Discípulo de Paulo Freire, Balbo fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en pleno centro de la capital neuquina por un grupo de tareas encabezado por el civil de Inteligencia Raúl Guglielminetti, quien lo torturó en la delegación de la Policía Federal hasta dejarlo sordo.
Luego, gracias a las gestiones del obispo Jaime De Nevares, se exilió en Roma. Una vez en democracia, en 1985 volvió a Neuquén, donde se dedicó a la alfabetización en la comunidad de Huncal, paraje cercano a Loncopué. Fue maestro de adultos en la cooperativa que habían fundado los pobladores. "La educación es un espacio donde se negocian cultural", dijo alguna vez quien llegó a ser secretario general del gremio ATEN.