El mal aliento, también conocido como halitosis, puede dar vergüenza y, en algunos casos, traer de la mano otros problemas, como la ansiedad.
Y en las góndolas, ya no llama la atención que estén llenas de pastillas de menta, chicles, enjuagues bucales y otros productos diseñados para combatir el mal aliento. Sin embargo, muchos de estos productos son solo medidas temporarias porque no combaten la causa del problema.
Entre las causas del mal aliento, se encuentran algunos alimentos, enfermedades y hábitos. En muchos casos, la higiene dental adecuada y constante puede mejorar el mal aliento. No obstante, si las técnicas simples de cuidado personal no resuelven el problema, profesionales recomiendan consultar con un dentista o médico para investigar cuál es la causa, porque puede convertirse en un problema que preocupe.
El mal aliento varía según el origen o la causa subyacente. “Algunas personas se preocupan demasiado por el mal aliento, pese a tener muy poco o nada de olor en la boca; en cambio, otras personas tienen mal aliento y no lo saben. Debido a que es difícil evaluar el propio aliento, se puede pedir a un amigo cercano o pariente que te saque las dudas acerca del mal aliento”, se aconsejó.
En primer término hay que revisar los hábitos de higiene bucal. Se pueden realizar cambios en el estilo de vida, como cepillar los dientes y la lengua después de comer, usar hilo dental y beber mucha agua.
Si el problema continúa después de hacer esos cambios hay que realizar una consulta odontológica. “Si el dentista sospecha que un trastorno más grave está provocando tu mal aliento, posiblemente te derive a un médico para encontrar la causa del olor”, recomendaron especialistas de la Clínica Mayo.
La mayoría de los casos de mal aliento comienzan en la boca, y existen varias causas posibles. Algunas de ellas son:
También la lengua puede atrapar bacterias que producen olor. En las dentaduras postizas que no se limpian con regularidad o que no encajan bien pueden quedar bacterias y partículas de alimentos que causan olor.
En ocasiones, el origen del mal aliento pueden ser pequeñas piedras que se forman en las amígdalas y se cubren de bacterias, lo que produce olor. También las infecciones o la inflamación crónica en la nariz, los senos paranasales o la garganta, que contribuyen al goteo nasal posterior, pueden provocar mal aliento.
En algunos casos, debido a algunas enfermedades y afecciones, como los trastornos metabólicos, se puede originar un mal aliento distintivo debido a las sustancias químicas que producen. El reflujo crónico de los ácidos estomacales (reflujo gastroesofágico o GERD) puede asociarse con mal aliento.
En los niños pequeños, el mal aliento puede ser causado por algún cuerpo extraño, tal como un trozo de alimento, alojado en una de las fosas nasales.
Es probable que el dentista sienta el aliento de tu boca y el de tu nariz, y clasifique el olor de acuerdo con una escala. Debido a que la parte trasera de la lengua es a menudo el origen del olor, el dentista también puede rasparla y clasificar el olor.
Para reducir el mal aliento, prevenir las caries y disminuir el riesgo de sufrir enfermedades de las encías, se debe mantener siempre una buena higiene bucal. El tratamiento posterior para el mal aliento puede variar, según la causa. Si se piensa que tu mal aliento se debe a una afección no diagnosticada, es probable que el dentista te derive a tu médico de cabecera.
Si se trata de causas relacionadas con la salud bucal, el dentista trabajará contigo para ayudarte a controlar mejor esa afección. El tratamiento dental puede incluir:
Enjuagues bucales y dentífricos. Si tu mal aliento se debe a una acumulación de bacterias (placa) en los dientes, el dentista puede recomendarte un enjuague bucal que elimine las bacterias. El dentista también puede recomendarte un dentífrico que contenga un agente antibiótico para eliminar las bacterias que causan la acumulación de placa.
Tratamiento de enfermedades dentales. Si tienes una enfermedad de las encías, es posible que te deriven a un especialista en encías (periodoncista). Las enfermedades de las encías pueden hacer que estas se replieguen y se alejen de los dientes, lo que deja huecos profundos que se llenan de bacterias causantes de olores.
Cómo reducir o prevenir el mal aliento: