La historia de Marcos Contreras, el joven que creció en el norte neuquino con los valores del deporte, dejó su carrera para apostar por lo que amaba. Hoy es un referente del entrenamiento personalizado que sueña con su propio gimnasio.
Las raíces siguen profundamente hincadas en el suelo de Chos Malal, ciudad histórica situada en el norte de la provincia que fue fundada en 1887. Y donde el chivito ha marcado una profunda identidad en toda esa zona.
Allí creció, entre la calidez de un pueblo cordillerano, las enseñanzas de una mamá profesora de Bellas Artes y la impronta deportiva de un papá profesor de Educación Física y apasionado del handball. Aquella infancia no fue una postal estática; fue un terreno fértil donde germinaron los valores que hoy comandan su rutina: responsabilidad, compromiso, respeto y una disciplina a toda prueba.
Marcos Conreras, a los 18 años, cargó su valija de sueños y cruzó la provincia para instalarse en Neuquén Capital. El primer destino formal fue el Instituto Séneca para estudiar Radiología. Le interesaba la medicina, la salud y la compleja maquinaria del cuerpo humano. Sin embargo, la vida tenía preparados otros planes. Mientras cursaba los primeros años, los hilos invisibles de otra pasión comenzaron a tirar con más fuerza. Quizás jamás imaginaría que sería una pieza más de la industria del Fitness local.
“Nací y crecí en Chos Malal, un pueblo hermoso al que le tengo muchísimo cariño. Ahí hice toda mi primaria y secundaria y también fue donde se formaron muchos de los valores que después me acompañaron”, asegura Marcos.
“El deporte estuvo presente desde que tengo memoria. Crecí en una familia que siempre me acompañó y me enseñó el valor de comprometerme con lo que hacía”, agrega.
“Empecé Radiología en el Instituto Séneca, aunque en ese momento todavía no sabía que aquello que terminaría convirtiéndose en mi profesión ya formaba parte de mi vida desde varios años antes”, asegura.
Previo a terminar sus estudios en el nivel medio, el joven del norte neuquino confesó que no tenía completamente definida su vocación. “Estaba entre Enfermería y Radiología porque siempre me interesaron la medicina, la salud y el funcionamiento del cuerpo humano”.
Y si bien se inclinó por la Radiología, con el tiempo comenzó a tomarle el gusto a la carrera. De todos modos, el entrenamiento ya ocupaba un espacio importante en su vida. "Mirándolo hoy, creo que entre ambos caminos siempre hubo algo en común: la curiosidad por entender el cuerpo humano y cómo podemos trabajar para mejorarlo”, explica.
“Era una carrera relativamente corta y me permitía proyectarme laboralmente mientras seguía desarrollando lo que realmente me apasionaba. Mientras estudiaba ya daba asesorías online y empezaba a tener mis primeros alumnos presenciales. En ese momento pensaba que ambas cosas podían convivir. Pero el fitness empezó a ocupar cada vez más espacio hasta transformarse en mi principal proyecto profesional”, detalla.
Marquitos se encontraba sumergido entre el estudio y las asesorías online con sus primeros alumnos, cuando junto a su novia comenzó su primer emprendimiento de indumentaria deportiva femenina. "Ella fue un pilar fundamental en esa etapa. Me impulsó mucho a animarme a emprender, a pensar más allá y a querer mejorar constantemente nuestros proyectos. Fueron años bastante intensos: estudiar, trabajar con alumnos y aprender a llevar adelante un negocio al mismo tiempo. Pero justamente en ese proceso empecé a descubrir cuánto me gustaba construir algo propio y verlo crecer", destaca.
Contreras completó los primeros dos años de la carrera de Radiología. Paralelamente sus alumnos presenciales habían empezado a crecer y el emprendimiento demandaba cada vez más tiempo y responsabilidad: “Llegó un punto en que tuve que decidir dónde poner realmente mis fuerzas. En ese momento dejar una carrera podía sentirse como un fracaso, porque había mucho esfuerzo detrás”.
“Con el tiempo lo entendí de otra manera: no siempre dejar un camino significa fracasar; a veces significa animarse a apostar por otro. Y decidí apostar por lo que ya venía creciendo y por lo que realmente me apasionaba: el fitness, mis alumnos y los proyectos que estábamos construyendo”, señala.
Su relación con el fitness comenzó a los 15 años. En esa etapa, para Marcos el handball era prácticamente el centro de su vida deportiva. 'Empecé a ir al gimnasio para mejorar mi rendimiento', dirá. “El gran cambio llegó alrededor de los 16, cuando mi papá me presentó a Mauricio Méndez, un fisicoculturista de Chos Malal. Ahí empecé a conocer este mundo de otra manera: entrenaba prácticamente todos los días, cuidaba mucho más mi alimentación y cada vez quería aprender más”', recuerda.
“En esa etapa el apoyo de mis padres fue indispensable. Mi mamá me ayudaba a preparar las viandas para llevar al secundario y mi papá siempre estuvo acompañándome desde el deporte. Más allá de eso, lo más importante fueron los valores que ambos me habían inculcado desde chico: disciplina, sacrificio, responsabilidad y dedicación”, afirma.
A los 18 años Marquitos tuvo su gran primer desafío al viajar a Buenos Aires para competir en la Copa Mercosur: "Salí segundo en la categoría Men’s Physique. Fue cumplir un objetivo enorme. Y con el tiempo entendí que detrás de ese chico que se subió a competir había una familia que lo había acompañado y preparado, mucho antes de llegar a ese escenario".
Tras esa experiencia el neuquino descubrió que el fitness y el fisicoculturismo eran muchísimo más amplios que conseguir una determinada figura. "Al principio me fascinaba ver hasta dónde podía transformarse un cuerpo. Después empecé a descubrir todo lo que había detrás. La alimentación, el descanso, los hábitos, la psicología deportiva y, sobre todo, la importancia que tiene la actividad física para una persona que quizás jamás quiera competir", sostuvo.
"Ahí mi mirada cambió: dejé de pensar el entrenamiento solamente como una herramienta para transformar un cuerpo y empecé a entenderlo como una herramienta para mejorar la calidad de vida".
Mauricio Méndez fue quien le mostró a Contreras la puerta de entrada a ese mundo de los músculos, pero luego todo dependió del chosmalense. “Después fui construyendo mi propio camino. Hice cursos, pasé por diferentes academias y traté de perfeccionarme en distintas áreas. Siempre fui bastante curioso y preferí aprender de diferentes fuentes, cuestionar, probar y seguir actualizándome", cuenta.
El entrenamiento presencial es actualmente el fuerte de Contreras. Su primera camada de alumnos fueron personas del mismo gimnasio al que empezó a llegar cuando arribó desde Chos Malal: “Éramos apenas cuatro o cinco. El gran crecimiento llegó hace aproximadamente dos años, cuando decidí dedicarle muchas más horas y apostar de lleno a que esto fuera mi profesión”.
“Lo que más valoro no es solamente haber sumado alumnos, sino que varios de los que confiaron en mí durante aquellos primeros años todavía siguen conmigo. Para mí esa continuidad habla de algo mucho más importante que una clase: habla de confianza, compromiso y un vínculo construido con el tiempo”, asegura.
Muchas personas llegan a un entrenador personalizado sin mucha información y solo piensan en cómo pueden transformar su físico lo antes posible. Marcos indicó que lo primero que hay que observar es la trayectoria y los resultados que ese profesional consiguió con otras personas. "Las redes permiten que cualquiera pueda mostrarse como entrenador. Es importante ir un poco más allá y observar qué trabajo real hay detrás", opina.
"Si busco alcanzar determinado nivel físico, me genera confianza saber que quien me guía también recorrió ese camino. Eso no significa que tener un físico convierta automáticamente a alguien en un buen entrenador. Tiene que existir formación, experiencia y capacidad para individualizar el trabajo. Para mí la combinación es trayectoria, resultados, conocimiento y coherencia", destaca.
Cuando alguien se decide por el entrenamiento personalizado el pedido u objetivo más frecuente es el descenso de peso y el cambio estético. “Casi inmediatamente aparece la pregunta; ¿En cuántos meses puedo estar así? Para mí ahí empieza realmente el trabajo. Antes de hablar de meses hay que conocer el punto de partida, los hábitos y, principalmente, el compromiso que esa persona está dispuesta a asumir”.
“No me gusta vender resultados mágicos. Muchas veces alguien llega solamente porque quiere verse mejor y, con el tiempo, descubre que también se siente más fuerte, tiene más energía y empieza a construir hábitos. La estética puede ser la puerta de entrada, pero no necesariamente tiene que ser el único motivo para quedarse”.
En su mayoría los alumnos de Marcos son mujeres. Y ha notado cómo cambió la relación de la mujer con el entrenamiento de fuerza. "Hoy hay más información y muchas mujeres entienden que entrenar con pesas no es solamente una cuestión estética. Algunas empiezan queriendo mejorar su composición corporal y después descubren beneficios relacionados con la fuerza, la movilidad, la confianza y la calidad de vida”.
"Algunas (mujeres) se plantean objetivos mucho más exigentes, incluso competir en fitness. Eso demuestra que llegar a determinada edad no significa resignarse simplemente a 'mantenerse'".
Generalmente la persona que se lanza al gimnasio llega con mucha motivación y con un objetivo estético. “Cuando la motivación está al máximo es relativamente fácil hacer las cosas bien: entrenar, comer mejor y cumplir con el plan. El verdadero desafío aparece cuando esa motivación empieza a bajar. Ahí considero que empieza una parte fundamental de mi trabajo como coach: exigir, acompañar y ayudar a construir disciplina. Siempre intento transmitir lo mismo: la motivación puede hacerte empezar, pero son la disciplina y la constancia las que finalmente te llevan al resultado”'.
Haciendo un rápido análisis sobre si la gente entrena cada vez más por longevidad, apariencia o bienestar, Contreras hizo una fina observación. “Si tuviera que dividirlo en mis alumnos, un 50% empieza principalmente por estética; un 30% ya piensa mucho más en salud, longevidad y calidad de vida; y un 20% incorpora el gimnasio como una especie de obligación positiva dentro de su rutina”, analiza.
“Lo interesante es que después esos motivos se mezclan. Una persona puede empezar queriendo verse mejor y terminar descubriendo que duerme mejor, tiene más energía, se siente fuerte y disfruta de estar activa. Muchas veces la estética abre la puerta y la salud termina dando motivos para quedarse”, acota.
Al dividir las edades en segmentos según lo que busca cada uno, el entrenador sostuvo que entre los 20 y los 35 predominan los objetivos estéticos y de rendimiento. “Ganar masa muscular, bajar grasa, conseguir determinado físico o rendir mejor en algún deporte. Después de los 40 noto un cambio de mentalidad. La estética sigue presente, pero aparece mucho más la preocupación por la calidad de vida y por cómo quieren llegar a mayores”, opina.
Mucha gente recurre en algunos casos al gimnasio para descargar tensiones, estrés, más allá de mejorar su salud y figura. Y ese profe que aguarda en varias oportunidades pasa a prestar la oreja, transformándose en esa especia de psicólogo amigo. “Creo que el vínculo que se genera con mis alumnos es una de las cosas más lindas de esta profesión. Pasamos tantos días y horas juntos que inevitablemente se termina construyendo una relación de mucha confianza”, afirma.
“Muchas veces llegan a entrenar y me cuentan cómo fue su día, cuestiones del trabajo o situaciones personales. Obviamente siempre lo tomo desde mi lugar profesional; no soy psicólogo ni pretendo ocupar ese rol. Si necesitan opinión intento escucharlos y acompañarlos desde donde puedo”, señala.
“Al final uno los termina apreciando muchísimo. Dejás de conocer solamente cuánto levantan o cómo entrenan y empezás a conocer a la persona que hay detrás. El vínculo termina yendo mucho más allá de una hora de entrenamiento”, destaca.
En ese camino que va trazando, Marcos siempre se sorprende de alguna manera con los alumnos que lo han elegido. "Llegan con una mentalidad y, después de atravesar el proceso, terminan siendo personas completamente diferentes en cuanto a sus hábitos", cuenta. Un caso bien claro, que lo marcó de manera especial, es el de una joven que logró bajar 40 kilos. “El número impresiona, sinceramente no es lo que más valoro de su transformación. Lo que más me llena como entrenador es todo lo que hizo durante el camino. Aprendió a entrenar, mejoró muchísimo la ejecución de los ejercicios, entendió cómo alimentarse y, sobre todo, transformó sus hábitos", asegura.
“Para mí, ese es el verdadero resultado. Los 40 kilos se pueden mostrar en una foto o en una balanza; todo lo que una persona aprende y cambia durante el proceso es lo que realmente puede acompañarla para toda la vida. Casos así son los que más me llenan y me recuerdan por qué elegí dedicarme a esto”, destaca con orgullo.
Desde hace ya varios años ha crecido la apertura de gimnasios en la ciudad y son muchos los centros de musculación que se destacan. El gimnasio de Alderete 346 -uno de los históricos de esta ciudad- es para Marquitos su búnker, en donde respira mucho más que su especialidad.
“El lugar donde trabajo actualmente es mucho más que un gimnasio; suelo decir que es mi oficina. Lo elegí por la calidad de su maquinaria, el nivel de limpieza y, principalmente, por la calidad humana de la gente que trabaja y entrena ahí", señala.
“Son aspectos que para mí hacen una diferencia enorme. Porque creo que un gimnasio no debería ser simplemente un lugar lleno de máquinas al que entrás, entrenás y te vas. Conocemos personas, compartimos progresos y momentos. Con el tiempo, un buen gimnasio termina convirtiéndose en una comunidad y en un lugar al que realmente tenés ganas de volver”, destaca.
Vivir del fitness era algo que Marcos veía muy lejano cuando se dedicó a su profesión. Sin embargo, actualmente es su principal fuente de ingresos: “Puedo decir que vivo 100% de algo que me gusta y que elegí”.
“Veía casi imposible poder vivir de la industria del fitness. Lo hacía porque me apasionaba y porque disfrutaba, pero no imaginaba hasta dónde podía crecer. Con el tiempo me di cuenta de que estaba equivocado”.
“A medida que fui profesionalizando mi trabajo, dedicándole más horas y construyendo una cartera de alumnos, aquello que empezó como una pasión terminó convirtiéndose en mi profesión. Hoy poder vivir de lo que me gusta es algo que valoro muchísimo”, confiesa.
Actualmente el neuquino del norte trabaja entre nueve y diez horas por día de manera presencial en el gimnasio. Su tarea no termina ahí: por las mañanas atiende y hace el seguimiento de sus asesorados online. Los fines de semana cambia un poco la dinámica: “Sábados y domingos aprovecho para trabajar en nuestros otros emprendimientos y también dedicarles tiempo a los alumnos online. Es una carga horaria importante, pero creo que también refleja la etapa en la que estoy”.
Para Marquitos, quien se dedica al entrenamiento personalizado, el techo siempre se lo pone uno, aunque al hablar específicamente de clases presenciales, existe un límite. “Si realmente querés brindar un buen servicio, cada alumno necesita tiempo, atención y seguimiento, y llega un momento en el que sumar más personas puede significar bajar la calidad de lo que ofrecés”.
“Lo que aprendí con los años es que el mundo del fitness es muchísimo más grande que dar una hora de entrenamiento. Hay muchas maneras de crecer y creo que ahí está el desafío: reinventarse, profesionalizarse y encontrar nuevos caminos dentro de la misma industria”, acotó.
“Mi gran sueño, y creo que es el de muchos colegas, es tener mi propio gimnasio. Estoy convencido de que se va a dar. No sé exactamente cuándo, pero sé que el camino para conseguirlo es el mismo que me trajo hasta acá. Disciplina, sacrificio y dedicación. Son los valores con los que crecí, los que intento transmitirles hoy a sus alumnos y los que sé que voy a necesitar para alcanzar cualesquiera que sean mis próximos objetivos”, concluyó.