La mujer denunció que su hija sufrió bullying durante más de un año y ahora fue atacada dentro del curso. “La escuela ya sabía lo que pasaba”, aseguró.
Una adolescente fue brutalmente golpeada dentro de su propia aula en Neuquén y el dolor de su familia expuso mucho más que una pelea escolar: detrás del ataque, su mamá asegura que hubo más de un año de bullying, pedidos desesperados de ayuda y advertencias ignoradas. Hoy, mientras la joven intenta recuperarse física y emocionalmente, su madre solo se hace una pregunta que golpea tan fuerte como la agresión: “¿Qué están esperando, que la maten?”.
El episodio más grave ocurrió este miércoles por la tarde, cerca de las 16.45, en el CPEM 40 turno tarde de la ciudad de Neuquén. Según relató Claudia, su hija fue atacada por dos adolescentes que ingresaron al aula y la golpearon a piñas y patadas, mientras otros estudiantes observaban la escena e incluso una tercera persona filmaba lo ocurrido.
“Me llamó la directora para que fuera urgente. Cuando llegué, mi hija estaba golpeada. Le pegaron en la cabeza, le arrancaron pelo, le sacaron los aros. Esperamos dos horas una ambulancia que nunca llegó”, contó la mujer, en LU5 todavía atravesada por la bronca y la desesperación.
Ante la falta de asistencia médica en el establecimiento, Claudia decidió trasladar por sus propios medios a su hija al hospital Heller, donde fue revisada, y luego realizó la denuncia policial en la Comisaría 16. Ahora, la adolescente debe someterse a nuevos estudios para determinar el alcance de las lesiones.
Para la familia, lo ocurrido no fue un hecho aislado ni inesperado. Claudia sostuvo que desde el ingreso de la joven a primer año, en 2025, su hija viene sufriendo situaciones de bullying, amenazas, agresiones verbales y físicas.
“Le escribían cosas en el banco, la molestaban en el baño, la empujaban en los recreos. Yo fui muchas veces a hablar con directivos, preceptores y supervisores. Pedí actas, pedí ayuda, pedí prevención. Siempre advertí que esto podía terminar mal”, afirmó.
Según su relato, en una de las primeras situaciones graves, incluso desde la institución le habrían sugerido a su hija que se retirara rápido antes de que ocurriera algo peor. “Mi hija llegaba llorando, no quería ir a la escuela, me pedía que la sacara. Yo no podía entender cómo nunca me llamaron antes como madre”, cuestionó.
Durante meses, aseguró, sostuvo su escolaridad en medio del miedo, angustia y sensación de desprotección. “Es buena alumna, quiere estudiar, tiene sueños. Pero psicológicamente está destruida”, expresó.
La madre también vinculó la agresión a un episodio ocurrido el día anterior dentro del mismo curso, cuando a otro estudiante le bajaron los pantalones frente a todos sus compañeros, en un claro acto de humillación. Según explicó, tras esa situación se generó una cadena de violencia que terminó con la golpiza a su hija.
“Esto se fue de control. Mi hija terminó pagando las consecuencias de un ambiente violento que ya existía. Lo más grave es que, según dijeron otras alumnas, una de las agresoras ya tendría antecedentes de hechos violentos dentro y fuera de la escuela”, sostuvo.
Claudia aseguró que otros estudiantes tienen miedo de intervenir por temor a ser atacados también: “Los chicos ven, filman o se quedan quietos porque saben que si se meten, los golpean”.
El testimonio de la madre refleja una preocupación que excede a su caso personal: la sensación de que muchas familias sienten que sus hijos ya no están seguros dentro de las escuelas. “Nosotros trabajamos, acompañamos a nuestros hijos, les enseñamos valores. ¿Ahora tenemos que dejar de trabajar para sentarnos dentro del aula a cuidarlos?”, planteó con indignación.
La mujer remarcó que hoy su principal desafío no pasa solo por la recuperación física de la adolescente, sino por reconstruir su estabilidad emocional. “No quiere volver. Tiene miedo. Y yo no tengo garantías de que el lunes no vuelva a pasar”.
Claudia explicó que incluso comenzó a evaluar cambiar a su hija de establecimiento, pese a que considera injusto que sea la víctima quien deba modificar su vida. “Parece que el que estudia, el que cumple, el que quiere salir adelante, tiene que irse. Y los violentos se quedan”.
Más allá de los golpes, la familia insiste en que el daño más profundo hoy está en la salud mental de la adolescente. La mujer relató que su hija había proyectado estudiar Psicología o Abogacía, pero ahora siente que su confianza quedó quebrada.
“Yo vi a mi hija llorar todo el año pasado y ahora otra vez. Eso no puede naturalizarse. No se trata solo de una pelea, esto deja marcas psicológicas”, señaló.
En ese sentido, reclamó mayor intervención institucional, acompañamiento real y políticas concretas para prevenir la violencia escolar antes de que escale.
Claudia pidió que el caso no sea minimizado y exigió respuestas concretas de las autoridades educativas. “Que nos escuchen como padres. Que no esperen una tragedia para actuar. No podemos seguir preguntándonos si nuestros hijos van a volver golpeados o peor, ¿Qué esperan para actuar que maten a algún chico dentro de las escuelas?”, cuestionó.
Hoy, entre estudios médicos, denuncias y el miedo de volver a cruzar la puerta de la escuela, la joven intenta recomponerse rodeada por su familia. Pero en su casa ya nada es igual y se hacen una pregunta clave: cómo devolverle la tranquilidad a una chica que solo quería estudiar y terminó sintiendo miedo en el lugar donde debía estar protegida.
"¿Qué esperan para actuar con estas chicas violentas, que maten a mi hija? ¿Un día me van a llamar para decirme que mi hija está muerta? Podría haber pasado una tragedia, le patearon la cabeza, le arrancaron los aros, le arrancaron mechones de pelo. Esto no puede seguir así", concluyó.