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La inauguración de la Planta Industrial de Agua Pesada en Arroyito tuvo lugar mientras se desplegaba la fase más vigorosa del menemismo, que incluyó en su núcleo central la privatización de las grandes empresas que estaban en manos del Estado. El 20 de abril de 1993, Carlos Menem llegó a Neuquén con el protocolo presidencial para pulsar el botón que puso en marcha la maquinaria para la producción de agua pesada en Arroyito.
Menem se había recortado las famosas patillas para entonces, cuando ya se había consagrado como un líder de la transformación neoliberal en el Sur de América, sin perder nunca el control del Partido Justicialista, que lo acompañó en la década que ejerció la Presidencia más allá de los bolsones marginales de resistencia que tuvo que surfear el menemismo en la interna partidaria.
Desde un escenario montado al aire libre, con el viento agitándole la melena, el riojano pronunció: "Este es el proceso de transformación que vive la República Argentina, no de achicamiento. Aquí racionalizando las empresas, privatizando todo lo que da pérdidas, estamos agrandando al país porque el Estado entonces puede cumplir las funciones específicas para las cuales ha sido creada".
Ahí nomás le agregó al discurso: "Educación, ya tenemos una nueva Ley de Educación después de 100 años de vigencia de otra que cumplió su servicio, pero que ya era totalmente superada por los acontecimientos que vive Argentina, Latinoamérica y el mundo. Educación, Salud, Seguridad y Justicia".
Antes de hablar para los neuquinos que fueron parte del lanzamiento de la producción de agua pesada, Menem recorrió las instalaciones con cámaras que registraron cada momento, entre los que quedó la escena en la que el presidente Menem pulsó el botón que puso en marcha los motores de la PIAP.
La PIAP es la planta de agua pesada más grande del mundo. Fue proveedora del insumo para los reactores CANDU que usan las centrales nucleares argentinas. El inicio de sus operaciones coincidió con el proceso de puesta en marcha de Atucha II, en Zárate, Buenos Aires, la tercera central atómica argentina. Atucha fue la primera y Embalse, en Córdoba, la segunda.
La demanda de agua pesada se estancó una década después de que Menem apretara el botón de la producción en Neuquén. La crisis se prolongó en la administración de la planta. Y finalmente entre 2016 y 2017 se operaron las condiciones para decidir cerrar las actividades productivas en el complejo industrial de Arroyito.