{# #} {# #}
Logró escapar atravesando campos minados y navegando en una precaria embarcación.
Saber lo que ocurre en la hermética Corea del Norte es casi imposible. La dictadura de la dinastía Kim instaló un hermetismo extremo que sólo algunos audaces “desertores” se atreven a revelar, cuando la suerte los acompaña.
Esta historia es la de Kim (el mismo apellido de la familia del dictador Kim Jong-Un, pero sin vínculos directos) y la de su familia, quienes enfrentaron campos minados y tormentas en alta mar para poder escapar del país comunista.
En un largo relato que brindó a la cadena británica BBC, Kim contó las peripecias que pasaron y cómo fue la vida en Norcorea en estos últimos años, acuciados por la pandemia de coronavirus que el régimen nunca reconoció.
Se trata de los primeros norcoreanos que llegan a Corea del Sur tras el flagelo del virus, período en que el régimen cerró sus fronteras y cortó el comercio con casi todo el mundo. Por eso sus historias cobran especial valor.
Antes, cerca de 1.000 personas huían por año de Corea del Norte hacia China, a través de la frontera, para luego llegar a Corea del Sur. Pero en los últimos cuatro años sólo pudieron pasar 20, y apenas 4 alcanzaron territorio surcoreano.
"Estas escapadas al mar requieren una planificación meticulosa, una valentía increíble y que todo salga milagrosamente bien. Debe haber muchos más norcoreanos que lo han intentado pero no lo han logrado", explica Sokeel Park, de la organización Liberty que ayuda a refugiados norcoreanos.
Kim, de 30 años, escapó junto a su esposa embarazada, su madre y la familia de su hermano. Todo fue parte de un plan meticulosamente diseñado. Sabía que al menor error terminarían muertos.
El hombre y su esposa vivían del comercio ilícito de productos de mar. Eran habitantes de un pueblo de pescadores y lo que obtenían en el mar lo vendían entre la población. Pero las normas estatales se fueron cerrando y no pudo pescar más que para el Estado.
Entonces empezó a vender productos del agro. Ahí le comenzó a ir mejor porque la pandemia había dejado sin alimentos frescos a la gente. Con eso fue armando un fondo que le permitiría huir.
El plan consistía salir por el mar, que conocía bien, en una noche de tormenta para que los guardias estuvieran más distraídos.
Se hizo amigo de los guardacostas y guardias de seguridad de la zona, y así pudo recabar información sobre sus movimientos, protocolos y esquema de vigilancia.
El día de la fuga había una fuerte tormenta, con vientos intensos desde el sur. Era peligroso navegar, pero había menos posibilidades de que los vieran los guardias.
Primero tuvieron que cruzar un campo de minas que los soldados habían puesto para evitar, justamente, fugas. Como conocían la zona gracias a los recorridos que habían hecho para recoger plantas medicinales, lo pudieron atravesar.
En la pequeña embarcación se acomodaron todos y escondieron a los niños pequeños de su hermano. Previamente les dieron pastillas para sedarlos. Así finalmente, y después de una gran angustia entre las olas del mar, llegaron a las cosas de Corea del Sur.
"La gente a nuestro alrededor se moría de hambre. Ha habido mucho sufrimiento” en nuestro país, contó Kim. "Durante siete u ocho años no se habló mucho de hambre, pero luego empezamos a escuchar con frecuencia casos", señaló.
En el relato a la BBC, el hombre explicó que “te despertabas una mañana y oías que alguien en tu distrito había muerto de hambre. Y a la mañana siguiente recibíamos otro informe de otro caso”.
La crisis, según detalló, se agravó con la pandemia porque el gobierno cerró todas las fronteras. Inclusive con China, su principal proveedor.
“En los primeros días del Covid, la gente estaba extremadamente asustada", afirmó. El Estado difundió imágenes de personas muriendo en todo el mundo y advirtió que si no se cumplían las normas, todo el país podría quedar aniquilado.
Los que violaban las reglas establecidas eran enviados a campos de trabajo forzado.
Si se detectaba un caso sospechoso, los guardias ponían en cuarentena a todo el pueblo. La gente quedaba encerrada y con los pocos alimentos que tenían.
"Después de matar de hambre a la gente durante un tiempo, el gobierno traía camiones cargados de alimentos. Afirmaban vender los alimentos a bajo precio, por lo que la gente los terminaba elogiando”, explicó.
Kim dijo que hubo varios casos cercanos de gente que se murió literalmente de hambre en la pandemia porque no podían acceder a los alimentos.
En 2021, destacó Kim, se formaron grupos militarizados de represión para desterrar lo que el Estado consideraba "comportamiento antisocial". Detenían arbitrariamente a la gente en la calle y la intimidaban.
El delito, apuntó era consumir y compartir información externa, particularmente sobre la cultura surcoreana. La represión contra esto, dijo Kim, se volvió "mucho más intensa”. “Si te atrapan, te disparan o te envían a un campo de trabajo forzado".
Contó el caso de un joven de 22 años que en abril del año pasado fue ejecutado en la vía pública. "Lo mataron por escuchar 70 canciones surcoreanas y ver unas tres películas y compartirlas con sus amigos”, dijo.
"Son despiadados. Todo el mundo está asustado”, remarca.
Hace un par de años el régimen de Kim Jong-Un lanzó en Corea del Norte una nueva ley, muy rígida, que busca erradicar cualquier tipo de influencia extranjera.
Se castiga en forma muy severa a cualquier persona que sea sorprendido con películas, ropa o incluso usando jerga extranjera. Esa actitud se describe como “pensamiento reaccionario”.
La norma estipula que un ciudadano que sea sorprendido con gran cantidad de productos culturales de Corea del Sur, Estados Unidos o Japón será sancionado con graves sentencias, entre ellas la pena de muerte.
Este año, el líder norcoreano, Kim Jong-Un, escribió una carta en los medios estatales pidiéndole a la Liga Juvenil del país que tome medidas enérgicas contra los que describió como "comportamiento desagradable, individualista y antisocialista" entre los jóvenes.
El dictador dinástico sostuvo que hay que terminar con las deformaciones extranjerizantes del idioma, los peinados y la ropa extranjera, a lo que calificó como "venenos peligrosos".
Kim, el hombre que pudo escapar con su familia, admitió ante el corresponsal de la BBC que todo esto lo llevó a huir de su país, pese a los riesgos que enfrentaba.
Ahora está bajo custodia de los equipos de Cora del Sur que se dedican a reinsertar a las familias que huyen del Norte.