La joven dio una entrevista horas antes de su muerte, y dio detalles acerca de la decisión que tomó tras varios años de lucha.
La historia de Catalina Giraldo, una psicóloga colombiana de 30 años, volvió a poner en el centro del debate los límites del derecho a morir dignamente cuando el sufrimiento tiene origen en un trastorno de salud mental. Horas antes de someterse a una eutanasia, brindó sus últimas declaraciones.
Su caso tuvo repercusión dentro y fuera de Colombia porque abrió una discusión sobre el acceso al suicidio médicamente asistido para personas con enfermedades psiquiátricas graves.
Finalmente, al no poder acceder a esa alternativa por falta de reglamentación, Catalina optó por solicitar la eutanasia, una práctica que sí cuenta con un marco regulatorio en el sistema de salud colombiano.
La joven concedió una entrevista - horas antes de morir - en la que habló con serenidad sobre la decisión que tomó después de años de tratamientos, internaciones y una extensa batalla para acceder al procedimiento.
Horas antes de morir, la joven concedió una entrevista a Noticias Caracol. “Me siento muy tranquila. Hace muchos años no sentía esta tranquilidad. Quita un peso inmenso saber que tu sufrimiento no va a prolongarse indefinidamente en el tiempo, sino que más bien puedes pararlo, puedes detenerlo, puedes decir que es suficiente”.
Asimismo, aseguró que “Llegar a esa decisión no fue fácil.“Me negaba a solicitar nuevamente la eutanasia porque sentía que estaba traicionando esta lucha, que no estaba siendo fiel a mis principios. No siento que me esté rindiendo; siento que estoy entregando un poco ahora la responsabilidad a otros”, afirmó.
“El punto de quiebre fue la última hospitalización que tuve porque el riesgo de suicidio era muy alto”, recordó.
Y en este contexto, explicó: “Me vi en una cama de hospital por un número de veces que ya olvidé. No podía caminar; estaba muy restringida porque estaba en un área de supervisión. Entonces me dije a mí misma que no podía volver a estar en ese lugar”, contó. Fue allí cuando solicitó un segundo comité para acceder a la eutanasia.
Los problemas de salud mental de Catalina Giraldo comenzaron cuando tenía 20 años. Con el paso del tiempo recibió diagnósticos de trastorno depresivo mayor, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad.
Durante casi diez años atravesó un largo recorrido terapéutico. Pasó por más de cuarenta tratamientos farmacológicos, sesiones de terapia electroconvulsiva, tratamientos con ketamina y múltiples internaciones psiquiátricas luego de distintos intentos de suicidio.
En la entrevista difundida antes de su muerte recordó que una de esas hospitalizaciones marcó un punto de inflexión. Explicó que permanecer bajo estricta vigilancia y atravesar reiteradas crisis la llevó a convencerse de que no quería volver a vivir una situación semejante.
También describió el alivio que sintió cuando finalmente obtuvo autorización para acceder al procedimiento. En sus últimas declaraciones aseguró que experimentaba una tranquilidad que no recordaba desde hacía muchos años y expresó que la posibilidad de poner fin a un sufrimiento permanente le devolvía una sensación de paz.
Inicialmente, Catalina Giraldo buscó acceder a la asistencia médica al suicidio, una práctica despenalizada en Colombia desde 2022. La diferencia entre ambos procedimientos resulta central.
En el suicidio asistido, el paciente administra la medicación proporcionada bajo supervisión médica. Y en la eutanasia, en cambio, el procedimiento es realizado directamente por un profesional de la salud.
Aunque la asistencia médica al suicidio dejó de estar penada, la ausencia de una reglamentación específica impidió que Catalina pudiera acceder a esa alternativa. Frente a ese escenario decidió solicitar la eutanasia, un mecanismo que sí dispone de protocolos dentro del sistema sanitario colombiano.
El trámite tampoco resultó sencillo. Su pedido recibió varias negativas debido a que la legislación no establece de manera explícita el alcance del procedimiento para personas con trastornos psiquiátricos. Esa situación derivó en una extensa discusión legal que convirtió su caso en uno de los más observados del país.
Durante ese proceso, organizaciones especializadas acompañaron su reclamo y sostuvieron que el debate excedía la situación personal de Catalina, ya que podía influir sobre futuras solicitudes relacionadas con la salud mental.
Horas antes de la eutanasia, Catalina Giraldo dejó un mensaje dirigido a la Corte Constitucional de Colombia. Allí sostuvo que su muerte no representaba el final de la discusión y pidió que otras personas con sufrimientos similares puedan acceder a respuestas oportunas.
También expresó que muchas personas atraviesan padecimientos extremos vinculados con la salud mental y consideró necesario que el Estado continúe avanzando en la regulación de estos procedimientos.