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Aunque se había aplicado como una medida de emergencia durante el confinamiento obligatorio para evitar contagios de coronavirus, las compras de medicamentos con fotos de recetas médicas que llegaban a través de Whatsapp se convirtió pronto en un hábito extendido entre la población. Este lunes, una resolución dio por terminada esta excepción y el malestar de los pacientes no tardó en hacerse sentir. ¿Qué opinan los médicos y farmacéuticos de Neuquén?
Con el objetivo de resguardar la seguridad de las compras de medicamentos, que muchas veces tienen efectos adversos y que exigen una supervisión médica, los responsables de las farmacias tenían incorporada la metodología de exigir una receta escrita de puño y letra por un profesional de la medicina, con su firma y un sello con su matrícula. De esta manera, los pacientes solían beneficiarse también de los descuentos que hacen las obras sociales o prepagas.
Desde marzo de 2020, cuando la cuarentena obligó a todos a quedarse en casa, se emitió una resolución para que los pacientes pudieran acceder a la compra de medicamentos sin tener que pasar por los consultorios médicos. Además del respeto a las medidas de confinamiento, los centros de salud se convirtieron en espacios riesgosos, donde se incrementaban las chances de contagio de coronavirus. A eso se sumaba otro escenario: los profesionales de la salud enfocaban todos sus esfuerzos en la contención de la pandemia, por lo que era muy útil agilizar la emisión de recetas para sus pacientes crónicos a través de canales digitales.
De este modo, se habilitó que los pacientes pudieran, de modo temporal, acceder a sus pastillas con fotos de las recetas que los médicos enviaban por WhatsApp. Por su practicidad, la metodología fue incorporada con rapidez por los pacientes, que la seguían utilizando incluso hoy, cuando se disipó el temor por los contagios de coronavirus y los hospitales y clínicas están más aliviados.
Para Viviana Quesada, presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Neuquén, la decisión no los tomó por sorpresa, ya que se trataba de una medida temporal implementada sólo a causa de la pandemia. Aclaró, sin embargo, que se decidió sostener este hábito para los pacientes con enfermedades crónicas, que podrán comprar sus medicamentos de esta manera hasta el 28 de febrero, cuando les toque otra vez presentar las recetas de papel.
"No debería ser tomado como una molestia ir al médico, es una cuestión de seguridad", dijo Quesada, que resaltó la importancia de contar con la supervisión médica frecuente a la hora de consumir cualquier tipo de medicamentos. En un contexto donde no hay riesgo sanitario, expresó que las recetas de puño y letra son la forma más segura de evitar ventas irregulares en las farmacias.
A su vez, señaló que el uso de recetas de papel evita que los farmacéuticos consuman tiempo y recursos económicos al imprimir las recetas que sus clientes llevan en sus teléfonos celulares o en una casilla de mail, ya que las farmacias deben presentar constancias a las obras sociales.
La nueva resolución también reduce la posibilidad de que los clientes compran más medicamentos de lo debido o incluso que intervengan en las recetas para acceder a pastillas o fórmulas que no les recetaron. Sin embargo, hay médicos que consideran que incluso las recetas de puño y letra abren una ventana para estas prácticas ilegales.
Un cirujano neuquino aclaró que las recetas tradicionales también pueden ser intervenidas y que aquellos que quieran falsificar una orden médica pueden imprimir sus propios recetarios con membrete e incluso acceder a los sellos. "Si vas a una librería y les das un nombre y un número de matrícula médica, te hacen el sello sin pedirte ningún tipo de credencial y sin controlar nada", dijo.
Por eso, defendió el uso de las fotos de las recetas médicas. "Es una cuestión de comodidad, sobre todo para las familias de pacientes más graves o con movilidad reducida, que tienen dificultades para asistir a las consultas", dijo y agregó que, no obstante, esta costumbre va en detrimento de la posición laboral de los médicos. "Cuando hacés una receta por WhatsApp es casi imposible cobrar las consultas", afirmó.
Por eso, propuso aprovechar este debate para "darle un marco de legalidad" al uso de las recetas digitales. En ese sentido, Quesada afirmó que ya hay obras sociales y prepagas que permiten hacer recetas electrónicas, que tienen más mecanismos de verificación que las fotos que circulan por WhatsApp.
"Son recetas que se hacen con firmas digitales de los médicos que están cargadas al sistema de cada prepaga u obra social", aclaró. Así, no es necesario utilizar el papel pero sí hace falta que los médicos cumplan el proceso de la firma, con el objetivo de dotar de más seguridad a la compra de medicamentos. De esta manera, también queda una constancia en la obra social, que compensa al profesional por hacer el seguimiento y recetar.
La farmacéutica aseguró que los pacientes neuquinos comprendieron con rapidez la importancia de utilizar otra metodología a la hora de comprar. "No tuvimos inconvenientes en el mostrador porque entienden que es para su seguridad", dijo y agregó que, en muchos casos, los pacientes crónicos ya tienen mecanismos coordinados con sus médicos de cabecera para agilizar la confección de las recetas que requieren habitualmente, sin necesidad de esperar por un turno en la agenda del profesional.