{# #} {# #}

ver más

De arbolitos, navidades y ansiedades inocentes

Las compras de los adornos, el armado del pinito de Navidad durante la niñez, un ritual que sigue vivo en el recuerdo de muchos adultos.

Es inevitable bucear en los recuerdos navideños cada vez que comienza diciembre. Supongo que a todos los adultos le pasará. Al menos, a los más nostálgicos.

El armado del arbolito de Navidad en mi infancia era un ritual que comenzaba en los primeros días del mes con el recambio obligado de los adornos que se habían roto durante las fiestas pasadas. Era casi una obligación porque en aquel entonces las esferas que adornaban los pinos eran de vidrio y su fragilidad dependía casi siempre de la ansiedad y la torpeza de niños y grandes.

En la casa de mi infancia había un pino enorme de color blanco, de casi dos metros, que necesitaba una gran cantidad de artículos para decorarlo, desde las bolitas de todos los tamaños que iban de mayor a menor desde la base hacia arriba, las guirnaldas de colores que colgaban entre las ramas, el puntal con una estrella que remataba en lo más alto, los cables de luces que le darían magia en las noches y una lata enorme de galletitas que había que rellenar con tierra y forrarla con papel para contener el peso del pino. Por eso en cada comienzo de diciembre, en las primeras compras navideñas que arrancaban en esas fechas, también se incluían todos estos productos para armar el arbolito el 8 del mes, en el Día de la Virgen, como marca la tradición.

Arbolito 2.jpg

El 24, durante la Nochebuena, se convertiría en un lugar clave para guardar los regalos a las apuradas mientras nos distraían en la vereda o en el jardín mirando las estrellas y contándonos que en minutos llegaría Papá Noel.

Aquel contagioso entusiasmo se fue diluyendo de a poco a medida que iban pasando los años hasta que los chicos dejamos de ser chicos y el pino quedó reducido a una sola rama que se convirtió en un arbolito más modesto y pequeño, pero que cumplía con las costumbres de siempre. A partir de ese momento que no sé exactamente cuándo comenzó, se terminaron las compras para renovarlo y de la otrora ceremonia familiar tan esperada se encargó mi mamá, en soledad, pero con la misma dedicación.

Supongo que cada uno tendrá sus recuerdos de infancia sobre las antesalas de aquellas navidades cargadas de expectativa que quedaron archivadas para siempre en nuestra niñez.

A mí me llegan como cataratas cada vez que comienza diciembre. Y me encanta pensar que en muchas casas aún hay niños esperando que comience ese maravilloso ritual, mirando maravillados los adornos, eligiendo colores, colgando guirnaldas, disfrutando esa inocencia en estado puro.

Te puede interesar