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Hace exactamente 13 años, la ciudad de Neuquén era noticia en todo el país a raíz de una fuerte polémica desatada por la posible eutanasia de poco más de 200 perros cimarrones que asolaban en la zona de la Meseta.
Tal fue el impacto que tuvo el tema que el entonces Jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández envió una carta al intendente Martín Farizano para que revea la medida.
Todo comenzó cuando el jefe comunal decidió suspender la ordenanza que declaraba a Neuquén como municipio no eutanásico a partir de la presencia de 218 perros sueltos en las bardas y la posibilidad de que propagara un brote de leptospirosis.
Primero llegaron las primeras reacciones de las protectoras de animales y de algunos sectores de la sociedad neuquina. El tema fue escalando de tal manera que finalmente intervino el gobierno nacional.
En aquella carta Aníbal Fernández señaló que “si la medida fuera planteada en forma transitoria, habilitaría con desparpajo la matanza indiscriminada, delicadamente llamada “eutanasia de control”, con el pretexto de morigerar la población canina sin dueño”.
Ante los dichos de Farizano, respecto a la intención de evitar por todos los medios la propagación de leptosporosis, el funcionario nacional sostiene que “podrá hablarse de la salud pública y mencionar aviesamente un brote de DOS (2) casos de leptospirosis en la meseta neuquina, pero todos sabemos que es esencialmente una enfermedad hídrica sustancialmente transmitida por las ratas. Jamás los perros fueron el eje del circuito epidemiológico de esta enfermedad”.
Farizano recordó que, en el marco previsto por la ordenanza vinculada al control canino, el Concejo Deliberante habilitó una excepción para que se dé cumplimiento a las recomendaciones de Salud Pública de la provincia en consonancia con las de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y en este sentido, comentó que el objetivo de esta campaña -que se hacía en conjunto con la Subsecretaría de Salud de la provincia- era evitar la propagación de la epidemia. “Es necesario aclarar, que todavía no se ha sacrificado ningún perro, sino que estamos agotando todas las instancias posibles para no llegar a eso”, enfatizó.
Ante la ola de reclamos tanto de parte de asociaciones protectoras de animales como de personalidades de diferentes ámbitos de la cultura, el intendente sostuvo que se haría un tratamiento particular de cada animal. Destacó que lo que se produjo fue una petición por parte de los propios productores para que una proporción de los perros que están en la Colonia Nueva Esperanza puedan ser entregados al municipio a los efectos de ser atendidos.
Pero el cruce de funcionarios no terminó ahí. “Si hoy existe superpoblación canina en Neuquén, es porque en el pasado inmediato no se cumplieron las medidas indicadas oportunamente como la, castración masiva y educación”, detalló Fernández.
La polémica escaló a tal nivel que el propio Farizano viajó al día siguiente a Buenos Aires para reunirse con el jefe de ministros y buscar una solución.
En aquel encuentro finalmente se acordó que el gobierno nacional enviaría vacunas y equipamiento para atender la situación del control canino en Neuquén.