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¿Conocés La Calera? Neuquén descubre otro sitio turístico secreto

Un nuevo sendero recreativo permite conocer parte de la historia de la ciudad a partir de un horno de cal de casi 100 años que estaba abandonado en Parque Norte.

En la calle América del Sur, justo donde el barrio Rincón de Emilio se disuelve en una estepa uniforme, un nuevo cartel invita a los curiosos a sumergirse en un sendero recreativo donde se esconde un tesoro que, hasta hace poco, pasaba casi desapercibido. Allí, donde la naturaleza triunfa con su jarillal, con sus matas agresivas y sus huidizas liebres y cuises, también hay lugar para los curiosos: aquellos que quieran descubrir La Calera, un nuevo atractivo turístico que hace homenaje a la historia de Neuquén.

"Cuidado que acá todo pica o pincha, todos se defienden", se ríe Francisco Baggio, subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana de la Municipalidad de Neuquén, mientras desanda un camino algo hostil para llegar hasta el hallazgo arqueológico, un horno de cal de casi 100 años que es la nueva joya turística de la ciudad. Aunque lleva zapatos de vestir y una chomba formal, se mueve con confianza en medio de la tierra rojiza que a veces se vuelve pedregosa y empinada para ser luego un banco de arena suelta y resbaladiza.

Si bien los ojos más entrenados saben orientarse en esa sucesión de arbustos bajos y tierra seca, la Municipalidad confeccionó un sendero de pilotes rojos para guiar a los turistas menos expertos. Es un camino de baja dificultad de unos dos mil metros, que comienzan en el barrio Rincón de Emilio y culminan en los vestigios de un antiguo horno de cal, que sirvió para darle vida a las construcciones de la ciudad unos cien años atrás.

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Antes, cuando no había corralones, cuando todo era distancia, sudor y sacrificio, una familia emprendedora apostó a la construcción de dos caleras en el punto más recóndito de la meseta. La elección del lugar no fue azarosa: con sólo recorrer el terreno, la piedra caliza se presenta abundante y disponible, así como la jarilla, la leña que elegían para abrigar los hornos porque produce mucha llama y pocas cenizas.

Y aunque nadie pueda verlo ahora, el horno también estaba muy cerca del agua, fundamental para hidratar el producto final y lograr esa cal que dura mil años y que, hace un siglo, ya se aplicaba en usos diversos, como la construcción, la potabilización del agua y la prevención de plagas. "Antes de que los ríos sean controlados, el Neuquén estaba muy cerca de acá", dice Baggio mientras apunta al horizonte. "La orilla está retraída dos mil metros", afirma y recuerda la gran crecida de 1904, cuando es probable que el agua del Neuquén haya lamido el sitio en el que está parado ahora.

La Calera
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¿Cómo funcionaba la calera? La roca caliza se apilaba en forma de bóveda, dejando el centro libre para el fuego. El calero completaba la carga desde la parte superior y por tres o cuatro días consecutivos se mantenía el horno a una temperatura constante. Finalmente se cerraba el horno por una semana, dejando enfriar la cocción, hasta que la roca caliza se transformaba en cal viva y podía ser utilizada.

En 1930, cuando el humo de la jarilla empezaba a brotar de la boca de la calera, todavía no estaba el valle frutal. Ahora, las alamedas, a lo lejos, reverdecen el paisaje árido de la estepa, mientras que el susurro de los neumáticos contra el asfalto en la traza de la ruta recuerdan la presencia cercana de la civilización. Pero incluso así, estando a cinco minutos de un barrio residencial con casitas bajas, plazas y almacenes, la naturaleza grita victoria en cada mata espinosa del suelo y cada liebre que brinca a toda velocidad para esconderse de los curiosos.

La Calera fue descubierta oficialmente en 1996 por el policía Sergio Alveal que prestaba servicio a la Comisaría de Parque Industrial y que dio con el sitio mientras recorría esa zona inhóspita de Neuquén, años antes de que Parque Norte fuera declarada como zona protegida. Desde entonces, el punto se conocía como sitio Alveal, pero era sólo conocido por los más baqueanos y los corredores que se sumergen en la barda más desconocida para entrenarse en el trail.

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La presencia casi mística de esa construcción de ladrillos perfectos en lo más profundo del jarillal dio origen a todo tipo de mitos. La llamaban la cueva del león y la cueva de los hippies o pensaban que era el sitio sagrado de alguna comunidad indígena. También era un refugio oculto que algunos gratifeaban y otros usaban como punto de pernocte, escondite o basurero. Ahora, tras la intervención de la Subsecretaría, será un nuevo atractivo turístico para acercarse más a la historia de Neuquén.

Pablo Canciani, director de la Guardia Ambiental de la ciudad, fue uno de los principales promotores en abrir el sitio para el público, incluso a sabiendas del riesgo que implica para la preservación. Por eso, su guardia será la encargada de insistir con las recomendaciones para conservar el espacio, siempre teniendo en cuenta de que se trata de un área protegida, donde no se permite circular en auto, no se pueden dejar residuos ni intervenir la fauna y la flora autóctona.

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Aunque la difusión de nuevos espacios recreativos dio lugar al turismo masivo en la ciudad, como ocurrió en el Parque Agreste o en la península Hiroki, en este espacio hay que tomar ciertas precauciones. Por eso, los mismos funcionarios tuvieron que acceder caminando para dejar la cartelería con información histórica, y decidieron pintaron pilotes rojos para marcar el sendero intrincado hasta la calera porque ellos mismos se desorientaban.

Baggio recordó que todo Parque Norte está georreferenciado. "Estos postes blancos con números sirven para la ubicación; si uno se pierde en este punto o tiene un accidente, puede pedir ayuda y decir que está cerca del poste 147", dijo mientras señalaba el número pintado en la madera y las chicharras cantaban a todo su volumen para recordar que, muy cerquita del centro, hay un mundo donde la naturaleza reina.

Otra de las advertencias es la prohibición de ingresar dentro del horno. Aunque el hueco entre las piedras apiladas pueda resultar una tentación para los más curiosos, la antigua construcción representa riesgo de derrumbe. "Cuando fue descubierto, en el lugar habían dos hornos, pero uno se desmoronó completamente", dijo Baggio y aclaró que la boca del horno que queda en pie, que debería tener unos 80 centímetros de diámetro, es ahora una amplia cúpula descubierta que permite el paso del sol.

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La Calera promete convertirse en un nuevo atractivo turístico muy cerca del centro de la ciudad. Desde el cruce de las calles América del Sur y Océano Pacífico, un viejo sauce resguarda la entrada para iniciar un recorrido lleno de flora autóctona y con un pedacito de la historia de la ciudad. "Es importante que vengan y que conozcan la verdadera historia del lugar", dijo Baggio para invitar a todos los curiosos.

El sendero demarcado y de baja dificultad permite que más personas se adentren en la estepa profunda de Parque Norte, un punto cada vez más utilizado por deportistas o visitantes que simplemente contemplan el paisaje desde los miradores. Hasta ahora, en esos terrenos inexplorados de la calera sólo mandaban las liebres y los cuises, que deberán ocultarse entre los arbustos cuando lleguen los turistas, al menos hasta que el silencio nocturno las deje otra vez sentirse libres.

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