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Charly, el único, el de siempre

Desde que era un niño demostró en el conservatorio sus dotes de genio y el don del oído absoluto.

Cuesta decidir cuál fue la mejor canción que compuso o cuál fue su mejor disco, acaso porque toda la obra de Charly García es hermosa en todos sus ritmos, melodías y letras.

Ayer cumplió 71 años y fue recordado como corresponde. Fue (lo es) el que marcó a fuego la historia de rock argentino, el inspirador de otros que le siguieron y que también se convirtieron en grandes, el artista que le puso música a las distintas etapas de la vida de dos o tres generaciones de argentinos.

Alguien aseguró ayer que Charly es el único ícono nacional que nos queda con vida; un sobreviviente pese a los excesos, un emblema de la cultura que sigue de pie, que tiene todavía mucho para crear.

Vale la pena recordar que alguna vez fue Carlos Alberto García Moreno, que cuando tenía 5 años ya asombraba a sus profesores con sus estudios de piano en el conservatorio y su don de oído absoluto.

Pudo haber sido un gran concertista de música clásica porque condiciones le sobraban. Podría haber vestido trajes oscuros con la sobriedad que tienen los grandes maestros sentados frente a un piano para interpretar a Chopin, Mozart, Lizt, Brahms y tantos otros genios de otros tiempos.

Pero la vida, la época y el destino le ofrecieron otro camino. Y él lo aceptó. Lo hizo a su manera, con rebeldía, vanguardia, innovación y buen gusto, una apuesta sorprende que cambió la historia del rock y que hoy sigue cautivando a los viejos y a los jóvenes.

Ayer cumplió 71 que no es mucho ni es poco. La leyenda sigue viva, igual que aquellas primeras canciones que compuso mucho antes de que el mundo lo conociera con el apodo de Charly.

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