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La mendocina que se mudó por un amor de cibercafé y hoy tiene el búnker argentino en Kansas

Viajó a Estados Unidos con el vestido de novia en la valija tras enamorarse por internet. Dos décadas después, su casa se convirtió en el punto de encuentro clave de miles de hinchas que siguen a la Selección.

Cuando la Selección argentina eligió a Kansas City como base para el Mundial 2026, miles de hinchas comenzaron a buscar alojamiento, información y puntos de encuentro en una ciudad poco conocida para gran parte de los argentinos.

En medio de esa búsqueda apareció un nombre que se volvió familiar para muchos: Adriana Smith, una mendocina que vive en Estados Unidos desde hace más de dos décadas y que transformó su casa en un lugar de reunión para compatriotas.

Su historia comenzó mucho antes del Mundial. Empezó en 2004, cuando internet todavía dependía de cibercafés, llamadas internacionales costosas y largas esperas frente a una pantalla. Lo que parecía una conversación casual terminó convirtiéndose en una historia de amor que cambió su vida para siempre.

Hoy, instalada en Kansas City junto a su esposo estadounidense y sus dos hijos, Adriana es una de las argentinas más activas de la comunidad y una referencia para quienes llegan a la ciudad siguiendo a la Scaloneta.

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A más de 20 años de su mudanza, Adriana mantiene intacto su vínculo con la Argentina y convirtió su casa en un punto de encuentro para compatriotas.

Un romance que nació por internet y terminó en matrimonio

La historia comenzó cuando Andrew Smith, un estadounidense aficionado al esquí, publicó un mensaje en una plataforma de citas buscando información para viajar a Mendoza.

A través de ese sitio conoció a Adriana. Las conversaciones se volvieron frecuentes y, poco a poco, surgió una conexión que atravesó miles de kilómetros de distancia.

La mendocina recuerda que la comunicación no era sencilla. En aquella época no tenía internet en su casa y debía acudir a un cibercafé para conectarse. Las diferencias horarias también obligaban a coordinar cuidadosamente cada llamada y cada encuentro virtual.

Después de varios intentos, Andrew finalmente viajó a Mendoza. El vínculo que había comenzado detrás de una pantalla se fortaleció rápidamente durante los días que compartieron recorriendo la provincia.

Sin embargo, cuando el estadounidense regresó a su país, apareció un obstáculo inesperado. Adriana intentó obtener una visa de turista para visitarlo en Los Ángeles, pero el trámite fue rechazado.

Lejos de abandonar la relación, la pareja buscó alternativas. Fue entonces cuando apareció la posibilidad de tramitar una visa de prometida, un permiso que permite ingresar a Estados Unidos con el compromiso de casarse en un plazo determinado.

Antes de dar ese paso definitivo, decidieron encontrarse nuevamente en Brasil. Recorrieron distintos destinos turísticos y durante ese viaje Andrew le entregó el anillo de compromiso.

Poco tiempo después, Adriana llegó a California con dos valijas. Una contenía ropa y objetos personales. La otra guardaba el vestido que usaría en su boda.

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La adaptación a una nueva vida lejos de Mendoza

La pareja se instaló inicialmente en Los Ángeles, donde nacieron sus hijos Brian y Juliana. Más adelante se mudaron a San Diego, una ciudad costera que les permitió disfrutar de un estilo de vida diferente.

Con el paso del tiempo apareció una nueva decisión familiar: buscar una vivienda propia. Los altos precios del mercado inmobiliario californiano llevaron a la familia a analizar otras opciones dentro del país. Finalmente eligieron Kansas City, donde podían acceder a una casa a un valor mucho más accesible.

La mudanza representó un desafío importante para Adriana. El clima era muy distinto al que conocía en California. También debía reconstruir su círculo social desde cero y adaptarse a una ciudad completamente nueva.

La experiencia migratoria dejó marcas que todavía permanecen.

"Pasaron veinte años, pero el desarraigo sigue presente", reconoce la mendocina, que mantiene una relación muy cercana con su madre y su hermana, quienes continúan viviendo en Argentina.

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La anfitriona de los argentinos que llegan al Mundial

Con el tiempo, Adriana encontró una manera de sentirse más cerca de sus raíces. Comenzó participando en grupos de argentinos residentes en la región y luego asumió un rol cada vez más activo dentro de la comunidad.

Actualmente administra un grupo que reúne a argentinos radicados en Kansas, Nebraska y Missouri. Gracias a ese espacio conoció a decenas de personas y construyó una red que continúa creciendo.

Su casa se transformó en un punto de encuentro habitual. Allí se organizan reuniones para compartir asados, mate, comidas típicas y celebraciones argentinas. También suele recibir a recién llegados que buscan orientación para instalarse en la zona.

La llegada del Mundial amplificó ese papel. Durante las semanas previas al debut argentino, Adriana colaboró con hinchas que viajaron desde distintos puntos del país y del exterior. Brindó recomendaciones sobre hoteles, transporte, seguridad y actividades relacionadas con la Selección.

También participó en la organización de encuentros y banderazos que reunieron a cientos de fanáticos albicelestes.

Para ella, el Mundial representa mucho más que un evento deportivo. Es la oportunidad de conectar dos mundos que marcaron su vida: la Argentina que dejó atrás y el lugar que eligió para construir su futuro.

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