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Murió Barullo, el histórico fotógrafo de LM Neuquén

Rodolfo Garavaglia dejó su sello eterno.

Mario cippitelli

cippitellim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN

Desfachatado, gritón y simpático, estuviese frente a un poderoso o a un pobre tipo. Roberto Garavaglia (“Barullo”, “Baruyo” o “Baru” para los amigos) se despidió ayer a los 67 años del mundo de los vivos, jaqueado por una enfermedad cardíaca que lo tuvo a maltraer durante los últimos años.

Había llegado de la provincia de Buenos Aires a mediados de los 80 con todos los conocimientos que tiene un fotógrafo de raza, fogueado en los tiempos difíciles donde las cámaras disparaban foto a foto y luego, con delicadeza y alquimia, las imágenes aparecían en los negativos y posteriormente en el papel. No era nada sencillo. Había que salir con un rollo de no más de 10 fotogramas y traer la ilustración de la nota y otra posible para la tapa. Pero él lo hacía con una habilidad natural, como si se tratara de algo simple.

Logró fotos imposibles, algunas impactantes por la crudeza, pero que no hacían otra cosa que reflejar la realidad cotidiana.

Baru siempre fue un tipo humilde y conocido en el ambiente periodístico y político. En realidad, lo conocía todo el mundo, producto de haber pateado kilómetros en busca de la foto del día.

Saludaba a todos y siempre tenía una sonrisa plantada, difícil de borrar, o el chiste y la ocurrencia a flor de boca que hacía disparar carcajadas a cuanto tipo tuviera enfrente.

Quienes tuvimos la suerte de conocerlo nunca olvidaremos las grandes anécdotas que protagonizó durante tantos años compartiendo redacciones. Algunas son incontables, pero todas graciosas, increíbles.

Sus amigos y familiares lo despidieron ayer con un velorio que se realizó en la sala de la calle Godoy. Y pese a la tristeza y el dolor que generan estas pérdidas, igual hubo momentos mágicos para recordarlo con una sonrisa. Como a él le hubiera gustado.

Una de sus fotografías inspiró una novela

NEUQUÉN

La fotografía que Rodolfo Garavaglia le tomó en febrero de 2001 al canillita Ricardo Arias, cuando el hombre se prendió fuego a lo bonzo para evitar el desalojo de su casa en el barrio Confluencia, no sólo fue reproducida en los principales diarios del mundo, sino que 13 años después inspiró a la escritora Gabriela Cabezón Cámara a escribir la novela Romance de la negra rubia.

Cabezón Cámara explicó que le impactó “el dramatismo de ese pobre hombre en llamas, su cara entre las llamas, la manito en el piso intentando detener la caída inevitable y los policías apartándose”. La escritora, que reside en Buenos Aires, nunca conoció personalmente a Barullo, pero siempre se lo imaginó en ese lugar trágico disparando para tomar la secuencia como si se tratara de un acto casi reflejo “en medio del dolor y horror que debe haber sentido”. Alguna vez el fotógrafo confesó que sacar esa foto fue “como hacerle un gol a Barcelona”.

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