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El fútbol de ascenso es la vieja Copa Libertadores

Los arbitrajes son decisivos en algunos partidos, donde los visitantes saben que será imposible ganar porque en frente tendrán más obstáculos que su rival.

En la vieja Copa Libertadores, sin VAR ni televisación habitual, era muy difícil que los visitantes pudieran ganar. No era igual en todas las canchas, pero de antemano se sabía que ciertos equipos tenían privilegios.

Hoy la tecnología moderó los arbitrajes turbios en las categorías superiores. Si bien los matices y las decisiones raras de los colegiados persisten, es raro que a un equipo lo bombeen como hoy pasa en el ascenso de Argentina.

A medida que se va bajando de categoría, hay arbitrajes cada vez más tendenciosos, a tal punto que no es necesario nombrar de qué clubes se habla para que el público entienda a qué se hace referencia.

La gravedad del caso es que los tiempos cambiaron y, de hecho, en la Libertadores ya no existe aquella flagrancia de los 60’, 70’ y 80’ donde había partidos que eran batallas campales y los marcadores centrales tenían “licencia para matar”.

Hoy con el VAR te cobran penal por un agarrón y te quedás con las manos vacías por una caricia. La industria ha evolucionado en ese sentido, más allá de las carencias propias de un sistema que no es más que el reflejo de la sociedad en la que se desempeña.

En medio de la crisis del fútbol, varios piensan en el negocio.

En el ascenso del fútbol argentino eso no cambió y se profundiza. Equipos de la capital, de provincia de Buenos Aires, del norte del país, del sur y de la región han sido perjudicados y beneficiados con anticipación.

Ya se sabía lo que iba a pasar desde antes del partido. Es decir, la deportividad quedó de lado cuando el árbitro fue designado en un escritorio pese a tener antecedentes peligrosos no solo para un equipo, sino para el espectáculo en sí. Eso daña la credibilidad del fútbol. Están a tiempo de repararla.

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