El crecimiento en la cantidad de vuelos y pasajeros transportados en la provincia de Neuquén choca contra la pésima prestación que ofrece el aeropuerto presidente Perón de la ciudad de Neuquén.
Cada fin de semana largo, con el arribo de turistas quedan expuestas, como nunca, las deficiencias en cuanto infraestructura y servicios.
Y esta Semana Santa no fue la excepción. Por el contrario, las demoras en algunos vuelos originó el colapso de los sectores de arribos y partidas, sin lugar para que los pasajeros esperen sentados en la zona de embarque y con demoras en la entrega de equipajes.
Todo lleva a poner el ojo en el concesionario de la estación aérea, a cargo de Aeropuertos Neuquén S.A (ANSA), una empresa compuesta en su paquete accionario en un 80 por ciento por la corporación América (que forma parte de Aeropuertos Argentina 2000 de Eduardo Eurnekián) y el 20 por ciento restante por la empresa constructora RIVA S.A.
El contrato con esta firma venció en octubre del 2021 y el gobierno de la provincia decidió prorrogar en ese entonces el vínculo por cinco años más, bajo el argumento de la caída de la actividad aerocomercial por la pandemia y la incertidumbre respecto a cuándo se volvería a una situación de mediana normalidad, lo que originaba que no existan nuevos oferentes.
Pero la realidad es que el aeropuerto volvió a una actividad con números similares a los de la pre pandemia y el concesionario no cumplió con obras que habían quedado pendientes y que hoy se necesitan con urgencia, como la ampliación de la sala de embarque, que fue remodelada en 2019 pero que ahora requiere de mayor superficie porque no alcanza a cubrir en determinados horarios la cantidad de pasajeros que deben aguardar un vuelo. También una nueva cinta transportadora de equipaje y la mejora del estacionamiento en cuanto al ingreso y egreso de vehículos.
En este fin de semana largo de Pascuas se pudo observar a gente esperando sentada en el piso de la sala de embarque porque los asientos no alcanzaban para todos, con una cafetería cerrada que, de haber estado habilitada, podría haber servido para apaciguar la espera de muchos pasajeros.
Dentro del hall, la escalera mecánica que permite subir al embarque no funciona desde hace varios meses y afuera, en determinados horarios, salir del aeropuerto puede resultar una odisea, dado que se forma una enorme fila de vehículos porque existe una sola cabina de cobro de un estacionamiento caro y que ni siquiera cuenta con seguridad (los dueños de vehículos que sufrieron roturas y el robo de ruedas pueden dar fe de ello).
En definitiva, el aeropuerto resulta una paradoja: Una enorme cantidad de pasajeros transportados (en marzo creció un 60% respecto al mismo mes pero del 2022) que engrosan números de una actividad aerocomercial que lo ubica entre las estaciones aéreas más importantes del país, con servicios dignos para un aeroclub.