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Alberto Fernández y las maldiciones del poder

Brujos, adivinos y las maldiciones más frecuentes del mundo de la política.

Un desahuciado y abatido Alberto Fernández mencionó en sus declaraciones a principios de esta semana que, en su gestión presidencial, se ha visto consecuentemente aquejado por una serie de maldiciones, que según su parecer le han sido enviadas, manifestando además su profundo deseo de que estas no continúen. "No les quiero contar mis penurias desde que llegué al gobierno porque cada día me aparece una nueva, ya quisiera que paren las maldiciones que me han mandado porque han sido muchas", dijo en el marco de la visita a una cooperativa de trabajo al término de la cuál y como parte del acto protocolar.

El primer mandatario puntualizó cada una de esas maldiciones en forma cronológica y aleatoria: "Heredar a Macri, cargar una pandemia, soportar una guerra y una sequía, ya está, más cosas no me pueden pasar”.

La historia de las maldiciones sobre el poder se remontan a tiempos bíblicos en los que el Faraón de Egipto debió soportar 10 maldiciones de todo tipo como castigo divino por mantener cautivo al Pueblo de Dios, por entonces Israel. Inclemencias climáticas inusuales que incluían lluvias de sangre y tempestades de hielo y fuego que descendieron de los cielos, plagas de insectos y alimañas, pestes y enfermedades que se propagaban con rapidez entre la población y finalmente una sentencia fatal que pesó sobre los primogénitos de los gobernantes y poderosos de la época.

Es muy curioso cuando en el devenir de las noticias cotidianas, en las que se intenta dilucidar la complejidad de las tramas de poder, irrumpe de improviso lo sobrenatural, como explicación alternativa. Es como si se tratara de los tiempos mitológicos, en los que los dioses griegos, manejaban a su antojo el destino de los pueblos, desde la caprichosa superioridad del Monte Olimpo.

Mucho más actual y acorde a la concepción de los tiempos que corren, la idea del “Destino” como una fuerza que regula el curso de los acontecimientos suele ser excusa frecuente de aquellos gobernantes, que interpretan al modo de las sibilas de la antigüedad, sus desaciertos y tropiezos gubernamentales, como si se tratara de confabulaciones divinas en su contra.

Otras veces se recurre al concurso de la “Mala Suerte”, aunque la excusa no es actual. Tiene su origen en la historia de los Templarios, monjes guerreros medievales, que se convirtieron en una poderosa organización, que manejaba desde la seguridad de las rutas comerciales hasta el resguardo de las fortunas de los poderosos, lo que los llevó a convertirse en antagonistas del poder de turno, la monarquía francesa y el poder del Papa.

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El “Martes 13” (Viernes 13 en su versión anglosajona) es considerado el día de “Mala suerte”, debido a que en la noche de esa fecha fatal del año 1307, fueron apresadas las máximas autoridades de la Orden del Temple. Su máximo representante, el Gran Maestre Jacobo de Molay, siendo condenado a la hoguera, lanzó una sentencia que se considera uno de los antecedentes históricos más antiguos de las maldiciones al poder: “El Felipe IV Rey de Francia y todos sus descendientes, el Papa Inocencio V, morirán un año y día después de muerte y la línea de sucesión del Rey no gobernará jamás sobre Francia”. La sentencia del Maestre se cumplió inexorablemente.

Dentro de los fríos y especulativos esquemas de poder suele tener lugar la figura de brujos, brujas, videntes y adivinos que aconsejan, asisten, protegen y hasta envían maldiciones a los representantes de los adversarios políticos. Aunque por lo general sus identidades no trascienden, alguno de ellos, alcanzan por las características propias, relacionadas con las ansias de poder, una notoriedad inquietante como fue el caso de José López Rega, conocido popularmente como “El Brujo de Perón”.

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Perón y López Rega.

Asociado con oscuros círculos de corrientes espirituales, que trabajaban en el más absoluto anonimato y posteriormente con Logias de inspiración masónica, vinculadas a la mafia italiana y personajes claves de la corrupción del mismo Vaticano, López Rega escaló puestos durante el último gobierno de Juan Domingo Perón hasta convertirse prácticamente en su mano derecha y con el tiempo en el astuto manipulador de la figura presidencial de María Estela Martínez viuda del líder político en los últimos estertores de su mandato.

José López Rega fue ex cabo de la Policía Federal, secretario personal de Perón, Ministro de Bienestar Social y creador de la “AAA” (Alianza Anticomunista Argentina), una organización terrorista parapolicial de ultraderecha. Estaba tan obsesionado con el poder y el manejo de las fuerzas ocultistas, que llegó a protagonizar una macabra ceremonia de “Traspaso de almas”, que involucraba al cuerpo momificado de Eva Duarte de Perón y a “Isabelita” tal como lo relata, en base a fuentes, el escritor Tomás Eloy Martínez en La Novela de Perón. “A las 00.55 reza López la primera invocación: BA, en egipcio antiguo, la vocal larga, la consonante respirando a medias para no desgajarse, B A, o sea la potestad de un alma que regresa para vaciarse dentro de una nueva apariencia, B A, soy tu cuerpo, Isabel, te lleno. La discípula, dormida, arruga el entrecejo, exhala un aire amarillo: es el dolor de las agujas que le cosen el alma. López sigue: la palma izquierda sobre la frente de Eva, la derecha en el corazón de Isabel”, escribió el autor.

Podemos seguir rastreando la historia de los brujos, maldiciones y videntes del poder, en la década de los '90 cuando otro presidente, también de signo peronista, Carlos Saúl Menem ostentaba un cortejo de peluqueros, maquilladores, esteticistas y una vidente personal a la que consultaba frecuentemente. Se trataba de Azucena Agüero Blanch que asistía al histriónico mandatario en lo referente a las decisiones de estado, a la vez que lo alertaba sobre la identidad de sus activos o potenciales enemigos.

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Menem y su asesora espíritual.

El presidente Menem tenía fama internacional de “mufa”, que en la jerga del lunfardo es una persona que atrae y provoca las desgracias, propias de la mala suerte, pero además y en el testimonio de algunos coterráneos suyos estaba vinculado a ciertas prácticas rurales “non sanctas”, conocidas como el Pacto con un “Viborón” que protegía sus viñedos de Anillaco en La Rioja. El Viborón, también conocido como Culebrón, es un monstruoso ser de leyenda, cuya apariencia es la de un ofidio, con la piel cubierta por pelos, además de escamas y un rostro humanoide horripilante. Quién posea un Viborón y lo alimente, podrá sellar un pacto diabólico a cambio de fortuna y éxito en los negocios. Si la criatura llegara a perecer, el capital del dueño se desvanecerá de improviso, dejándolo en la completa ruina.

La lista de las maldiciones vinculadas al poder en Argentina son muchas más, como por ejemplo “La Maldición de Alsina” que sentencia a que ningún gobernador de Buenos Aires llegará a la presidencia del país o el mito de que los presidentes cordobeses que no llegan a terminar sus mandatos.

Para proyectarnos hacía el futuro y el camino que trazan las profecías en cuanto al destino del país y del propio Alberto Fernández, hay que consultar las profecías del “Nostradamus Argentino” Benjamín Solari Parravicini que habló del “Hombre de Gris”.

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Parravicini fue un artista plástico, pintor, escultor y escritor muy reconocido a nivel nacional en su época. Lo más maravilloso de su trabajo fueron unas gráficas con texto que el mismo llamaba Psicografías Premonitorias en las cuales confeccionaba sus visiones del futuro, enseñanzas, consejos y profecías. Se refería en algunas de ellas a la figura de un “Hombre de Gris” que salvaría al país en un momento crítico. En algún momento se especuló que pudo haberse tratado de Néstor Kirshner, posteriormente de Mauricio Macri e incluso del mismo Alberto Fernández, aunque a la luz de los hechos ninguno terminó ajustándose a los parámetros de la profecía.

Lo cierto es que sorpresivamente y como corolario de un discurso el primer mandatario argentino, se lamentó de las maldiciones, que al igual que las calamidades de la época faraónica le tocó enfrentar en su mandato. Si bien el antiguo testamento menciona 10 plagas, Alberto Fernández las redujo sólo a cuatro.

En el relato bíblico se menciona, que dios había endurecido el corazón de los gobernantes egipcios, que mantenían cautivo a su pueblo, como una lección para todas las generaciones. Al parecer todo continuó así y al final terminaron no aprendiendo del resultado de las propias vicisitudes y errores. El pueblo de dios finalmente pudo emprender al camino hacia la “Tierra Prometida”, pero eso, según cuentan, le llevó más de 40 años de vagar por el desierto, aunque llenos de esperanzas y sólo después, de dejar atrás todas las maldiciones.

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