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Lograron estudiar, incluso dejando a sus hijos lejos, con el único objetivo de progresar. Gracias al apoyo de la Fundación SI, tres jóvenes se convirtieron en los primeros estudiantes de la residencia en convertirse en profesionales.
Son muchos los jóvenes de distintas partes del país que alejados de las grandes ciudades y con una realidad económica complicada, ven como algo casi imposible la posibilidad de progresar o irse de sus pueblos detrás de sus sueños para poder estudiar. Ezequiel, Leonel y Gilda tuvieron la oportunidad que tanto deseaban, y gracias a todo el esfuerzo que implicó estar lejos de sus familias y sus casas, lograron estudiar una carrera universitaria y convertirse en profesionales. Gracias al apoyo de la Fundación SI, que les dio un lugar donde vivir, comida y mucha contención, este logro fue posible para ellos.
En la ciudad Neuquén se encuentra una de las 26 residencias universitarias que abrió la Fundación SI en todo el territorio argentino, y junto a un espacio similar que hay en General Roca (Río Negro), son las únicas que existen en la Patagonia. Allí albergan a estudiantes de lugares más alejados y poblaciones rurales, a quienes le dan gratuitamente un lugar donde vivir, una cama donde dormir, comida de forma diaria, ayuda pedagógica y apoyo emocional, para acompañarlos durante los años que dure su carrera universitaria.
Quienes deciden dejar su lugar, su familia, sus costumbres y su estilo de vida, llegan-aunque con un poco de temor -con todas las ilusiones puestas para afrontar el desafío, es que para todos no es tan fácil mudarse a una ciudad más grande, con todo lo que eso significa.
Desde el 2018 en la capital neuquina existe un espacio inaugurado por la fundación, gracias al aporte de todos sus voluntarios, donde viven actualmente 25 estudiantes.
Ezequiel, Leonel y Gilda son los primeros jóvenes que lograron ese sueño que parecía inalcanzable, y se convirtieron en los primeros estudiantes recibidos de la residencia. En diálogo con LMNeuquén contaron sobre sus historias, sus sueños y cómo lograron desafiar al destino para convertirse en profesionales universitarios.
Ezequiel Pérez tiene 25 años, tiene cinco hermanos, con quienes creció y vivió junto a sus padres en un pueblo rionegrino llamado Valle Azul, ubicado a 121 kilómetros de Neuquén capital, que tiene tan solo 1.500 habitantes, donde la mayoría se dedica al trabajo rural. Es un lugar muy chico, rodeado de chacras.
Salir del pueblo para estudiar una carrera universitaria una vez terminada la escuela, es casi inalcanzable para muchos de allí debido a los gastos que implica viajar todos los días a la universidad más cercana que queda en Villa Regina. Y mucho menos posible en pensar en poder instalarse en otra ciudad.
"Mi prioridad y mi anhelo siempre fue poder estudiar y ser profesor de historia, pero las posibilidades eran pocas, no son muchos los que pueden estudiar", contó. Pero Ezequiel sabía que no quería quedarse en el pueblo, trabajando en las chacras como la mayoría de los jóvenes.
Fue así que durante el último de la secundaria, llegó un folleto a sus manos. Se trataba de la propuesta de la Fundación SI, que invitaba a postularse a los estudiantes que querían acceder a un lugar en sus residencias.
Ezequiel pudo estudiar y tras años de mucho esfuerzo logró recibirse - a fines del 2024 - de profesor de historia en la UNCo. Es el primero de su familia que hoy tiene un título universitario, lo que es un orgullo para sus papás y hermanos. "A veces sentía la presión de que me estaban dando una oportunidad muy grande, yo solo tenía que estudiar y cuando me iba mal me frustraba, pero tuve un acompañamiento único", admitió.
Hoy tres de sus hermanas están estudiando en la universidad gracias al apoyo de la fundación, y solo su hermano mayor se dedica al trabajo en la chacra. Mientras tanto, él esta instalado en la ciudad en busca de trabajo.
Gilda Melivillo es otra estudiante que logró recibirse de Profesora de Enseñanza Nivel Inicial de la UNCo. Ella también tuvo que dejar su lugar, Corcovado (Chubut), un pueblo de poco más de 1.600 habitantes, ubicado al pie de la cordillera de los andes, para poder instalarse en Neuquén.
Con su familia a más de 800 kilómetros de distancia, la joven llegó a la residencia de la fundación en el año 2018. "Siempre tuve miedo de estar muy lejos de su casa, pero sabía que era mi oportunidad para poder estudiar, porque somos 6 hermanos y mi mamá trabajaba en muchos lugares para poder traer ingresos a la casa", relató a LMNeuquén.
La joven chubutense llegó a la fundación cuando estaba por egresar de la secundaria, y al igual que le sucedió a otros estudiantes, un folleto con la información de la residencia llegó a su escuela y fue un preceptor quien los ayudó a postularse.
Ya una vez instalada, a principio de 2020 con el comienzo de la pandemia, regresó a su pueblo donde estaba su pareja y en ese momento se enteró que estaba embarazada. "Tuve a mi niño, pero siempre seguí estudiando ya que todo fue virtual. Pude avanzar bastante, cuando volvió lo presencial tenía que volverme a Neuquén para terminar la carrera y yo pensé que no iba a poder, pero me dijeron que mi lugar seguía en la residencia", indicó.
Si bien esa confirmación fue una alegría para ella, también fue un dolor inmenso porque tenía que dejar a su bebé. "Pero todo fue pensando en un futuro para los tres. Me costó retomar, me costaron los últimos finales, a veces me daban ganas de volverme y dejar todo pero después pensaba que vine con un objetivo y lo tenía que cumplir", confesó.
Fue así que en el 2023 logró recibirse y la satisfacción fue indescriptible. "Siempre voy a estar agradecida con todos los que son parte de la fundación. Con ese granito de arena que aporta cada uno es un montón para nosotros. Qué lindo que exista gente que quiera ayudar, qué lindo que exista la fundación Si", dijo.
Leonel Llancaleo es otro de los tres primeros estudiantes que se recibieron en la universidad, viviendo durante los años que duró su carrera en la fundación. En el año 2021 decidió dejar su casa y su familia en la ciudad de Bariloche, para cumplir el sueño de ser Analista Programador universitario.
"Ingresé a la residencia en 2021, en pandemia aún y con clases virtuales. Fue un cambio muy grande convivir con gente desconocida. Siempre es raro los primeros días, los viejos residentes te explican las cosas, te cuentan lo bueno y lo malo, desde cuándo están", contó con algo de timidez.
Pero reconoció que lo que mayor impacto tiene es estar lejos de tu familia "sobre todo si sos familiero como yo. Tengo tres hermanos, un hermano mayor que no pudo estudiar, y dos hermanas mayores, una estudia en la residencia y la otra está trabajando".
La ONG tiene como principal objetivo la inclusión social de los sectores más vulnerables del país. El trabajo es llevado adelante por un gran número de voluntarios mediante un abordaje integral que incluye la asistencia, la contención, la capacitación, la educación y la cultura del trabajo.
Entre los proyectos que impulsa, se encuentran las Recorridas Nocturnas para acompañar a quienes viven en situación de calle. También está el programa “Si Pueden” que trabaja en el desarrollo emocional de los niños y adolescentes, las Residencias Universitarias para jóvenes de zonas rurales, la asistencia en Catástrofes Naturales y diversas acciones destinadas a compromiso comunitario para el desarrollo de una sociedad inclusiva.
"Quienes formamos Sí creemos en el trabajo de igual a igual, en el trabajo en equipo, en la heterogeneidad de los grupos, en la complementación y en las nuevas generaciones. Estamos convencidos de que transformar la realidad es posible y, para lograrlo, necesitamos el compromiso de todos", indicaron.
Y aclararon que no reciben donaciones ni ayuda del Estado ni de partidos políticos y/o religiosos. La totalidad de la financiación de los proyectos proviene de empresas e individuales que apuestan a los proyectos que desarrollamos.
Este proyecto está destinado a jóvenes egresados de secundarios rurales y/o alejados de los centros urbanos donde se concentra la oferta educativa terciaria y universitaria que, teniendo la intención y el deseo de progresar estudiando, no cuentan con los recursos materiales para poder llevar adelante su proyecto.
"El proyecto consiste en brindar alojamiento, alimentos, ayuda económica para la adquisición de material de estudio y viáticos a jóvenes de localidades rurales con escasos recursos, así como también asistencia médica, psicológica, psicopedagógica y de apoyo a quienes lo necesiten. Cuenta además con un equipo de voluntarios tutores y voluntarios especializados que acompañan, asisten y orientan las trayectorias de los residentes en cada aspecto que sea necesario para alcanzar sus objetivos de estudio", señalaron.
Para los jóvenes que actualmente están estudiando en la residencia, la posibilidad de cumplir sus sueños los ha transformado, movilizado y convertido en protagonistas activos al momento de construir la realidad donde quieren vivir.
Actualmente en todo el país han cosechado un total de 96 egresados. En Neuquén, la Residencia se inauguró en el año 2018, donde actualmente viven 25 estudiantes. En septiembre del año 2017, junto a un grupo de voluntarios se acondicionó la casa, se amueblaron los espacios de dormitorios con camas, colchones, ropa de cama (sabanas, frazadas, cubrecamas, toallas y toallones). La sala de estudios: con escritorios, sillas, algunas computadoras. La cocina: con heladeras, freezers, cocina industrial, microondas, platos, vasos, cubiertos, juegos de batería de cocina. El comedor: con mesas y sillas.
"Todo el amoblamiento, utensilios, ropa de cama, fue donado por empresas que apoyan el proyecto a nivel nacional. En la residencia, los estudiantes viven solos. Ellos se organizan en grupos para realizar todas las tareas de la casa como cocinar, limpiar la casa, los patios, veredas. Hay encargados de mantener completo el stock de mercadería, carne, pollo, quesos, huevos y verduras. Los voluntarios acompañan la tarea, coordinando y supervisando las mismas", detallaron.
Y aclararon que cada estudiante, tiene un voluntario referente de acompañante en cuestiones sociales, emocionales, de apoyo, dado que el desarraigo ocasiona situaciones de estrés en los residentes que a veces son motivo de abandono. A su vez, cada estudiante es acompañado académicamente por un voluntario, que es un profesional de la misma carrera que estudia el residente. Este, lo orienta en cuestiones estrictamente académicas dado que conoce la trayectoria de la misma.