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Don Leiva, el "policía bravo" que andaba a caballo en el viejo Neuquén

Aurelio del Carmen Leiva tiene 92 años y vive en Mariano Moreno. Cuenta sus anécdotas de centinela cuando Neuquén era un territorio nacional en tiempos rudos.

En tiempos donde faltaba de todo y no sobraba nada hubo hombres bravos y aguerridos que hicieron historia en rincones alejados y desiertos del viejo Neuquén profundo. Esos hombres fueron parte necesaria y fundamental de la vieja guardia policial.

Esos policías de territorio que dejaron hasta el último jirón de sus esfuerzos para cuidar, proteger y enaltecer la seguridad de cada una de las comunidades y en especial en los suelos campesinos.

Esta es la historia de Aurelio del Carmen Leiva, un andacollino que escribió las mejores páginas de la policía de territorio en Neuquén. Hoy tiene 92 años y es titular de un emprendimiento comercial en Mariano Moreno desde 1984, apenas unos años después de acogerse a los beneficios de su merecida jubilación en la fuerza de seguridad de la provincia. Fue uno de los tantos policías que fueron parte también de la transición entre la policía territorial y la policía neuquina que se creó el 17 de abril de 1957.

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Una vieja foto del policía Leiva cuando Neuquén era territorio nacional y se andaba a caballo.

Luego de transcurrir más de 25 años en la institución policial en el año 1977 pasa a situación de retiro. El grueso de sus años de policía los transcurrió en la comisaría de Zapala, en la cual ingresó a la fuerza y en la que finalmente se retiró. En el medio cumplió 11 años de trabajo en el destacamento policial de Puente Picún Leufú.

“Entré a la policía de territorio en la ciudad de Zapala. En aquellos años todo el servicio se cumplía a caballo. No existía el vehículo. Con el correr de los años el comisario jefe me destinó al destacamento policial llamado Puente Picún Leufú donde estuve 11 años de servicio”, comenzó don Leiva contando su vida como suboficial de la policía. De aquel destacamento, ubicado a un poco más de 90 km de la ciudad cabecera del centro neuquino, regresó a la Comisaría zapalina para seguir su carrera hasta su efectivo retiro.

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Un reconocimiento que le hizo la Policía del Neuquén a Don Aurelio del Carmen Leiva.

En dos días fue policía de territorio

Don Aurelio Leiva es un hombre robusto, muy serio y que siempre mantiene un gesto adusto. Esas fueron quizás las condiciones que le permitieron ingresar a la fuerza casi sin escalas. Las buenas referencias, por disciplina, responsabilidad y su gran sentido del deber con sobrada responsabilidad, que emitieron desde el Grupo de Artillería 61 del ejército en Zapala terminaron de sellar su improvisado currículum para lograr ser policía en escasos dos días. “Llegué a ser policía el día que salí del servicio militar. En esa oportunidad me encontré con el Comisario Álvarez, jefe de la Comisaría en Zapala. Él ya me conocía y me ofreció si quería entrar a la policía. Es así que con consejo de ese jefe y una nota que elevó a Neuquén a las 48 horas ya era policía”, relató orgulloso.

Don Leiva completó siete meses bajo bandera como soldado conscripto. En la unidad militar cumplió la tarea de estafeta del ejército con una fuerte dependencia del área de furrieles.

“Llevaba y traía correspondencia del ejército y hacía algunos pedidos de compras”, entre otras tareas administrativas que le encomendaban.

La difícil tarea de ser policía de territorio

Este gran centinela de la provincia del Neuquén representa de alguna manera a la vieja guardia policial. Son los que trabajaron y abrieron camino dentro y fuera de la institución. No era fácil ser un policía en esa época. No había medios de transporte ni caminos consolidados y seguros mucho menos. Estaba todo por hacer y mientras tanto se las ingeniaron para cumplir lo mejor posible su deber y mandato. Entre las tareas que le eran confiadas contó el traslado de presos que hacía de un punto a otro atravesando caminos polvorientos. Cuando relató aquella actividad fue imposible no recordar a las antiguas películas del lejano oeste americano donde los presos eran atados a un lazo y los trasladaban grandes distancias. Eran llevados de arreo o como se le conocía entonces como “llevarlos a lazo”.

“Iban atados a la montura del policía que iba montado en el caballo asignado por la fuerza policial. “Me tocó muchas veces llevar presos de esta manera. La verdad que fue una tarea difícil y sacrificada. Con los años llegaron los vehículos y se mejoraron los traslados”, contó don Leiva.

La vida familiar del centinela de la seguridad

Aurelio del Carmen Leiva nació en Andacollo el 12 de febrero de 1931. Hijo del matrimonio criancero compuesto por Juan Alberto Leiva y Rosa Vázquez. Desde corta edad aprendió y trabajó en los quehaceres del campo junto a sus seis hermanos.

“Fuimos siete hijos de aquellos padres tan trabajadores. Cuatro mujeres y tres varones. Hoy solo quedamos dos varones. Mi hermano Eriberto de 96 años y yo. Él vive en Neuquén capital”, mencionó.

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La medalla de honor de Leiva, viejo policía de Montada en el territorio nacional de Neuquén.

Además, contó que su ciclo primario lo hizo en Chos Malal. “La secundaria no la hice. A los 15 años me mudé con mi hermana Luisa a Zapala y estuve con ella hasta que ingresé al servicio militar y después ya hice mi vida solo”.

En el norte neuquino de niño junto a sus hermanos cumplían el ritual de la trashumancia. Sus padres tenían el puesto de invernada en el paraje La Primavera y la veranada en cercanías del paraje Las Flores camino a las Lagunas Epulauquen. Don Leiva está casado en segundas nupcias con Ema Edulia Arancibia oriunda de la ciudad de Santiago del vecino país de Chile.

“Nos casamos en 1984 y nos vinimos juntos a vivir a Mariano Moreno cuando me retiré de la policía en Zapala y nos hicimos comerciantes”, recordó.

Así nació el legendario Mercadito Leiva, que lleva 39 años de pie en el barrio Plan Federalismo. De su primer matrimonio nacieron 6 hijos, 3 varones y 3 mujeres. En la actualidad quedan solo 3: Liliana, Saúl y Raúl. Varios nietos también le llenan la vida de alegría.

De policía a partero

El policía de territorio cuando llegó a su destino en el puesto de Puente Picún Leufú rápidamente se integró a la comunidad y los ayudó a mejorar su calidad de vida. En este sentido los ayudó a construir una especie de quincho que supo transformarse en el punto de encuentro y reunión con los vecinos. En las cercanías se armó una chacra y la sembraron con alfalfa para que todos los caballos tuvieran un lugar de aprovisionamiento.

“Entonces mandé a hacer un carrito (una especie de sulky) con ruedas de goma. El constructor era un hombre chileno muy inteligente. Lo hizo con una cabina y en la parte de atrás le sumó una especie de camilla. Era una ambulancia improvisada para llevar enfermos o brindar los primeros auxilios desde el puesto al destacamento donde siempre llegaba la ambulancia que era pedido a través de una pequeña estación de radio”.

Uno de los actos heroicos que le valió una distinción por parte del Ministerio de Salud y un ascenso dentro de la fuerza policial fue cuando atendió un parto en el medio del campo. Así lo relató: “Una hija de la parturienta llegó apurada al destacamento solicitando ayuda para su madre que ya estaba por dar a luz. Le dije andate adelante y prepará a tu mama, cambiala de ropa y prepara unas sábanas y trapos blancos porque puede tener familia en el viaje. Puse mi caballo en el sulky y emprendí viaje. Luego de subirla a esa “ambulancia” y de haber recorrido unos 400 metros la señora me pego el grito ‘Don Leiva va a salir mi hijo’. Así que paré a la sombra de un álamo donde pasaba un pequeño arroyo y ahí la recibimos la pequeña con su otra hija. Nació la criatura, la envolví en unos trapos y luego le saqué la placenta a la madre y la tiré y le corté el cordón umbilical. Eso fue todo enseñado por un médico que iba cada tanto al destacamento y me pasaba a enseñar cómo hacer los primeros auxilios y así llegué con ella al destacamento policial donde ya estaba la ambulancia. Fue una nena”.

Contó también que a modo de agradecimiento aquella niña le fue dada como ahijada. Con los años aquella madre y su partero se encuentran en Zapala y allí don Leiva conoció a la niña ya con 28 años y madre de un hijo.

“Fue un momento muy emocionante. Nos abrazamos los dos y le dimos gracias a la vida por la posibilidad de encontrarnos tantos años después”, explicó. Cuando se cumplió el año de ese suceso la jefatura de policía de Neuquén lo ascendió de cabo primero a sargento y salud pública le otorgó una medalla de reconocimiento.

Traslado de presos

“Todos los ascensos en mi carrera policial los conseguí por merito”, aseguró don Leiva. “El otro mérito para ascender de sargento a sargento primero fue cuando hubo un doble homicidio en la jurisdicción Zapala. Yo estaba de franco y me mandaron a buscar para que me haga cargo. Yo conocía a las personas así que fuimos a buscarlas a Picún Leufú y a Aluminé. Los encontramos, los esposamos y los trajimos a Zapala. En el viaje me contaron porque lo habían hecho, resulta que el dueño de la estancia había vendido dos novillos y ellos quisieron robarle la plata, entonces tuvieron que matarlo y como su peón lo defendió también lo mataron. Ahí fue donde ascendí a Sargento primero”, expresó.

Y fue con esa jerarquía con la que terminó retirándose de la fuerza con todos los honores. Tan respetado era don Leiva que tiempos antes le habían pedido que fuera a buscar un preso de extrema peligrosidad.

“Me ordenaron ir a Buenos Aires y yo acepté. Había que ir a buscar a un hombre por doble homicidio, era un tipo peligroso. Yo lo traje desde Buenos Aires a Zapala en el tren esposado de manos y pies. Después el hombre se escapó del calabozo y a los 20 días lo encontraron en Neuquén, al verse rodeado se tiró del puente y murió ahogado”, indicó el ex policía.

Respeto a la ley

Al final de la entrevista este antiguo agente de la ley indicó cómo han cambiado los tiempos y que ya no hay respeto por la institución. “La gente en esos años era muy entregada a la policía, hacía caso, ahora no podés decirle nada porque te tiran todo. No hay respeto por la Policía. La policía ya no tiene fuerza. La policía de antes trabajaba muy bien, era muy respetada, ahora no sé porque se perdió todo eso”.

Así y todo, el siente que cumplió con su deber con la ley y el orden.

“Cuando me retiré sentí que había cumplido con el deber de haber sido policía territorial y de la provincia. Me retiré como sargento primero en la comisaría de Zapala. Yo llegué a Mariano Moreno en 1984, ya retirado de la policía, y agarré el trabajo de comerciante. Trabajé mucho tiempo como ambulante vendiendo ropa, agarraba la camioneta y me iba a vender al campo. En 1984 abrí el negocio que al día de hoy sigue en pie”, sostuvo Leiva.

Para relatar los cambios que se han registrado en la fuerza policial y las formas de asumir y cumplir con las obligaciones don Leiva, que además es guitarrista y compositor, escribió un par de versos que cada vez que puede los recita para todos aquellos que lo quieran escuchar.

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