Por la confluencia del Traful y el Limay pasan las liebres corriendo y los días de viento se arman pequeños remolinos que levantan a arena seca. Parece un paisaje desértico de tantos lugares agrestes de Neuquén, pero por ese lugar deberían circular dos ríos que se secaron y nadie sabe a ciencia cierta cuándo van a volver.
El contraste a este panorama es aguas abajo, en los balnearios de la ciudad de Neuquén, donde el agua invadió la costa. El Limay baja imponente hasta encontrarse con el río Negro y de allí seguir juntos su camino hasta el océano Atlántico. Este fenómeno tiene una explicación. No es que el río haya cambiado de manera natural caprichosamente. La represa de Arroyito está erogando 600 metros cúbicos por segundo para cumplir con el envío de energía a Buenos Aires, jaqueada por la crisis energética.
El Chocón es la que la abastece aguas abajo y a partir de allí todas las noches las compuertas se abren y largan el caudal que para los habitantes de Neuquén Capital que van a los balnearios, aun cuando el otoño ya marcó su llegada, y ven sorprendidos como el agua alcanzó varios espacios que hasta hace poco eran ocupado por los veraneantes.
Estos contrastes entre la zona de la confluencia y ríos y arroyos aguas arriba, también se pueden apreciar en otros espejos de agua que también están secos a la espera de que la sequía profunda y persistente llegue a su fin. O al menos de una tregua.
Desde la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas de Río Negro y Neuquén siguen de cerca el tema con mucha preocupación.
“En estos últimos meses no llovió nada. Lo único que tuvimos fueron tormentas convectivas (la mayoría en el norte) que lo único que hacen es romper”, reflexionó el ingeniero Elías Sapag, representante de Neuquén en la AIC. Recordó los casos de Añelo y Rincón de los Sauces donde las tormentas generaron más daños que beneficios.
El funcionario reconoció que todavía es muy temprano para saber qué ocurrirá en los próximos meses y dijo que recién en abril podrían tener algo de información sobre el comportamiento del Pacífico y si es cierto que el fenómeno de la Niña se retirará de una vez por todas.
Mientras tanto, las represas sobre el Limay siguen respondiendo. Según Sapag, es el ahorro que se logró hacer durante un año y medio para recargar los embalses. “El problema lo vamos a tener después ¿cómo vamos a recuperarlos si el problema sigue igual?”, se preguntó. Dijo que Alicura ya está cuatro metros abajo del nivel mínimo. Otras represas también siguen disminuyendo su capacidad de almacenaje del vital recurso y que es urgente que llegue las precipitaciones tan esquivas para que el cuadro no empeore.
La situación es complicada porque para que el panorama comience a normalizarse tiene que llover mucho. Sapag explicó que primero se tiene que cargar el nivel subterráneo para que luego el agua comience a fluir por los arroyos y los ríos, aunque ese proceso demanda tiempo y hoy ese tiempo se convirtió en una carrera contra reloj porque el 1 de mayo comienza el “año hídrico”, el calendario real en términos meteorológicos.
Mientras tanto, el fenómeno de la sequía trae además otras derivaciones que también son dramáticas para las economías regionales. Si no llueve pronto, los lugares bajos donde los crianceros realizan las invernadas no tendrán pastos ni verdín suficiente para alimentar los animales.
De la misma manera, le necesidad de recuperar los embalses parece hoy una quimera a la vista de lo ensañado que parece estar el clima con regiones acostumbradas al agua y al verde.
La foto del desierto donde antes confluían el Limay y el Traful fue publicada en las redes sociales por la historiadora Carla Manara, luego de una serie de viajes por el interior de la provincia.
La imagen es más por demás conmovedora. En ese lugar acostumbrado al paso de las aguas cristalinas, a las correntadas y a las plantas que crecen alrededor, hoy se abre un arenal inmenso que se desdibuja con los efectos del viento. Una porción de desierto donde la vida silvestre prácticamente despareció y sólo se ve reflejada cada tanto cuando pasan corriendo las liebres.