La mujer hizo un video para dar a conocer su situación: "No esperaba terminar así, esperando un trasplante para poder seguir viviendo".
Ceferina Lebicura, una vecina de Aluminé, publicó un video en sus redes sociales para contar la historia de su enfermedad. Actualmente se encuentra en Buenos Aires a la espera de un donante de pulmón ya que necesita un trasplante.
La mujer de 59 años, contó a través de un video que publicó en su cuenta de Instagram que casi toda su vida se dedicó a trabajar como auxiliar de servicio en una escuela. Allí, estar expuesta al uso de fuertes productos químicos para la limpieza, le causó una grave enfermedad.
"En la escuela se limpiaba con detergente, con lavandina, los pisos se limpiaban con viruta con gasoil o queroseno y, además, con ese liquido de lampazo que a mí realmente me hacia re mal", relató.
"Ahí empezó mi enfermedad, me cuesta mucho contarlo", dijo la mujer, visiblemente conmovida. Luego de haber visitado distintos médicos, le detectaron fibrosis pulmonar. "Hace 10 años que estoy con esta enfermedad y en el 2023 me dijeron que tenia que ir a trasplante", explicó la mujer, que ahora se encuentra en Buenos Aires a la espera de encontrar un posible donante.
A pesar de estar acompañada, Ceferina reconoció su tristeza en este difícil momento que le toca atravesar. "Lo único que quiero es que esto llegue a mas personas y que la gente sea empática y también concientizar la importancia de donar órganos", expresó.
"De más está decir que espero mucho este trasplante porque yo no pensé estar así en este momento. A los 59 años que tengo no esperaba terminar así, esperando un trasplante para poder seguir viviendo", dijo la mujer entre lágrimas. Es muy jodido estar así, una mentalmente no esta preparada para eso. Y terminaré acá esperando... esperando todo el tiempo si llega el trasplante o no. Quiero disfrutar de mis hijos y mi familia", agregó la mamá de dos hijos, Nahuel y Diana.
El proceso de diagnóstico y tratamiento fue largo y agotador. Los primeros síntomas incluyeron cansancio extremo, dificultad para caminar y problemas respiratorios que limitaban incluso unos pocos pasos.
Tras varias semanas de internación, los médicos aún no habían determinado la causa de su padecimiento y no podía recibir el alta debido a que dependía permanentemente del oxígeno, un tratamiento que hoy requiere las 24 horas del día, los siete días de la semana.
Durante tres años, la paciente desconoció la naturaleza de su enfermedad, enfrentando un proceso que implicó constantes viajes a Neuquén para recibir atención médica especializada.
Después de haber estado un año y cuatro meses viviendo en la capital neuquina, para estar más cerca en caso de que tuviera que trasladarse a Buenos Aires, desde el 6 de mayo se encuentra en suelo porteño. Ahora acompañada de su hermano aunque se van turnando entre distintos familiares para brindarle compañía y apoyo. "Yo vine tan ilusionada, pero cada vez es más difícil, por suerte tengo mi psicólogo y mi familia", manifestó.
"Mi caso es complicado porque mido un metro cincuenta y mi donante tiene que medir más o menos lo mismo y tener el mismo grupo sanguíneo", explicó en relación al tiempo que lleva esperando.
Además de su caso, su compañera de trabajo con quien compartía en la escuela, está atravesando la misma situación. Tras veintidós años de servicio, el colegio no se hizo cargo de nada.
"Yo me desviví por mi trabajo, a veces salíamos a las 21 para dejar la escuela limpia, pero después te enfermas y sos uno más, te reemplazan y listo, te olvidan", dijo, con una mezcla de dolor y enojo agregó que "Yo me enfermé trabajando, uno cumple con su trabajo y responden así".
"Ahora uno se arrepiente de haber sido tan fiel en su trabajo y que no se lo reconozcan, la verdad que duele", cerró.