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Cantar en la calle lo sacó de una dura depresión

Eduardo Sánchez brinda sus shows a la gorra en el centro de Cipolletti. El Covid deterioró su ánimo y un psicólogo lo alentó a actuar en espacios públicos. Encontró en la música una salida para recuperarse.

La pandemia de covid con sus restricciones y el largo confinamiento parece algo lejano en el tiempo. Pero además de haberse llevado a mucha gente, provocó en otras consecuencias que se sienten hasta el día de hoy.

Eduardo Ángel Sánchez puede dar testimonio de esa compleja experiencia. “Me encerré en mi casa y no quería salir. No quería vivir en realidad”, contó este vecino de 61 años mientras abraza a su guitarra sentado en un banco de la plaza San Martín.

Él es quien suele aparecer por las tardes por la zona céntrica para alegrar a los transeúntes con canciones populares que invitan a frenar el paso y escucharlo un rato, porque canta con una pasión que conmueve.

“La música me salvó la vida, porque me sacaron un arma de las manos”, admitió con un dejo de tristeza.

Se había encontrado en un callejón sin salida, pero la intervención de profesionales de Salud Mental del hospital local le permitió salir poco a poco del pozo y asomarse nuevamente a la vida.

Destacó que el psicólogo Martín Carrizo le preguntó en una sesión qué le gustaba hacer: “Mirar vidrieras y tocar la guitarra”, le contestó.

La asociación y el aliento del asistente lo impulsó un día a salir con sus instrumentos (también toca la armónica con el soporte que usa León Gieco), se sentó afuera de un banco y entonó los primeros temas.

El resultado lo sorprendió, porque se encontró con el reconocimiento del público, y eso fue como un click.

“Me di cuenta que la gente me valora por lo que hago, me demuestra cariño y eso no tiene precio”, resalta.

Pero no solo afecto recibe de los transeúntes, porque también sus shows suelen ser redituables, porque habitualmente se lleva “unas monedas nada despreciables” para su casa.

De oficio pintor, al finalizar la jornada laboral vuelve a su casa del barrio Del Trabajo, acomoda sus bártulos y arranca para el centro. Se lo puede encontrar en la plaza, en una entidad bancaria sobre calle España o en el Paseo de la Familia. Su presencia se hace sentir, porque a la distancia se puede escuchar el firme rasgueo de las cuerdas y su tono de voz particular e impetuoso que ofrece a cada interpretación.

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Movilizado por Malvinas

Pese al optimismo que encontró gracias a la ayuda, una pena lo mantiene inquieto desde 1982: hizo la colimba cuando estalló la guerra de Malvinas y fue trasladado a la base aérea de Río Gallegos, como artillero. Recuerda que pidió ir a las islas para entrar en combate, pero no lo enviaron.

"Usted cumple una misión tan importante aquí como los que están en el frente de batalla", le aseguró un superior.

Está molesto porque el Estado no reconoció a los movilizados. “Nos abandonaron, ni un reconocimiento nos dieron, y nosotros también estuvimos en la guerra cumpliendo distintas funciones”, subrayó.

Reconoce que los héroes son los que pelearon en las islas, pero que ellos también arriesgaron sus vidas porque estuvieron cerca de la zona bélica.

"Nosotros pasamos a ser el desecho de Malvinas", lamentó.

Sostuvo que, al igual que él, sabe de compañeros que están atravesando crisis emocionales severas que no les han dado respuesta a los reclamos.

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De Buenos Aires al barrio Del Trabajo

Sánchez nació en Buenos Aires y poco antes de los 18 años se instaló en Bahía Blanca, donde recibió la noticia de que había salido sorteado para realizar el Servicio Militar Obligatorio. Arrancaba 1.982. Lo convocaron a Neuquén, donde tras la revisación médica fueron enviados cada uno a su destino. Él con el 861, le tocó Fuerza Aérea, y lo subieron a un Hércules rumbo a Río Gallegos. No sabían nada, pero el desembarco estaba marcha.

Después de la guerra consiguió trabajo en la represa de Piedra del Águila, en ese entonces en construcción. Poco después formó una pareja con la que tuvo una hija y se instaló a Cipolletti. Más precisamente en el barrio Del Trabajo. Tiene la dicha de vivir frente a su hija, quien le dio dos nietos. La mayor, Emili, de 7 años, sigue sus pasos musicales. Cuando se encuentran en la calle suelen interpretar algunas canciones. Resalta que su versión de "Un osito de peluche de Taiwán" de los Auténticos Decadentes, es inigualable.

Eduardo ha sido tentado para actuar en festivales, pero que nunca aceptó. No explica porqué. Pero admite que, pensándolo bien, no estaría mal subirse a un escenario.

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