación en la mayor parte de los episodios analizados.

Cómo funcionaba la red de explotación sexual

La investigación determinó que Thomas Runsten conoció a la mujer en 2021 y poco tiempo después comenzaron a convivir en una vivienda ubicada en la localidad sueca de Lunde.

Con el paso del tiempo, según concluyó la Justicia, el hombre desarrolló un sistema de proxenetismo en el que utilizaba a su esposa para obtener ganancias económicas.

La operatoria era siempre similar. Runsten publicaba anuncios en internet, respondía consultas, negociaba tarifas, coordinaba horarios y organizaba la llegada de los clientes a la vivienda.

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Según la sentencia, el hombre utilizaba distintos espacios de la propiedad para concretar encuentros sexuales con clientes previamente contactados por internet.

La mujer era obligada a mantener relaciones sexuales con desconocidos mientras él controlaba toda la actividad.

Durante los allanamientos, los investigadores encontraron pruebas que respaldaron esa acusación. Entre los elementos secuestrados aparecieron registros de pagos, dinero en efectivo, sustancias ilegales y miles de grabaciones realizadas dentro de la casa.

Uno de los hallazgos más llamativos fue la presencia de 11 cámaras instaladas en distintos ambientes, utilizadas para registrar los encuentros sexuales.

Los investigadores también descubrieron que parte de ese material era transmitido mediante plataformas para adultos.

De acuerdo con los cálculos incorporados al expediente, el acusado obtuvo cerca de 100.000 euros gracias a la explotación de su esposa.

Las amenazas, las drogas y el control psicológico

La causa comenzó a avanzar cuando la mujer abandonó la vivienda y acudió a la Policía para denunciar a su marido.

Ante los investigadores relató que sufría una situación permanente de violencia de género, amenazas y sometimiento psicológico. También afirmó que Runsten la obligaba a consumir alcohol y drogas antes de recibir a los clientes.

Durante el juicio, los peritos especializados respaldaron buena parte de esos dichos. Los informes psicológicos concluyeron que existía una fuerte dependencia emocional y que el hombre ejercía una posición dominante dentro de la relación.

Los magistrados consideraron probado que fue el acusado quien impulsó el consumo de sustancias y aprovechó esa situación para mantener el esquema de explotación.

Además, la investigación incorporó mensajes de texto y conversaciones privadas donde aparecían amenazas directas contra la víctima.

Las diferencias con el caso Pelicot y las condenas a los clientes

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Uno de los aspectos más discutidos del proceso fue la comparación con el caso Pelicot. Aunque ambos expedientes presentan elementos similares, la Justicia sueca adoptó un criterio distinto respecto de algunos delitos sexuales.

Los jueces entendieron que existían pruebas suficientes para condenar a Thomas Runsten por proxenetismo, amenazas, lesiones y otros delitos vinculados a la explotación de la víctima.

Sin embargo, consideraron que no estaba acreditado con el grado de certeza necesario el delito de violación en la mayoría de los hechos investigados.

La defensa intentó sostener que los encuentros sexuales formaban parte de una práctica consentida entre el hombre y su esposa.

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