Las dos venían con mochilas cansadas. Algunas pérdidas y sinsabores de la vida les habían quitado el entusiasmo y no se imaginaban que el aliento de quienes querían verlas bien las llevaría a abrir una puerta hacia un reencuentro tan emotivo como inesperado.
El año pasado Alicia Rivas se sumó al Club de Día Nuevos Amigos, dependiente del Área de Adultos Mayores del municipio de Centenario, para distraerse un rato. “A mi me mandó la doctora a venir. Hace dos años estaba encerrada en mi casa. Me había quedado sola, mi marido falleció. Mis hijos me hacían viajar pero el año pasado en septiembre falleció mi hijo mayor y eso me entristeció un montón”, contó la mujer al recordar los motivos que la impulsan todas las mañanas desde Villa Obrera hacia el Salón Amarillo compartir con sus compañeros.
"Acá me ayudaron a salir adelante. Acá nos distraemos, está hermoso, es un grupo muy lindo, estoy muy contenta de venir", remarcó antes de hablar de la sorpresa que se llevó en la semana pasada al coincidir en el espacio -y en el mismo horario- con otra asidua integrante del club: para ella, una entrañable conocida.
Su tocaya Alicia Mulbayer, quien había sido su compañera de primer grado en la Escuela 109 apareció en el lugar. Al principio no se reconocieron pero al empezar a hablar enseguida el tiempo se retrotrajo y se abrió un baúl cargado de recuerdos.
Habían pasado seis décadas pero el cariño se mostró inoxidable. “Me fui llorando a mi casa y cuando llegué le conté a toda mi familia” dijo Alicia Rivas. "Reencontrarme con Alicia fue una alegría muy grande”, expresó.
“Yo me acordaba siempre de ella”, dijo la otra Alicia en una entrevista que dieron ambas, tomadas de la mano. “Tengo una hermana que tiene Alzheimer y mi hija no quería que me empiece a pasar a mi también, por eso me trajo. Me dijo: 'Mamá, vamos a ir a un lugar que es de la municipalidad y te va a gustar porque van muchas mujeres como vos, que tienen problemas como los tuyos, vamos para que veas si te gusta'”, agregó al repasar su historia y contar cómo llegó al club que depende de la Secretaría de Desarrollo Social del municipio.
“Y así empecé a hacer cosas que yo no hacía en mi casa. Ahora me levanto a las 6 o 6.30 cuando antes me levantaba a las 11 o a las 12, me cambió la vida en tan poquito tiempo”, destacó con gratitud Alicia M, antes de agradecer con su amiga de la infancia el acompañamiento del personal del club y de recomendar el espacio a a otras personas de su generación.