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Con una demanda creciente y una oferta cada vez más limitada, la poca disponibilidad y los altos precios de los departamentos en alquiler plantan un escenario complicado para los jóvenes que buscan independizarse y dejar la casa familiar. Para muchos neuquinos de entre 25 y 35 años, empezar a vivir solos implicar resignar no sólo la compañía y las comodidades de la convivencia con los padres sino también un costo demasiado alto comparado con sus ingresos mensuales.
Según los últimos precios difundidos por los martilleros inmobiliarios, alquilar un departamento de una habitación implica pagar entre 100 mil y 120 mil pesos si se elige una propiedad en el centro de la ciudad y con calidad constructiva. A eso se suman unos 20 mil pesos mensuales de expensas para cubrir los gastos del mantenimiento de los edificios. Los precios suben todavía más cuando se busca un departamento de dos dormitorios, que puede costar entre 200 mil y 300 mil pesos por mes.
Con estos valores en vigencia, alquilar por primera vez implica un desembolso que no suele estar debajo del medio millón de pesos. ¿Por qué? Lucas Albanesi, martillero de Gran Valle Propiedades, detalló que el pago inicial para entrar a un departamento implica pagar tres meses de alquiler, que tienen en cuenta el mes de adelanto, el depósito equivalente a un mes de alquiler y los honorarios de los martilleros, que suelen rondar esos valores.
"Estamos hablando de un pago de entre 500 mil y 700 mil pesos, según el tipo de departamento", dijo el martillero y agregó que, por lo general, los propietarios y las inmobiliarias suelen desdoblar los pagos de los depósitos y de honorarios, respectivamente, para que los inquilinos puedan abonar su deuda en dos cuotas.
Con este escenario, muchos jóvenes retrasan la decisión de salir de la casa de sus padres incluso cuando ya tienen trabajo como jóvenes profesionales y empezaron a hacer carrera en distintos rubros. El objetivo es ahorrar para emigrar a otro país, ahorrar el precio del alquiler para mantener su nivel de vida o darse algunos gustos o, en otros casos, simplemente hacer un ahorro inicial para poder pagar no sólo ese monto inicial para "entrar" a un departamento sino todos los gastos que implica amoblar y equipar la vivienda.
Franco y Stefanía, dos jóvenes neuquinos que compartieron su historia a LMNeuquén, comparten una experiencia común: ambos vivieron solos durante un tiempo y regresaron a la vivienda familiar por diferentes circunstancias pero a modo de transición.
Stefanía tiene 31 años y es nacida y criada en Neuquén. Aunque vivió en pareja en Centenario, decidió dejar de convivir para mantener la relación en casas separadas. "A mí Centenario me quedaba a trasmano, decidí venirme a vivir otra vez a lo de mis padres, me volví a fines de septiembre", dijo y agregó: "No tenía la plata para irme tan rápido, en abril tenía un viaje y tenía pensado empezar a buscar el alquiler pero hay muy poca oferta y necesito tres veces lo que sale el alquiler para irme".
Así, la partida se postergó por un tiempo, mientras la joven busca un departamento que se ajuste a sus necesidades a un precio razonable y a sabiendas de que deberá resignar algunos gustos que se da ahora porque el mantenimiento del alquiler y las expensas absorberán parte de sus ingresos. "Vivo con mis padres, mi hermana de 28 y dos gatitos", dijo y agregó que cada uno tiene su habitación y que la convivencia es positiva porque todos respetan los horarios de silencio y tienen rutinas bastante tranquilas.
Como ella trabaja de 8 a 5 y dedica gran parte de la tarde a entrenar, tampoco pasan demasiado tiempo juntos, por lo que la convivencia es incluso más llevadera. Sin embargo, valora la compañía familiar y saber que hay alguien que la espera cada noche cuando llega.
Para los jóvenes que siguen en el hogar, la convivencia con los padres implica no sólo un ahorro sino también el disfrute de ciertas comodidades, al costo de resignar intimidad e independencia. "Yo no hago nada de compras, les digo lo que necesito y ellos van a hacer las compras del super. Eso es una ventaja, el orden también porque cuando llego está todo ordenado y sólo tengo que mantener mi lugar. Estoy acompañada, tengo alguien que te espera y con quien charlar", indicó Stefanía.
Sin embargo, explicó que sigue en la búsqueda de un departamento para alquilar porque ansía tener su propio espacio para equiparlo y decorarlo a su manera. "Si vivo sola, tendría mis tiempos y mi espacio, se hacen las cosas como yo digo, dejo las cosas como yo quiero", agregó.
Como realizó un viaje en medio del proceso, la búsqueda de departamento se prolongó. "Sigo buscando porque hay muy poca oferta", dijo. Como la Ley de Alquileres resintió la rentabilidad de la propiedad, muchos retiraron propiedades del mercado y otros esperan para alquilar atentos a posibles cambios en la normativa. Así, buscar una vivienda con características específicas se hace cuesta arriba. "Yo quiero uno de una habitación y no un monoambiente, pero además de ser caro, cuesta mucho conseguir", aclaró.
La dificultad para pagar un alquiler de forma individual es un fenómeno que atraviesa a a los jóvenes de otras ciudades grandes o en crecimiento tanto en Argentina como en otros países. En el caso de Stefanía no se debe al desempleo ni a una situación laboral precaria. "Con mi situación laboral estoy conforme, tengo un buen trabajo pero no me va a alcanzar para darme grandes lujos porque todo lo tengo que bancar yo. Obviamente que me gustaría cobrar más como todo el mundo para darme algunos gustos pero estoy conforme", afirmó.
Franco, de 26 años, es otro neuquino que abandonó la casa familiar para independizarse y regresó a buscar trabajo a Neuquén. Pocos meses después empezó la pandemia de coronavirus, que se interpuso en sus planes. Ahora, incluso con un trabajo fijo, encuentra los precios tan altos que le cuesta encontrar "un buen alquiler" en la ciudad.
"Después de terminar el colegio me fui a estudiar a buenos aires y vivir solo allá, estuve 6 años y volví para trabajar acá en Neuquén e irme a vivir solo. Con mucha suerte eso fue en 2019 y al año siguiente pasó la pandemia, al no poder conseguir trabajo decidí quedarme con mi viejo", dijo y agregó: "Después cuando conseguí trabajo tenia la intención de ir ahorrando para poder entrar en algún departamento, porque la plata de mes anticipado y demás que hay que poner para entrar es bastante, los precios de los alquileres siguieron subiendo y cada vez se hace más difícil conseguir un buen alquiler".
Franco vive con su papá, aunque los dos tienen agendas ocupadas por lo que no pasan demasiado tiempo juntos. "Los dos trabajamos durante el día, él vuelve más tarde que yo, así que cuando volvemos del laburo generalmente tomamos unos mates y vemos algún partido de fútbol o básquet. Tenemos una perra así que también me quedo acá por ella, como yo llego más temprano la puedo sacar a pasear y darle de comer antes", detalló.
Si bien el joven realiza muchas tareas domésticas en la casa de su papá, reconoce que la principal ventaja de quedarse con él es económica. "La plata que me ahorro de alquiler la pude usar para invertir en cosas que hubiesen sido imposible de hacer si tuviera que destinar mas de la mitad de mi sueldo en un departamento", dijo sobre esa posibilidad de darse algunos gustos adicionales que serían prohibitivos con sus ingresos actuales.
Franco aseguró estar conforme con su trabajo en una destilería de la ciudad. Sin embargo, la presión de la inflación y la escasa oferta de alquileres le complica la chance de mudarse solo y cubrir todas las necesidades cotidianas. "Obviamente uno siempre tiene la sensación de que debería estar ganando un poco más, porque es casi imposible hoy en día alquilar un lugar medianamente céntrico en Neuquén, hacer las compras del super, demás gastos y que te quede algo de plata, todo por menos de 200 mil pesos", cerró.
Como ellos, muchos otros jóvenes de Neuquén siguen en casa de sus padres incluso cuando ya terminaron la carrera universitaria y tienen trabajos estables. Para algunos, la convivencia familiar en realidad es considerada como una etapa de transición mientras apuntan a otros proyectos, como la posibilidad de emigrar a otros países. En ese contexto, su objetivo es no firmar un contrato por tres años ni comprar muebles que sólo van a usar por pocos meses, además de ahorrar para cubrir los gastos iniciales de la vida en el extranjero.
Franco es uno de los que sostienen esa idea. "No es por un sentimiento de que acá no se puede vivir ni nada de eso, sino simplemente porque tengo familia en el exterior que me podría dar laburo y facilitarme así la visa de trabajo, además de que siempre tuve las ganas de viajar y conocer Europa y alrededores al menos por un tiempo", indicó.