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Elaboran marihuana medicinal y recreativa. Buscan que la comercialización de la droga se desvincule de los carteles.
Vestidas con hábitos de monjas y con prácticas espirituales de convivencia, la comunidad de “Las Hermanas del Valle” impulsan la comercialización legal del cannabis en México y sur de Estados Unidos, un territorio dominado por los sangrientos carteles del narcotráfico.
Este particular grupo de mujeres, que pese al atuendo no tienen filiación religiosa, da toda una batalla por desestigmatizar el consumo recreativo de la marihuana y promueven su uso medicinal.
Las activistas operan con mucha cautela y con cierto secretismo, ya que están en un terreno muy delicado y bajo la constante amenaza del crimen organizado y la Justicia.
Las Hermanas del Valle nacieron en 2014 y actualmente manejan dos grupos, uno en el norte de México y otro en el sur de Estados Unidos.
Se inspiraron en un movimiento religioso de mujeres solteras conocido como “Las Beguinas”, dedicadas a la espiritualidad, el aprendizaje y la caridad.
La fundadora en México es la “Hermana Camilla”, quien mantiene en reserva su nombre verdadero. En entrevistas con medios internacionales contó que creció en un hogar evangelista y que se apartó de él a los 16 debido al estricto código religioso de su madre.
Hay mujeres de distintas edades que no tienen problema en dar la cara en videos y entrevistas, aunque prefieren mantener un perfil bajo ocultando todo lo posible la ubicación de sus grandes plantaciones.
Explican que en México el uso del cannabis se encuentra en una zona legal ambigua y gran parte de la producción está vinculada a organizaciones criminales.
"La Hermandad se encuentra en un contexto totalmente diferente aquí en México, por lo religioso que es el país y por los vínculos de la planta con los cárteles", señaló la hermana Bernardet, otra de las integrantes del grupo.
Bernardet es médica homeópata y suele recetar marihuana a sus pacientes con cáncer, dolores articulares fuertes e insomnio. "Queremos recuperar la planta de los narcos", afirma.
El hecho de utilizar la vestimenta de monjas, sostienen, tiene como objetivo llamar la atención y transmitir su mensaje a favor del cannabis de manera más impactante.
Los hábitos, remarcan, es una herramienta más en su lucha por la legalización.
Las activistas cultivan con mucho esmero y conocimiento la planta de cannabis, luego procesan su flor en laboratorios domésticos y la convierten en distintos productos medicinales.
Pero también lo fuman habitualmente, declamando la necesidad de legalizarla para sacarla del ámbito de los violentos carteles del narcotráfico.
Pero en un país donde los capos narcos dominan desde las sombras, no les resulta fácil. De hecho vienen sufriendo constantes amenazas extorsivas y presiones de los carteles para que abandonen el negocio.
Las hermanas suelen promocionar sus productos en las redes sociales, así como los talleres de cultivo y elaboración. Allí se las puede ver cuidando las plantas de cannabis, impartiendo talleres o asistiendo a eventos vinculados con esa tarea.
En Instagram, además, cuentan también su filosofía de vida. “Somos un grupo de mujeres que cultivan y venden productos a base de plantas y hongos. Nos referimos a nosotras mismas como ‘Hermanas’ y nuestros productos a menudo se comercializan como remedios holísticos”, afirman.
También cuentan el trasfondo de su emprendimiento. “Nuestra hermandad ha llamado la atención por el enfoque espiritual e intencional hacia nuestra producción, que vemos como una forma de curación y conexión con la naturaleza. Todos los productos son hechos bajo el ciclo lunar; unimos la ciencia con el conocimiento de nuestros ancestros para elaborar nuestros productos”, afirman.
Más allá de la propuesta filosófica del uso de esta droga, las “hermanas” también tienen un significativo negocio, que no es menor.
En Estados Unidos aprovecharon la legislación que permite el uso recreativo de la marihuana en una veintena de Estados para crear una empresa online de venta de cannabis. Y tiene cierto éxito.
Con la elaboración de productos como tinturas, aceites y ungüentos de CBD, lograron recaudar el último año algo de 500.000 dólares, según admitieron.
En cambio en México la situación es mucho más difícil. Primero porque es un sector manejado por los carteles, y segundo porque es una sociedad más conservadora y católica donde la imagen de una monja fumando marihuana no es muy aceptada. Allí sólo ganaron 10.000 dólares al año.