El joven se convirtió en un símbolo del debate de la muerte digna. Finalmente, murió tras una larga lucha contra una enfermedad que cambió su vida en pocos meses.
Pablo Cánepa era una de las voces más visibles en el debate sobre la eutanasia en , en las últimas horas se conoció que decidió morir este lunes 1 de junio. Se convirtió en la segunda persona en acceder al procedimiento legal autorizado en ese país.
La noticia fue confirmada por su familia a través de las redes sociales del propio Cánepa, quien durante los últimos años convivió con una enfermedad neurológica poco frecuente que deterioró progresivamente su capacidad de movimiento.
El caso del diseñador gráfico uruguayo de 39 años cobró notoriedad pública no solo por la gravedad de su condición médica, sino también por su participación en las discusiones sobre el derecho a decidir cómo afrontar el final de la vida en situaciones de sufrimiento irreversible.
Pablo Cánepa padecía ataxia cerebelosa idiopática, una enfermedad neurológica rara que afecta el funcionamiento del cerebelo y provoca una pérdida progresiva de la coordinación y del control muscular.
Todo comenzó con mareos y problemas de equilibrio que, en un principio, no permitían establecer un diagnóstico claro. Con el paso de los meses, la situación se agravó rápidamente.
Cánepa pasó de llevar una vida independiente a depender completamente de otras personas para realizar actividades cotidianas. Su hermana Lucila explicó en distintas entrevistas que la enfermedad avanzó de manera constante.
Primero perdió la capacidad de caminar. Luego comenzaron las dificultades para realizar tareas básicas de forma autónoma. Más tarde dejó de dibujar, una actividad que ocupaba un lugar central en su vida profesional como diseñador gráfico.
Con el tiempo también necesitó asistencia para alimentarse, higienizarse, desplazarse e incluso comunicarse. A pesar del deterioro físico, mantuvo intactas sus capacidades cognitivas y permaneció lúcido durante todo el proceso.
La situación de Cánepa trascendió el ámbito privado y se convirtió en un símbolo para quienes impulsaban la regulación de la eutanasia. Su historia fue utilizada para visibilizar las dificultades que enfrentan las personas que padecen enfermedades irreversibles y que desean decidir sobre el final de sus vidas.
Familiares y allegados insistieron en numerosas oportunidades en que el caso no debía interpretarse como una excepción. Según expresaron públicamente, la experiencia de Pablo abría interrogantes sobre la autonomía personal, la dignidad y la libertad de elección frente a enfermedades que generan sufrimiento prolongado.
Durante los últimos años, su nombre apareció con frecuencia en el debate público uruguayo sobre los alcances de la legislación relacionada con el final de la vida. Su testimonio y el de sus familiares contribuyeron a visibilizar una realidad poco conocida para gran parte de la sociedad.
La muerte de Pablo Cánepa fue comunicada por su hermano Eduardo mediante una publicación realizada en la cuenta de Instagram del diseñador.
En el mensaje destacó que estuvo acompañado por familiares y amigos hasta sus últimos momentos y recordó el sentido del humor que mantuvo incluso durante la etapa más difícil de la enfermedad.
Cánepa se convirtió en la segunda persona en acceder legalmente a la eutanasia en Uruguay. El primer caso conocido públicamente correspondió a una mujer que padecía cáncer de páncreas con metástasis avanzada en distintos órganos.
La difusión de ambas historias reactivó el debate sobre los alcances de este tipo de procedimientos y sobre las decisiones que enfrentan las personas con enfermedades graves e irreversibles.