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El Museo Municipal y Centro de Interpretación “El Charrúa” ubicado en la localidad funciona en el casco de lo que fue una estancia. Debe su nombre a sus dueños, la familia Ayoso, que se radicó en la región en 1920 proveniente de Uruguay, y con el tiempo quedó inscripto en las crónicas del territorio ancestral de otro pueblo originario, el Mapuche.
La edificación de estilo francés con paredes anchas de “quincha” (barro y caña), típica de las regionales litoraleñas, resistió el paso del tiempo y el vandalismo.
En 2015, el Museo Charrúa fue rescatado del olvido y la destrucción y restaurado. Titi Ricciuto, director de la entidad, lleva adelante un proyecto cultural que pone en tensión la versión oficial de la historia como un simple conjunto de hechos del pasado y cuya subjetividad se pone en juicio en forma permanente.
“Nosotros ponemos en tensión este concepto de “Primeritud” que plantea la figura de los colonos como “Los Primero Pobladores” o “Pioneros”, que en nuestra provincia están muy enfatizados y presentes en calles, actos y monumentos. Los primeros colonos llegaron a esta región luego de las Campañas Militares y la conquista de estos territorios indígenas y se alude a que se fundaron ciudades y pueblos contando desde allí el origen", agregó.
Ricciuto plantea que no habría que hablar de “Primeros Pobladores o Pioneros” porque de esta manera se estaría afirmando que “antes” de ellos no había nada ni nadie en estos territorios. "Lo que hacemos es hablar de la presencia de los pueblos originarios y de por qué son pre-existentes a los estados argentino y chileno", indicó.
"Estos pueblos habitan este espacio hace más de mil años, según las investigaciones. La misma zona norte de Neuquén tiene fechados datos de la presencia humana en esos territorios de más de 10.000 años de antigüedad, más bien hablamos de procesos sociales que se vienen dando desde entonces para poder llegar a entender nuestro presente”, añadió.
Cada museo tiene su guion y esto se refiere a los criterios mediante los cuales se organizan los temas centrales y los subtemas en cuanto a la selección, catalogación y distribución de los objetos y las piezas que contiene.
"Desde lo conceptual, el Museo “El Charrúa” se fundamenta en el hecho de que es la misma comunidad que lo rodea es la que lo construye y por lo tanto se va actualizando y modificando. Entendiendo que los guiones de los museos están sujetos a cambios en relación a los devenires sociales, comunitarios y culturales", explicó Ricciuto.
El Valle en dónde hoy está ubicado el pueblo de Aluminé con sus ríos, sus lagos y sus montañas es un lugar habitado por lo menos hace más de mil años en base a la datación científica de sitios arqueológicos que dan cuenta de esto y muchos otros que aún no han sido explorados nos pueden revelar datos más interesantes incluso en relación a la antigüedad del poblamiento.
- ¿Qué pasa entonces con esa concepción de la localidad en el contexto de la Campaña del Desierto?
Aluminé es un lugar que mucho antes de la mal llamada “Conquista del desierto” mejor conocida como “Huinca Malón”, no era obviamente un desierto. Era una zona de muchos recursos que estaban siendo plenamente utilizados y que la conquista se produjo con el fin de apropiarse de dichos recursos para ponerlos en manos de un estado que luego los va a explotar con fines económicos y de expansión agro-exportadora.
Esta región ha sido siempre una zona de ricos recursos alimenticios, como por ejemplo el piñón, la semilla de la araucaria o pehuén lo que hizo que los pueblos pre-existentes a los estados tanto argentino como chileno se desplazaran por estos lugares, sobre todo en ciertas épocas del año favorables para la recolección y la cacería y con las nevadas migraran hacia valles más protegidos más hacia la zona del pacífico o bien hacia los valles de los ríos Limay y Neuquén”
- ¿Esas prácticas tienen continuidad en la actualidad?
Sí, Constituyen las formas ancestrales de la transhumancia, que actualmente se siguen haciendo, pero ya incorporando el ganado que fueron trayendo los europeos, tanto ovino como bovino y es el mismo clima el que determina el movimiento que van teniendo estos mismos pueblos.
El vínculo que existe entre el pueblo Mapuche y el Museo es muy interesante y está sustentado en la idea de nunca poner un saber por encima del otro. Entendemos que Aluminé es un pueblo que ha sufrido esta transformación en cuanto a territorio y que se ha ido configurando a través de diferentes hechos y actores sociales que hacen que la diversidad sea bastante amplia. Tenemos a los pueblos pre-existentes, a los colonos radicados en la región, criollos ya nacidos en los territorios, nuevos inmigrantes porque permanentemente Aluminé está recibiendo gente.
Nosotros no hablamos del pueblo Mapuche estando presente dicho pueblo, el pueblo Mapuche habla por sí mismo, tiene sus saberes ancestrales y cuentan quienes son por sí mismos. En todo caso brindamos el espacio del museo para que puedan estar allí expresando quienes son, pero siempre en primera persona.
- ¿En qué consistió la actividad que hace unos meses atrás realizaron con la Comunidad de Ruca Choroy?
Nosotros trabajamos mucho la investigación y en particular le hemos dedicado especial atención a la alfarería en estos territorios. Tenemos una colección muy interesante de piezas de alfarería y esto nos ha motivado también a indagar sobre como elaboraban los cántaros hace más de mil años, qué herramientas utilizaban, cuáles eran las técnicas de quemado. Lo que hicimos fue interactuar con la comunidad de Ruca Choroy buscando que registros de alfareros había en la zona y se armaron jornadas muy interesantes para poner en valor el rescate de antiguas prácticas de alfareros. Junto a la misma comunidad se recolectaron los materiales en modo tradicional en la misma naturaleza, sin ningún tipo de tecnología moderna y las piezas luego de “quemarlas” (cocerlas) fueron utilizadas para la ceremonia del Guillatún.
- ¿Con qué se encuentran los visitantes cuando llegan al Museo?
Al llegar al Museo podemos encontrarnos con el casco de una típica estancia patagónica y con una edificación de características muy particulares no sólo por su belleza, sino que, además con un entorno singular dado por un arbolado histórico entre el que se cuentan diversas especies como nogales, castaños, sauces llorones, tilos y muchas especies locales también. Árboles que tiene cada uno su propia historia, no sólo por quienes los plantaron, sino que por todo los que sucedió a la sombra de estos árboles.
Para visitar el Museo se puede hacer tanto en la temporada alta de noviembre a marzo, en los que se encuentra abierto todos los días con excepción de los lunes y en la temporada baja a partir de marzo de martes a viernes en un horario de 10 a 16hs para vecinos y visitantes.
En relación a los protocolos implementados a raíz de la pandemia del Covid, se reemplazaron las visitas guiadas por un sistema de audio-guías dispuesto en tres recorridos que son respectivamente: el funcionamiento de la estancia y su vida cotidiana a principios de siglo, un paseo botánico y otro recorrido que se llama “Un viaje al pasado de nuestro territorio” organizado a su vez en cuatro salas en las que se puede entender como Aluminé llega ser el “Aluminé de hoy” pasando por todas las transformaciones que le permitieron constituirse como pueblo.