Matías Castillo, de 23 años, es uno de los primeros egresados de la Tecnicatura en Agroecología de Mariano Moreno. Desde su paraje transformó el saber ancestral de su abuela en un proyecto con identidad mapuche.
Desde un paraje del interior profundo del Neuquén, donde el viento baja de la cordillera y la tierra marca el ritmo de la vida, un joven forjado en las costumbres mapuches se animó a dar un salto.
Matías Castillo, de 23 años y oriundo de Trahuncura, paraje ubicado a unos 47 kilómetros de Loncopué, dejó por tres años la rutina del campo para sentarse en un aula. Fue a buscar herramientas para volver mejor a su tierra.
Egresó en la primera cohorte de la Tecnicatura Superior en Agroecología de Mariano Moreno, la primera carrera pública, gratuita y con validez nacional que se dictó en la localidad. Y lo hizo con una tesis que no es solo un trabajo académico: es memoria, es cultura y es futuro.
"Me dan ganas de seguir estudiando, y conociendo más de la agroecología", dijo Matías, con la alegría de quien acaba de cumplir su primera meta grande.
Matías nació y se crio en Trahuncura, cerca de Chorriaca y Huncal. Hizo la primaria en la Escuela 330 de su paraje.
Para la secundaria tuvo que irse a Loncopué. Al no tener lugar donde quedarse, entró al CPEM 10 y vivió en la Residencia Estudiantil. "Me brindaron mucho apoyo y motivación. Hoy estoy más que agradecido con cada profesor y directivo por haber estado ahí y poder terminar mi secundario", expresó.
La noticia de que en Mariano Moreno se iba a dictar Agroecología le cambió el rumbo. "Me motivó la curiosidad de conocer más y aprender sobre el agro. Ya que mi familia vive de la agricultura y ganadería", destacó.
Durante tres años cursó viernes a la tarde y sábados todo el día. Alquiló en la localidad y consiguió trabajo a través de la municipalidad, con el acompañamiento de becas de educación.
"En el transcurso de estos 3 años fue muy lindo, el compañerismo entre los estudiantes y los profesores", indicó. Tanto, que con 4 compañeros y su profesor viajó a representar a la tecnicatura en el "IV Congreso Argentino de Agroecología" en Jujuy. Llevaron dos tipos de bocashi: uno tradicional y otro alternativo hecho con materias primas locales de Mariano Moreno.
Respecto a la carrera que le dio la oportunidad de ampliar sus conocimientos y obtener finalmente un título, remarcó: "Fue gratuita y eso estuvo muy bueno. No solo hubo chicos de Mariano Moreno, sino de Zapala, Bajada del Agrio y Loncopué. Nos tocaron muy buenos profesores y directivos", valoró.
En el último año de cursada, Matías vivió un golpe que marcó su tesis. Falleció su abuela Angelina Caripil, de 87 años, oriunda de Trahuncura, casada con Rodolfo Castillo con quien tuvo 8 hijos: 3 mujeres y 5 varones.
De ella heredó el "kimün": el conocimiento. "Ella me brindó conocimientos sobre estas plantas. No pertenecía a ninguna comunidad mapuche, pero sí nuestras raíces. A través de sus antepasados había adquirido estos saberes", admitió el joven.
Con ese legado eligió su trabajo final: té de plantas medicinales en saquitos.
Analizó 5 especies de la zona: Contrapuna para trastornos digestivos y reuma; Apio panul digestivo y antiinflamatorio; Natre para la fiebre y regular el azúcar; Ajenjo digestivo, antiparasitario y antiséptico; y Matico, al que eligió para su presentación.
El matico, conocido también como pañil en el norte neuquino. Su nombre científico es Buddleja globosa. Es un arbusto nativo de la cordillera y precordillera, con flores amarillo anaranjado en forma de pompones. En la medicina tradicional mapuche y popular es un potente cicatrizante, antiinflamatorio y antiséptico. Se usa en infusiones y en lavados para heridas.
"La planta la recolectaron mis padres en primavera y principios de verano, cuando tiene sus principios activos. Se deja secar sin que le pegue el sol de frente. Mi papá la consume para la gastritis", contó.
La innovación de Matías está en la forma. "Ellos son de utilizar una rama completa de matico dentro de un jarro. Yo propuse saquitos de té de 1,5 gr a 2 gr, para reducir el consumo de la planta", resaltó.
Y le puso identidad. Diseñó una caja personalizada con el logo referido a su abuela Angelina. Lleva frases en mapuche y una breve descripción de la planta. Es un homenaje.
Matías no se queda en la tesis. Quiere que el proyecto camine.
El plan es producir en la huerta de sus padres en Trahuncura. "Voy a hacer la multiplicación de las plantas en esquejes y semillas allá. El proceso de elaboración también", detalló.
La venta arranca local: ferias de Loncopué. Después, si crece, envíos a toda la provincia. Pero con reglas claras: "Siempre respetando las normas que tiene los municipios, teniendo el Carnet de alimentos que brinda Bromatología", apuntó.
Sabe que el matico tiene mercado. Se puede industrializar en cosmética, farmacia y veterinaria: cremas cicatrizantes, geles, jabones, sprays para ganado. También en infusiones y extractos.
Los desafíos son grandes: domesticar el cultivo para no agotar el recurso silvestre, estandarizar los activos y cumplir con las exigencias de ANMAT. Pero el primer paso ya está dado.
Para difundir, apuesta a lo de hoy: "Hacer promoción en Tik Tok o Instagram, armar videos donde se pueda observar el producto de su inicio hasta el final, así transmite confianza al consumidor", afirmó.
Detrás de cada saquito va a estar el nombre de su abuela. Y también las manos de su familia.
"A través de querer elaborar un emprendimiento propio que esté relacionado con la tierra y las plantas medicinales locales de la zona de Loncopué, de donde vengo. Revalorizando y preservando los saberes ancestrales de nuestros antepasados para que no se pierda el conocimiento que ellos nos brindaron con tanto cariño", relató con devoción.
Angelina Caripil no solo le enseñó qué planta servía para qué. Le enseñó el respeto por el tiempo de la tierra: cuándo cortar, cómo secar, para qué dolencia. Ese saber se transmitía al calor del fogón, entre historias. Hoy Matías lo traduce a una caja con logo y dosis exacta.
Sus padres, Verónica Lagos y Florencio Castillo, son parte fundamental de este proyecto. Ellos son quienes salen a recolectar el matico en la época justa, quienes lo cuidan en la huerta familiar de Trahuncura y quienes le enseñaron el trabajo de campo. "Todos ayudan en el campo: en la trashumancia, en los corrales, en juntar los animales". También su hermano Agustín.
Esa red familiar es la base. Sin ellos no hay materia prima, no hay proceso, no hay historia que contar. Y a la vez, este emprendimiento les da una nueva pata económica: diversificar ingresos sin dejar la crianza.
Es poner a Trahuncura en el mundo. Un paraje alejado, sin grandes rutas, pero con un producto que puede llevar el nombre del lugar a una góndola. Identidad comercial con raíz. Del campo profundo a la caja de té.
La historia de Matías no se entiende sin el contexto.
Mariano Moreno vivió en julio de 2026 una jornada histórica: la graduación de los primeros Técnicos Superiores en Agroecología. Es la primera carrera de nivel superior, pública y gratuita de la localidad.
La tecnicatura duró 3 años y otorgó un Título con validez nacional. Fue impulsada de forma conjunta por el gobierno provincial y el municipio.
La apertura oficial fue el 5 de septiembre de 2023, aunque los preparativos arrancaron en plena pandemia. Hoy ya es un referente regional.
"Este logro marca un antes y un después para Mariano Moreno", dijo el intendente Javier Huillipan al acompañar el acto. Destacó el valor de la formación superior como herramienta fundamental para impulsar el crecimiento, el arraigo y el desarrollo de la comunidad y del centro neuquino.
La propuesta permitió que jóvenes y adultos de Mariano Moreno, Zapala, Bajada del Agrio, Loncopué y distintos parajes de la Región del Pehuén accedieran a una formación profesional sin abandonar sus lugares de origen.
"La graduación representa el fruto del esfuerzo, la dedicación y el compromiso de quienes apostaron por esta carrera, y constituye un paso clave para potenciar el desarrollo productivo, la producción sustentable y el crecimiento educativo de la región", agregó el jefe comunal.
Con Matías y sus compañeros, Mariano Moreno consolida un camino: formar técnicos del territorio, para el territorio. Para que desde lugares como Trahuncura, donde se vive de la crianza de chivas y de la huerta familiar, el conocimiento ancestral pueda transformarse en un producto, en una marca, en un futuro.
Finalmente, el intendente, destacó los excelentes proyectos de los alumnos egresados que despiertan interés y motivan a mejorar los aspectos de producción Agroecológica regional y mejoran la empleabilidad.
Hoy Matías tiene 23 años recién cumplidos. Y un objetivo claro: "Poder llevar estos conocimientos a productores de la zona rural y también poder brindar en educación para promover la agroecología".
Tiene planeado quedarse en Mariano Moreno. Y no es casualidad. En estos 3 años fue muy bien recibido, generó amistades y vio oportunidades. Sobre todo, en el extenso y bajo riego Valle del Covunco, una zona con mucho potencial productivo agroecológico donde un técnico joven puede aportar mucho.
Mientras tanto, desde Trahuncura al mundo. Con el sabor del matico y el nombre de la abuela Angelina en la caja.