Científicos identificaron en los pozos de alquitrán de La Brea al Spea labreae, un sapo de la Edad de Hielo. Aportará datos clave sobre el clima antiguo.
Un equipo de científicos identificó la primera nueva especie de anfibio extinto correspondiente a la Edad de Hielo hallada en los pozos de alquitrán de La Brea, un reconocido yacimiento fosilífero ubicado en Los Ángeles, Estados Unidos.
El ejemplar, bautizado científicamente como Spea labreae, convivió en el Pleistoceno junto a grandes mamíferos emblemáticos de la época como los mamuts y los tigres dientes de sable.
El descubrimiento fue realizado por el Dr. Alberto Cruz durante la revisión de colecciones poco estudiadas de anfibios y reptiles conservadas en el lugar, mientras se desempeñaba como becario postdoctoral.
El hallazgo cobró relevancia internacional debido a que en todo Norteamérica solo se había documentado previamente otro anfibio extinto perteneciente a ese periodo geológico, correspondiente a una rana arborícola encontrada en el estado de Florida.
La identificación inicial surgió a partir de la observación detallada de un hueso incompleto de sapo. A pesar de corresponder a la familia de los sapos de espuelas, la pieza presentaba rasgos anatómicos particulares que no coincidían con ninguna especie conocida hasta el momento.
Las comprobaciones posteriores con ejemplares modernos confirmaron la existencia de un grupo inédito en el registro fósil.
El material analizado por los especialistas había sido extraído originalmente del yacimiento durante la década de 1950 y permaneció sin una evaluación exhaustiva por casi tres décadas.
El trabajo de investigación fue publicado de manera oficial en la revista especializada Journal of Vertebrate Paleontology, en colaboración con la Dra. Emily Lindsey, y reflejada por las webs del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles y el Museo de los Pozos de Alquitrán de La Brea.
El valor del hallazgo, según los especialistas: “Es fascinante”
“Revisé y revisé muchos especímenes hasta que me convencí. Pensé: ‘¡Dios mío, esta es una nueva especie!’. Este material data originalmente de la década de 1950, pero al estudiarlo de nuevo, se puede encontrar oro en estos especímenes. Es fascinante”, afirma Cruz, quien continúa siendo Investigador Asociado de Pozos de Alquitrán mientras trabaja a tiempo completo como Investigador para el SECIHTI-Centro de Investigación Paleontológica Quinametzin (CIPAQ) de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Por su parte, la Dra. Emily Lindsey, curadora y directora del sitio de excavación en el Centro Samuel Oschin para la Investigación Global de la Edad de Hielo en los pozos de alquitrán de La Brea, también valoró el hallazgo.
“Es un excelente ejemplo de cómo seguimos descubriendo cosas nuevas en los pozos de alquitrán de La Brea, incluso después de un siglo de excavaciones e investigaciones continuas. Sin duda, aún hay mucho por descubrir”, afirmó.
Un descubrimiento poco frecuente: cuál es su importancia
Debido a que la fragilidad de sus estructuras óseas dificulta la preservación fuera de yacimientos de asfalto, el hallazgo de un anfibio de estas características en pozos de alquitrán representa un hecho poco frecuente en la paleontología.
Según las fuentes, los anfibios presentan una movilidad reducida a lo largo de su ciclo de vida y una alta sensibilidad ante las variaciones en su entorno inmediato. Estas características biológicas convierten a estos organismos en indicadores climáticos eficaces para detectar modificaciones ambientales a reducida escala geográfica.
“Si se modifica el entorno, si se modifica la vegetación, si el clima es más cálido o más frío, esto afecta directamente a estos animales”, afirmó Cruz. En este contexto, los investigadores creen que existieron otros especímenes cuyos restos no lograron conservarse en el registro geológico.
Para la determinación taxonómica de la nueva especie, el investigador examinó comparativamente la colección de La Brea con 80 ejemplares procedentes de las Colecciones de Herpetología del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles y del Museo de Zoología de Vertebrados de la Universidad de California, Berkeley.
En el mismo estudio, los autores documentaron el primer registro fósil del sapo excavador mexicano, perteneciente al género Rhinophrynus, en la región del suroeste de los Estados Unidos.
En la actualidad, las poblaciones más cercanas de este sapo no habitan en el área de Los Ángeles, sino que se localizan a casi 2.500 kilómetros de distancia, en el sur del territorio mexicano.
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