Las lluvias torrenciales dejaron decenas de muertos y desaparecidos, pero la historia de María revela el costado más crudo del desastre. Su dramático relato.
Brasil atraviesa una de las peores tragedias climáticas de los últimos años. Las lluvias torrenciales que castigaron el estado de Minas Gerais provocaron deslizamientos de tierra, inundaciones y derrumbes que dejaron al menos 48 muertos y decenas de desaparecidos. En el centro de ese drama aparece la historia de María Aparecida Batista, una mujer que perdió 17 familiares.
Su testimonio resume la dimensión humana del desastre. No se trata solo de cifras ni de estadísticas oficiales. Se trata de hogares destruidos, barrios enteros sepultados y familias quebradas por una tormenta que en pocas horas cambió todo.
María Aparecida vive días que parecen irreales. Entre velorios y entierros, intenta procesar una pérdida que resulta imposible de asimilar. De los 17 familiares afectados, algunos ya recibieron sepultura y otros continúan desaparecidos bajo toneladas de tierra.
La realidad que vive es dura, la lluvia y el barro sepultaron a su familia. “Perdí 17 personas de mi familia. Dos ya fueron enterradas, una será enterrada ahora, y aún tenemos 14 soterradas”, contó con la voz quebrada al sitio g1.
Sus familiares vivían en los barrios JK y Parque Jardim Burnier, en Juiz de Fora, dos de las zonas más castigadas por el alud de barro. “Están encontrando mucha dificultad para localizar los cuerpos porque la tierra está muy mojada y con mucho barro. Está difícil encontrarlos”, agregó.
“La cabeza queda triste, pero tengo que ser fuerte para dar apoyo a mi familia. Una pariente mía llegó a desmayarse. Necesitamos mantenernos firmes. Solo Dios da fuerza para resistir a todo esto”, agregó en medio del dolor.
La tragedia golpeó con fuerza en los barrios JK y Parque Jardim Burnier, en la ciudad de Juiz de Fora. Allí vivían varios miembros de su familia. Las lluvias saturaron el suelo, los cerros cedieron y el barro avanzó sin freno sobre viviendas humildes. En cuestión de minutos, casas completas quedaron enterradas.
Las tareas de rescate se transformaron en una lucha desesperada contra el tiempo. Los equipos de emergencia trabajan entre escombros inestables y terreno anegado. La humedad complica el uso de maquinaria pesada y obliga a avanzar con extremo cuidado. Cada movimiento puede generar un nuevo derrumbe.
María Aparecida describe el proceso con crudeza. Explica que la tierra sigue muy mojada y el barro dificulta la localización de cuerpos. La incertidumbre pesa tanto como el duelo. No saber dónde están los seres queridos prolonga el sufrimiento y mantiene abierta la herida.
Juiz de Fora presenta escenas que parecen de guerra. Calles cubiertas de lodo, autos apilados, paredes partidas y techos hundidos forman parte del paisaje. En Parque Burnier, varias manzanas quedaron prácticamente destruidas.
Los rescatistas recorren la zona con perros entrenados y equipos de detección. Cada hallazgo implica un nuevo golpe emocional para la comunidad. Vecinos se acercan para observar en silencio. Muchos todavía esperan noticias de familiares.
Las autoridades locales informaron que miles de personas debieron abandonar sus casas. Centros de evacuados funcionan en escuelas y polideportivos. Allí se reparten alimentos, agua potable y colchones. Sin embargo, la asistencia no alcanza para aliviar el dolor.
El temporal no solo dejó víctimas fatales. También generó una crisis habitacional urgente. Muchas viviendas quedaron inhabitables y otras desaparecieron por completo. La reconstrucción demandará meses y recursos millonarios.
El gobierno federal de Brasil declaró el estado de calamidad en la región. La defensa civil nacional se encuentra en alerta máxima y coordina el envío de ayuda. Equipos técnicos evalúan riesgos de nuevos deslizamientos ante la posibilidad de más lluvias.
En medio de la devastación, María Aparecida intenta sostener a los sobrevivientes de su familia. Reconoce que la tristeza la invade, pero siente la obligación de mantenerse firme. Cuenta que una pariente se desmayó al conocer la magnitud de las pérdidas.