Con solo 11 años dejó la provincia para potenciar su juego en España. Hoy, a los 16, la única neuquina en el circuito europeo supera una lesión en el CeNARD y apunta a lo más alto: "Mi sueño es llegar a Roland Garros".
A los 11 años, Isabel Arabarco tomó una decisión que cambiaría su vida: jugársela por completo y armar las valijas rumbo a España. ¿El objetivo? Perfeccionar su juego, potenciar su talento y mostrar su tenis en cada court europeo que se le presentara. Hoy, a los 16, su meta sigue intacta y brilla con la misma fuerza que el primer día: convertirse en tenista profesional.
Actualmente, la joven se entrena y se pone a punto en el CeNARD (Centro de Alto Rendimiento Deportivo) para recuperar terreno y encarar el resto del 2026 a pleno. Es que "Isa" —como la llama su círculo más cercano— venía arrastrando un fuerte dolor en su mano izquierda que la obligó a pasar por el quirófano en marzo. Afortunadamente, la cirugía fue un éxito y ahora el foco está puesto en la recuperación para salir a sumar los puntos que le permitan aspirar a los grandes torneos de la temporada.
A pesar de su corta edad, la historia de la neuquina tiene un capítulo bisagra, casi anecdótico, que fue determinante para dar el gran salto al Viejo Continente.
Cuando la pandemia de COVID paralizó a la Argentina en marzo de 2020, trayendo meses de incertidumbre y angustia, para Isa se abrió una ventana de oportunidad. Ante las estrictas restricciones sanitarias, el único escenario que encontró para no dejar de pegarle a la pelota fue la playa de estacionamiento de su casa. Tenía apenas 10 años.
"Durante la pandemia me dediqué a entrenar en la cochera. Pasaba entre cuatro y cinco horas, entre la mañana y la tarde. Hacía un poco de físico y tenis; se mezclaba un poco la diversión porque no se podía salir", recuerda hoy la joven atleta.
Al ver el entusiasmo inquebrantable de su hija, su padre, Martín (ex gastronómico), puso en marcha el plan. Observó que en Europa, pese a la situación sanitaria, el circuito permitía entrenar bajo cualquier escenario meteorológico. Así fue como se lanzó el desafío de cruzar el Atlántico.
"Era un mix de cosas. Pero la causa principal de irme a Europa fue que allá hay mucho más nivel en el circuito femenino que en Sudamérica. Además, me daba la posibilidad de jugar muchos más torneos y de otra exigencia", destaca Isabel.
A pesar de estar construyendo su carrera del otro lado del Atlántico, Isabel no ha dejado de disputar torneos en Argentina cada vez que regresa. Al trazar un paralelo entre ambos mundos, la neuquina analiza con madurez cómo se marca la diferencia en el tenis actual: "Los torneos de acá tienen un buen nivel. Allá, en Europa, hay más chicas, pero el problema es que podés quedar como alterna en un montón de cuadros. Todavía no tuve la oportunidad de jugar muchos torneos WTA, por lo que no puedo opinar tanto de ese circuito grande. Pero en los ITF la cosa cambia un poco: hay muchas más chicas con el mismo nivel, aunque recién te las empezás a cruzar fuerte a partir de los cuartos de final".
Vale destacar que el circuito femenino está estructurado en diferentes niveles (donde los ITF son el escalón de entrada al profesionalismo y los WTA la elite), los cuales determinan tanto la cantidad de puntos para el ranking mundial como los premios económicos en disputa. En ese universo tan competitivo, Isabel es actualmente la única tenista de Neuquén instalada de forma permanente en el ámbito europeo.
Sin embargo, la realidad del tenista sudamericano suele ser la de un nómade constante, y Arabarco explica cómo se mueven sus compatriotas: “Muchos jugadores argentinos lo que hacen son giras. Van dos meses a Europa y otros dos meses a Monastir (Túnez), que es una ciudad mundialmente famosa por albergar decenas de torneos profesionales seguidos. No puedo asegurar si hoy hay otro neuquino girando todo el tiempo”.
El desembarco en el Viejo Continente no fue una improvisación. Recomendada por su entonces entrenador en Buenos Aires, Leonardo Bordón, Isabel recaló en el club Sport Tennis Cunit, ubicado en Tarragona, España. "No me fue difícil acomodarme. Los entrenadores allá eran argentinos (Degreef y Guadalupe Pérez Rojas) y además, durante cuatro meses al año, me volvía a Argentina para seguir entrenando con Leo", explica sobre esa etapa de transición.
Sin embargo, el verdadero choque cultural y deportivo se dio dentro de la cancha. La joven neuquina recuerda perfectamente el impacto de sus primeras impresiones en el circuito europeo: "Lo primero que vi es que las chicas son mucho más grandotas físicamente. Además, el entrenamiento allá es mucho más personalizado para las mujeres. En Argentina se entrena más al estilo de los hombres, por ejemplo, machacando mucho la derecha invertida; algo que en el circuito femenino europeo casi no se hace porque la mujer juega más plano".
El ritmo competitivo también le exigió un cambio de chip inmediato: "Allá hay que jugar todos los partidos con la misma intensidad. No existe eso de entrar tranquila a una primera ronda. Yo estaba acostumbrada a jugar los primeros partidos más relajada, pero cuando llegué allá fue como recibir un golpe de realidad. Fue un 'no, querida’. Fue duro, pero me fui acostumbrando", confiesa.
Por otro lado, una de las notables diferencias, se da en jugadores que ya tienen un ritmo y están acostumbradas a un nivel de juego: “Ellas te pueden jugar cuatro horas al mismo nivel y en mi caso puedo aguantar una hora y media o dos. Esa es la diferencia que logran. Eso se va logrando cuando competís y vas ganando horas de partidos”.
Esos primeros golpes en Europa los pudo asimilar gracias a la sólida formación que traía desde su tierra natal. Isa dio sus primeros pasos en el Tenis Club Neuquén de la mano de Guille Lautre y Gonzalo Márquez.
"Cuando empecé a competir un poco más fuerte me fui a entrenar con Miguel Atie (histórico formador de la región). Ahí arranqué con mis primeros Abiertos, Regionales y Nacionales en Sub 10, Sub 12 y Sub 14", rememora sobre una etapa dorada entre sus 8 y 11 años, donde se consagró campeona en múltiples oportunidades. Esa escuela fue su gran respaldo: "Me fui con una muy buena base a Europa. Allá mismo me lo remarcaban; de más chica nunca me tuvieron que cambiar la técnica".
Hoy, enfocada en dejar atrás la lesión en su mano izquierda, Arabarco se rodeó de un equipo de trabajo de elite en el CeNARD. Su entrenadora es la ex tenista Romina Ottoboni (quien supo ser 286ª del mundo), el emblemático Horacio Anselmi (histórico preparador físico de Los Pumas y Las Leonas) junto a Damián Ferri lideran la parte física, y la doctora Alejandra Hintse supervisa el área deportológica.
Con el alta médica cada vez más cerca, la neuquina ya le pone fecha al regreso a las canchas: "A partir de junio empiezo a entrenar en doble turno. Venía haciendo una hora y media de físico por la mañana y otra hora y media de tenis por la tarde. Ya estoy casi recuperada y pegándole de revés. El objetivo es llegar a mediados de julio para volver a jugar torneos".
Actualmente, Isabel alterna competencias en el circuito ITF Junior (la antesala al profesionalismo) e ITF Women’s (la rampa de lanzamiento al circuito WTA). "En el ranking ITF estoy 880. Hay cinco grados de torneos; hasta los J60 entro tranquila a los cuadros principales. En los Grado 3, depende de cómo cierre la lista, puedo entrar al cuadro o a la qualy (clasificación). Ya en los más altos me toca remarla desde la qualy porque el nivel es tremendo", detalla con la claridad de quien conoce el paño.
En el ritmo vertiginoso del tenis moderno, Isabel afronta una exigencia física etrema, disputando entre 90 y 120 partidos al año. “Depende de cuántos torneos encares y de cómo te vaya. Si ganás, sumás una gran cantidad de partidos; si perdés en primera ronda, el número cambia", explica.
A la hora de definir su identidad en la cancha, Isa no duda: le encanta ser agresiva y mandar con su derecha invertida. “Ahora estamos enfocados en el saque y en trabajar el revés por el tema de la muñeca. Mejoré un montón el servicio, pero la verdad es que bajo presión, en los partidos, siempre vas a buscar tu golpe de confianza”, analiza con madurez.
Esa búsqueda de agresividad la conecta con el tenis que hoy domina el circuito mundial: “Me encanta pegarle fuerte... Las mujeres hoy ya estamos pegando durísimo. Aryna Sabalenka, por ejemplo, ya impacta algunas pelotas a la misma velocidad que Carlos Alcaraz o Jannik Sinner. Mis entrenadores me dicen que de potencia estoy muy bien, pero que el desafío ahora es meter más pelotas con esa velocidad lograda; es decir, cometer menos errores no forzados”.
Para la neuquina, cada partido se encara con una estrategia milimétrica, aunque siempre con un sello propio: “Creo que ya tengo una identidad fija. La idea es entrar siempre con un plan de juego claro, y lo que se va adaptando según la rival es la táctica”.
A la hora de elegir una superficie para jugar escoge el cemento porque se siente “cómoda”, ya que en el Tenis Club hizo todo su “desarrollo en ese terreno. “Hasta el momento he jugado en cacha dura y de polvo. Cuando se cambia hay que hacer otro tipo de trabajo; en el polvo te deslizas más", acotó la joven que tiene como tenista favorita a Marta Kostyuk. "Me gusta mucho su revés y me encantaría tener su juego", confesó.
Sabiendo que el aspecto mental representa la gran mayoría del éxito en el tenis competitivo, Arabarco sumó recientemente a su equipo a una psicóloga deportiva. Aunque la cirugía de marzo le impidió volcar este trabajo en la cancha, el entrenamiento invisible no se detuvo.
“Estuvimos haciendo muchas sesiones de visualización y me sirvió un montón. De más chica admito que tiraba mucho la raqueta; ahora, si me llego a enojar y la tiro, es un segundo y el enojo ya no me arrastra durante el resto del partido", confiesa. Esa madurez es vital en un circuito donde la diferencia de edad y experiencia puede ser intimidante: "Quieras o no, te toca jugar contra chicas muy grandes. En el circuito profesional ya me enfrenté a una jugadora de 33 años; ahí tenés que plantar carácter y personalidad, porque si no te pasan por arriba. Casi siempre el promedio de edad de chicas que enfrento es de 23 o 24 años”.
Su talento no pasó desapercibido para las grandes marcas. En 2023, con apenas 13 años, Isabel firmó su primer contrato internacional con Wilson, un gigante del tenis. “Fue hermoso. Siempre quise tenerlos de sponsor porque juego con sus raquetas desde muy chiquita”, recuerda con una sonrisa.
El fichaje fue digno de una película de cazatalentos: “Estaba jugando un torneo en París y un representante de Wilson se le acercó a mi papá para dejarle su tarjeta; después de eso cerramos el acuerdo. Hay una gira de Sub 14 donde jugás dos torneos en Francia y uno en Alemania, y terminás en el Mundial de la categoría. Ahí van todas las marcas que te puedas imaginar a buscar promesas, y ahí fue donde pude asegurar el contrato”.
Actualmente, "Isa" divide su vida entre Barcelona (donde entrena en el club UNIC) y Buenos Aires. A pesar del desarraigo que implicaría para cualquier adolescente, ella asegura que la transición fue natural. “No me afectó mucho el cambio. Mi mejor amiga es de España, en Neuquén tengo a mis amigas de siempre y en Buenos Aires comparto con muchas chicas que entrenan cerca mío”, cuenta.
Para sostener este ritmo, debió volcarse a la educación a distancia a través del SEADEA (Sistema de Educación a Distancia del Ejército Argentino), la institución virtual elegida por la mayoría de los deportistas de alto rendimiento del CeNARD. “Siempre tuve la decisión firme de jugar al tenis. Cuando llegué a España era muy chica y quizás no extrañaba tanto, era un 'chau, nos vemos'. Ahora un poco sí se extraña, pero no me cuesta porque sé perfectamente lo que quiero”.
Con los ojos puestos en la segunda mitad del 2026, los objetivos de la neuquina son tan altos como claros: sumar sus primeros puntos WTA, ganarse un lugar en el Sudamericano Sub 16 a fines de agosto y empezar a edificar el gran salto hacia los Grand Slams de la categoría Junior para el próximo año.
“Para entrar a los Grand Slams Juniors hay que estar Top 100. No sé si voy a llegar al Abierto de Australia porque la lista cierra muy temprano, pero como después voy a tener más torneos para sumar, creo que a Roland Garros sí puedo llegar. El objetivo es siempre convertirme en tenista profesional. Me empuja todo el esfuerzo que hice y el que tengo que seguir haciendo para lograrlo”, concluyó con la determinación de quien se prepara para conquistar el polvo de ladrillo de París.