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De Andacollo a Alaska: dos viajeros, ocho años y 19 países para cumplir un sueño continental

Una pareja de viajeros conectó toda América a bordo de un Megane modelo 99. Ya de regreso, formaron parte del banderazo argentino en Nueva York.

Mauricio Sepúlveda y Micaela Mazzulla se propusieron un proyecto casi imposible: unir Ushuaia con Alaska viajando solos, sin dinero ni planes y a bordo de un Megane modelo 99 que generaba más dudas que certezas. Aunque los obstáculos se multiplicaban por el camino, ocho años y 19 países después, el sueño se hizo realidad: con lágrimas en los ojos, la pareja neuquina atravesó el territorio alaskeño para demostrar el triunfo de su voluntad.

"En los últimos kilómetros no hablábamos, sólo mirábamos y reflexionábamos, se nos caían las lágrimas", contó Mauricio sobre las emociones que lo embargaron el último 5 de junio, cuando todas las historias de sus ocho años de travesía parecían revivirse a medida que el auto avanzaba a ritmo lento por esas tierras norteamericanas, que dejaban de ser un sumple objetivo para volverse un nuevo paisaje por descubrir.

Los viajeros se conocieron en La Plata en 2007, cuando ella estudiaba la Licenciatura en Alimentos y él, el Profesorado de Química. Micaela coincidió en la cursada de algunas materias con Mauricio, que la invitó a su Andacollo natal para empezar una vida juntos. Se casaron en 2014 y desde esa localidad empezaron a abrigar su pasión por los viajes con salidas frecuentes como mochileros.

Hace 8 años, se animaron a dar el paso definitivo. Acondicionaron su "Megancete", un Renault con casi tres décadas de historia, para convertirlo en una suerte de motorhome. Y se lanzaron a la ruta: querían unir Ushuaia, el extremo sur del continente, con Alaska, a donde llegaron el pasado 5 de junio después de ocho años de una travesía que incluyó cientos de ciudades, nuevos amigos, problemas mecánicos y hasta hechos históricos que los tuvieron como testigos.

"Recorrimos Alaska casi un mes, hicimos el 90% de sus rutas", le dice Mauricio a LM Neuquén desde un taller mecánico de Connecticut, Estados Unidos, donde espera una nueva reparación de su vehículo. Después de haber cumplido el objetivo, hoy piensan en el regreso. Y, fieles a su personalidad soñadora, quisieron redoblar la apuesta y volver manejando.

La pareja se propone desandar la ruta a un ritmo más veloz, pero sin apurarse demasiado: creen que regresarán a Neuquén dentro de un año y medio. Este tránsito será también una depedida de su Megancete, que ya acusa la intención de cerrar su ciclo de vida útil. "La idea es seguir viajando, pero va a tener que ser por otros medios", dijo Mauricio y aclaró que, pese a que el coche acumula cada vez más desperfectos mecánicos, no tiene intención de desprenderse de él. "No lo vendería nunca, tengo que buscar un lugar para dejarlo", aclaró.

Mauricio y Micaela documentan cada etapa de su viaje en su canal de YouTube y sus cuentas en redes sociales. Para la llegada a Alaska, filmaron un video especial: una grabación de una hora que los muestra llorando la mayor del tiempo. Además de la satisfacción por el sueño cumplido, la emoción se mezcló con el alivio por culminar un proceso en el que vencieron toda adversidad.

"Teníamos malos pronósticos, nos decían que no íbamos a poder, pero logramos demostrar que con pocos recursos y lo que tenés a mano podés cumplir tus sueños", afirmó. En ese mes recorriendo los paisajes agrestes del norte, disfrutaron de su sueño cumplido, de las jornadas de verano a pleno sol y de la emoción anticipada por reencontrarse con lso suyos. "Creo que volver a Andacollo va a ser tan emocionante como llegar a Alaska", aseguró Mauricio.

El día a día de un viaje que desafió todos los pronósticos

La pareja se decidió a viajar con los recursos que tenían. Aunque conocían historias de otros viajeros que hacían la travesía en casillas rodantes, motorhome o camionetas, ellos adaptaron un auto familiar para poder utilizarlo también para descansar. Retiraron los asientos traseros y armaron una cama que les permite dormir estirados, y documentaron todo el proceso en un video que se hizo viral en YouTube.

"El 90% del viaje lo hicimos durmiendo en el auto y sólo el 10% nos quedábamos ne casas de familias o hacíamos cambios con hoteles", dijo y aclaró que, al principio del viaje, empezaron a vender artesanías para pagar las comidas o el siguiente tanque de combustible.

"En la pandemia llegó la posibilidad de monetizar nuestro canal de YouTube, se vio bastante un video de cómo armamos el auto, así que empezamos a hacer videos semanales, al principio sólo ganábamos unos centavos de dolar pero el ingreso hoy fue creciendo y nos ayuda a seguir creciendo. Ahora hacemos intercambios con marcas en redes, y las complementamos con los ingresos de los videos y de nuestras artesanías", relató.

La pareja suele quedarse al menos una semana en cada ciudad que visitan. Así, lograron conocer el continente lejos de los monumentos turísticos o las excursiones más comerciales. Por el contrario, eligen conocer a su gente y disfrutan cuando los locales les abren las puertas de sus hogares y les muestran la auténtica vida hogareña de cada lugar.

Aunque atesoran la alegría de forjar nuevas amistades,disfrutar playas paradisíacas o conocer paisajes impresionantes, también sufrieron la decisión de no haber elegido un auto más compatible con una travesía tan exigente. "Uno puede elegir un vehículo más compatible pero eso no debería ser un limitante. En América Latina los mecánicos se adaptan, le encuentran la vuelta y resuelven todo. En Nortamérica no pasa eso del ingenio", aclaró el viajero.

Y pese a que el coche exigía visitas frecuentes al taller, aseguró que nunca pensaron en abandonar. "En Colombia sí pensamos en dejar el auto. Consultamos a 15 mecánicos y nadie podía detectar la falla y por qué se paraba el motor en cualquier lado", dijo y aclaró que, por un momento, interpretaron ese obstáculo como una señal para dejar al Megancete.

"El problema es que, una vez que entrás a Panamá, no es fácil volver a Sudamérica y no íbamos a conseguir repuestos en Centroamérica", dijo y siguió: "Avanzamos a media máquina por asistencia de unos amigos, y mágicamente en Panamá lo agarró un colombiano y encontró la falla en la bomba de combustible, encontró una bomba de otra marca y solucionó algo que tardamos meses en detectar".

Aunque hoy el auto sigue generando inconvenientes, ya logró su cometido de llevarlos hasta el extremo norte del continente. Hoy, mientras desandan su ruta por Estados Unidos, sonríen al observar la expresión de sorpresa de los traseúntes. "Ellos no están acostumbrados a ver autos de los 90 circulando", aclaró el viajero.

Una travesía marcada por el fútbol

Además de su amor por los viajes y la vida nómade, el fútbol es otro de los puntos que unen a la pareja. Ella es de San Lorenzo y él es fanático de River y de la selección. "Soy un apasionado, hasta escribí un libro que se llama 'La pelota que me parió', pero no era de ir a la cancha porque me quedaba muy lejos de Andacollo", explicó.

En medio de su viaje por Colombia, supieron que River iba a disputar un partido de la Copa Libertadores en Venezuela. "Teníamos el dinero justo para atravesar todo Colombia. Tardamos todo el día llegar y logramos ver a River en otro país", dijo sobre una experiencia que renovó su sentido nacionalista.

Al final del viaje, mientras exploraban las rutas remotas de Alaska, se propusieron darle un cierre futbolero a su aventura. "Nos fuimos a Nueva York justo para la Final. Las entradas eran inaccesibles pero estuvimos en el banderazo y disfrutar de todo el entorno que se arma alredor", aclaró.

Otra vez, llegar a tiempo se transformó en una odisea. "Teníamos 7 mil kilómetros hasta Nueva York y el auto ya venía con problemas. Tuvimos que recorrer 10 horas por día, a 80 kilómetros por hora, y hasta reemplazar un parabrisas que se rompió por el camino", relató. "Tardamos 15 días y llegamos a las 3 de la tarde, justo dos horas antes del banderazo. Estacionamos cerca de una parada de subte y nos fuimos con lo justo a Times Square", añadió.

La impronta futbolera es otro de los condimentos de su viaje, caracterizado por su ritmo lento y por haber creado una verdadera comunidad por el camino: no sólo conocen personas nuevas todos los días sino que muchos de sus seguidores se integran a sus crónicas y siguen cada avance en el camino como un logro compartido.

El sueño de vencer las fronteras

Micaela y Mauricio vivieron situaciones complejas, paseos relajados y hasta momentos históricos en sus destinos. Les tocó la pandemia en Uruguazy, y llegaron a Venezuela durante las últimas elecciones, atravesadas por denuncias de fraude y un clima convulsionado en el país. También vivieron la tensión política en Perú, con el enfretamiento de facciones políticas y la declaración del toque de queda.

Pese a que cada destino presentaba sus propias complejidades, la pareja buscaba descubrir cada destino sin prejuicios y con ansias de conocer sus fibras más auténticas. "Siempre decimos que el país que más nos sorprendió y nos enamoró fue Venezuela. Sentimos una conexión con la gente y los paisajes que son increíbles, vimos playas paradisíacas y una calidad humana que no vimos en otros países", dijo y añadió: "Conocimos a muchos padres de familia muy agradecidos con Argentina porque había recibido a sus hijos".

"Hicimos muchos amigos en el camino, nos da ganas de volver a Costa Rica, en Colombia queríamos volver sin problemas mecánicos y sin duda Venezuela a visitar amigos. En Perú nos quedó Machu Pichu porque estaba cerrado cuando fuimos", relató Mauricio.

En ocho años, la pareja atravesó miles de experiencias y llenó sus retinas con paisajes nuevos. Pero en cada frontera superado vencieron también sus prejuicios y se empaparon de una nueva cultura que permitió expandir sus horizontes y comprender mejor las formas distintas de vivir, desde la vestimenta y las comidas hasta las formas de celebrar o expresar afecto.

"Hay muchos países del que te dicen que es peligroso o que se vive mal pero al llegar vemos que en todos hay cosas buenas y malas, y siempre se sabe más lo malo", dijo y agregó: "Queríamos hacer nuestra propia experiencia. De todos los países nos llevamos buena impresión".

Con esos recursos, y la decisión de cambiar de medio de transporte, hoy sueñan con regresar a casa por poco tiempo. Después del ansiado abrazo con los suyos en Andacollo, planean volver a partir. Evalúan recorrer de nuevo todas las provincias argentinas, hacer otro viaje latinoamericano o hacer una travesía similar que los desafíe en Europa.

Otra vez, sin planes ni destino, sin ahorros ni hoteles reservados; sólo con una premisa de entender la vida como un viaje y seguir en tránsito, en una rutina nómade que ya se volvió parte de su propio andar.

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