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Por qué Francisco fue el Papa más reformista del siglo XXI

Jorge Bergoglio impulsó cambios en la estructura del Vaticano, abrió debates, reorientó prioridades y llevó a la Iglesia a intervenir en temas controversiales.

Desde su elección en marzo de 2013, el papa Francisco construyó un pontificado que modificó prioridades, tonos y formas de conducción dentro de la Iglesia católica. Sin alterar los núcleos centrales de la doctrina, Jorge Mario Bergoglio introdujo reformas, habilitó debates y promovió gestos que lo ubicaron como el Papa más reformista del siglo XXI. Su papado quedó atravesado por una idea rectora: una Iglesia menos concentrada en sí misma y más volcada hacia las periferias sociales, geográficas y existenciales.

Ese perfil no se expresó solo en discursos. A lo largo de 12 años de pontificado, Francisco avanzó en una reforma de la estructura vaticana, impulsó nuevas normas frente a los abusos, elevó el cambio climático a la agenda moral de la Iglesia, amplió la participación de mujeres en espacios de decisión y desplegó una diplomacia inédita en el vínculo con otras religiones y con regiones golpeadas por la guerra y la exclusión.

Una de las primeras señales de cambio apareció apenas iniciado su pontificado. Francisco renunció a instalarse en el Palacio Apostólico y eligió vivir en la residencia de Santa Marta. La decisión tuvo una dimensión práctica, pero también política: marcó una distancia con una imagen más ceremonial del papado y reforzó la idea de cercanía que buscó imprimir desde el comienzo.

Papa Francisco - Trayectoria en el Vaticano (3)

Ese estilo se extendió a otros gestos. Se mostró con un trato directo, priorizó las audiencias abiertas, utilizó un lenguaje más llano y consolidó una presencia pública capaz de trascender el ámbito eclesial. En paralelo, fue el primer Papa en desarrollar una estrategia de comunicación plenamente adaptada al ecosistema digital, con fuerte circulación de mensajes, imágenes y definiciones en redes sociales.

La reforma de la Curia y del gobierno del Vaticano

El cambio estructural más importante de su pontificado quedó plasmado en 2022 con la constitución apostólica Praedicate Evangelium. La norma reorganizó la Curia romana, redefinió funciones de los dicasterios y estableció un rediseño del aparato central del Vaticano con eje en la misión evangelizadora.

Entre las novedades más relevantes estuvo la habilitación para que laicos pudieran conducir dicasterios, algo que alteró una práctica históricamente ligada al clero. Esa reforma buscó reducir el peso de una lógica burocrática dentro del gobierno eclesiástico y promovió una estructura más flexible en el funcionamiento de la Santa Sede.

Milagro los telares papa francisco foto TN (1)

Dentro de esa reconfiguración institucional, Francisco dio pasos concretos para ampliar la presencia femenina en espacios de conducción y consulta. Durante su pontificado nombró mujeres en cargos que, hasta entonces, habían permanecido reservados casi exclusivamente a varones dentro de la estructura vaticana.

Esos nombramientos no modificaron la doctrina sobre el sacerdocio femenino, una de las demandas que siguió sin cambios, pero sí representaron una ruptura en la distribución interna del poder. La designación de mujeres en áreas clave fue una de las señales más visibles de su intención de revisar prácticas arraigadas dentro del Vaticano.

La Iglesia frente a los abusos

Otro de los capítulos centrales del pontificado fue la respuesta institucional frente a los abusos sexuales dentro de la Iglesia. Entre 2014 y 2023, Francisco promovió una serie de reformas orientadas a endurecer procedimientos, fijar responsabilidades y reducir márgenes de encubrimiento.

En ese proceso creó instancias específicas para el tratamiento de denuncias, reforzó las causales de remoción de obispos por negligencia, eliminó el secreto pontificio en estos casos y actualizó el motu proprio Vos estis lux mundi. La política tuvo uno de sus casos emblemáticos con la reducción al estado laical del excardenal Theodore McCarrick. Con esas medidas, el pontificado intentó dar una respuesta más estructurada a una de las crisis más graves de la Iglesia contemporánea.

El ambiente como cuestión moral

Con la encíclica Laudato si’, publicada en 2015, Francisco colocó el cuidado del ambiente en el centro del magisterio papal. Fue una de las decisiones más innovadoras de su pontificado, porque llevó a la Iglesia a intervenir de manera directa en un debate global que hasta entonces no había ocupado un lugar tan central en Roma.

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En ese texto vinculó el deterioro ambiental con la pobreza, el consumo, la exclusión y el funcionamiento de la economía mundial. La cuestión ecológica dejó de aparecer solo como un tema técnico o político y pasó a ser presentada como una responsabilidad ética y humana. Esa ampliación del campo de intervención de la Iglesia fue una de las marcas más nítidas de su papado.

Una pastoral más abierta y menos condenatoria

Francisco también empujó un cambio en el tono pastoral de la Iglesia. Sin modificar la doctrina sacramental, promovió un enfoque más orientado al acompañamiento que a la sanción, especialmente en cuestiones vinculadas a familias, situaciones irregulares y personas históricamente relegadas en la vida eclesial.

En esa línea se inscribieron documentos como Amoris laetitia y decisiones posteriores que habilitaron bendiciones pastorales a parejas en uniones irregulares, incluidas las del mismo sexo, sin equipararlas al matrimonio religioso. Estas medidas provocaron resistencias dentro de sectores conservadores, pero reflejaron el intento de desplazar el eje desde la condena hacia la acogida pastoral.

El sínodo y la apertura del debate interno

Si hubo una apuesta de fondo en la arquitectura del pontificado fue el impulso a la sinodalidad. Francisco promovió un proceso global de consulta y deliberación que convocó a obispos, sacerdotes, religiosos y laicos para debatir sobre la vida de la Iglesia y su funcionamiento.

Papa Francisco - Trayectoria en el Vaticano (12)

El Sínodo sobre la Sinodalidad introdujo una dinámica menos vertical en una institución construida históricamente sobre estructuras jerárquicas muy marcadas. Más allá de sus resultados concretos, el proceso abrió una modalidad distinta de conversación eclesial, basada en la escucha, la consulta amplia y el debate entre sectores con posiciones diferentes.

Migrantes, periferias, gestos y viajes históricos

Su primer viaje fuera de Roma fue a Lampedusa, en julio de 2013, en plena crisis migratoria del Mediterráneo. No fue un destino casual: con esa visita dejó en claro que el drama de los refugiados y desplazados ocuparía un lugar prioritario en su pontificado. Allí denunció la “globalización de la indiferencia”, una fórmula que luego se convirtió en una de las más citadas de su papado.

La misma lógica se vio en otras decisiones. Durante el Jubileo de la Misericordia abrió la Puerta Santa en Bangui, en República Centroafricana, en vez de limitar el gesto a Roma. Y en el Jubileo 2025 resolvió abrir una Puerta Santa adicional en la cárcel de Rebibbia. Fueron decisiones cargadas de simbolismo, pero también de sentido pastoral: correr el centro hacia los márgenes.

El Papa reza en Lampedusa por los inmigrantes.

El papa Francisco en Lampedusa.

En política internacional, Francisco impulsó movimientos que no registraban antecedentes recientes. En 2016 se reunió en Cuba con el patriarca Kiril de la Iglesia Ortodoxa Rusa, en el primer encuentro entre líderes de ambas iglesias desde el cisma de 1054. En 2019 firmó en Abu Dabi el Documento sobre la Fraternidad Humana junto al Gran Imán de Al-Azhar.

A esa secuencia se sumó en 2021 el viaje a Irak, la primera visita de un Papa a ese país. Allí mantuvo una reunión con el ayatolá Ali al-Sistani y visitó zonas atravesadas por la violencia del Estado Islámico. Esos movimientos consolidaron una diplomacia de fuerte contenido simbólico, basada en el diálogo con otras religiones y en la presencia en escenarios de conflicto.

El papado de Francisco no satisfizo todas las demandas de cambio que se expresaron dentro de la Iglesia. No avanzó en la ordenación de mujeres, no modificó la doctrina sobre el matrimonio y en distintos momentos mostró retrocesos o ambigüedades en debates sensibles. Sin embargo, incluso con esos límites, su pontificado alteró el clima interno del catolicismo y reubicó a la Iglesia en conversaciones que antes le resultaban más ajenas o incómodas.

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