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Distinción entre deseo y necesidad: ¿Qué compramos cuando compramos?

Guía completa de herramientas para desentrañar cuál de los motivos está detrás del apetito por la adquisición de un bien o servicio. Imperdible para los niños.

En la vida cotidiana y diaria, cada miembro de la familia, de manera individual o colectiva, independientemente de su edad, se enfrenta constantemente a decisiones de compra. Esas decisiones pueden ser influenciadas por deseos efímeros o, por el contrario, por necesidades fundamentales.

Este artículo tiene como propósito proporcionar a las familias, y especialmente a sus hijos, las herramientas necesarias para distinguir entre deseos y necesidades al realizar compras, promoviendo así una cultura de consumo más consciente y responsable.

Para esto es muy importante poder distinguir entre ambos conceptos en el momento de realizar una compra. Las necesidades son aquellos servicios o cosas que son imprescindibles para la vida cotidiana y el bienestar físico, tales como: la comida, ropa, vivienda, educación; y los deseos son aquellas compras que no son esenciales para la vida cotidiana y de las que no necesitamos para sobrevivir.

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Deseos y necesidad, en el viaje

Los viajes son un ejemplo de este tipo de compras, que si bien no son necesidades básicas, sí pueden ser positivas para el bienestar emocional.

Pero existen otras compras dentro del grupo de los deseos, que se hacen de manera impulsiva y pueden afectar nuestra economía de manera negativa. Un claro ejemplo de esto, es cuando vamos de shopping a comprar al específico y terminamos haciendo más compras que no necesitamos y sumado a ello las hacemos con tarjeta de crédito y con infinitas cuotas para sentir menos culpa de ese gasto impulsivo.

La habilidad para diferenciar entre deseo y necesidad es fundamental en la formación de individuos responsables y con criterio, así como en la educación financiera de los niños y jóvenes apoyado por los padres y el sistema educativo (que tiene una deuda pendiente con este tema). Una educación adecuada en este ámbito fomenta el ahorro, la inversión responsable, el gasto consciente y una mejor administración de los recursos familiares.

Las estafas fueron concretadas al manipular de manera manual el posnet del comercio de Santa Genoveva.

Para evitar estos gastos impulsivos, es importante hacer una lista de prioridades antes de hacer la compra, ejemplo si vamos a comprar al supermercado clasificar cada uno de los artículos entre deseo y necesidad, eso nos permitirá visualizar lo que realmente se requiere de aquello que es un deseo. Es recomendable hacerlo 24 o 48 horas antes para poder evaluar de manera racional y reflexiva sobre la necesidad de ese artículo.

En compañía de los hijos

Hablar con nuestros hijos sobre la administración del dinero y de a poco comenzar a involucrarlos en la realidad económica de la familia es una buena manera para hacerlos conscientes y responsables de que el dinero no cae del cielo y que se construyen estrategias para poder forjar un futuro sostenido con responsabilidad emocional en el uso del dinero.

Podemos involucrar a nuestros hijos en la compra cuando vayan al supermercado y por qué no involucrarlo en decisiones más grandes como compra de un vehículo, casa u otro tipo de inversión; porque a la larga tendrán el legado y la responsabilidad de administrar lo que hereden sean deudas o bienes de los padres.

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Para ir cerrando, me permito autoreferenciarme en una letra de una canción que hicimos con mi hijo: “De que estrella apareciste” https://youtu.be/IQuII-yUI5A?feature=shared donde en una de las estrofas dice, “Con el ejemplo sabrás por donde caminar”. Los adultos somos el ejemplo y tenemos que demostrar con hechos nuestras conductas y gastos responsables. Al tomar decisiones conscientes nuestros hijos aprenderán con ejemplos a seguir el mismo camino.

Distinguir entre deseo y necesidad es una habilidad crucial que debe forjarse desde la infancia, lo cual sin duda formará adultos responsables y conscientes al momento de tomar decisiones. La educación en este ámbito no solo impulsa el bienestar individual, sino que también contribuye a una sociedad más justa y equilibrada. En última instancia, reconocer esta diferencia permitirá a las familias gestionar mejor sus recursos y fomentar un estilo de vida más sostenible.

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