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Hace varios años que el neuquino Roberto Catalá, andinista por vocación y analista de marketing político, vuelca su pasión por el montañismo ascendiendo cerros, montañas y volcanes. Lo hace, además, con una motivación especial: difundir la concientización de la adopción a través de un cartel que reza “Yo fui adoptado”.
Esta vez Catalá, próximo a cumplir 60 años (aunque dice que le divierte decir que tiene 45), ultima los preparativos para partir a Tayikistán un país de Asia Central donde realizará el ascenso de varias cumbres cercanas a los 7500 metros de altura.
Ubicado en Asia Central, Tayikistán tiene fronteras con Afganistán al sur y la República Popular China al este, cuenta con numerosas sierras y cordilleras. Las principales cordilleras son las de Pamir y Alai que se conectan con la Tian Shan. Su territorio se extiende sobre los límites de la meseta de Pamir, con alturas superiores a los 7.000 metros. Al norte, el sistema del Pamir culmina en el pico Ismoil Somoni, de 7.495 metros de altitud y al sur hay altas mesetas que superan los 4.000 metros, de donde emergen cadenas montañosas que alcanzan los 6.000 metros.
Catalá tiene previsto partir desde la ciudad de Neuquén el 21 de julio y dos días después tomar el vuelo de Buenos Aires a la ciudad de Estambul en Turquía para luego llegar a Tayikistán.
Se muestra ansioso por iniciar la travesía y seguro por la buena preparación que realizó durante un largo tiempo. “La preparación para hacer las cumbres en Tayikistán me llevó aproximadamente un año, con una preparación física de cuatro horas semanales y aeróbica de tres horas semanales, además de la alimentación”, comentó a LMNeuquén, el hombre cuya máxima pasión es la montaña, además desarrolla múltiples actividades como analista de marketing político y personal trainer.
Afirmó que la preparación para este tipo de travesía es “otra montaña que hay que hacer” desde conseguir el dinero, los pasajes, la preparación física y mental y adquirir todo el equipamiento necesario además de la alimentación y el descanso.
Contó que hace cinco años llegó a la cumbre del Aconcagua, a 6969 metros sobre el nivel del mar, el pico más alto del mundo después del Himalaya. En esta oportunidad, en Tayikistán, su objetivo es “ascender hasta donde pueda”. “Llego a la locación el domingo 30 de julio y luego de unos días me llevan en helicóptero a la base y a partir de ahí empiezo este proceso de subir montañas”, aclaró. Comentó que por lo que sabe será el único argentino en buscar las cumbres, no irá con guía “pero siempre uno encuentra a alguien para decirle ‘Tiramos juntos esta parte’”. El grupo de montañistas está conformado por gente de todas partes del mundo, especialmente croatas, búlgaros, checos, polacos y españoles. Contó que llegar a la cumbre puede demandarle entre seis y siete días con temperaturas entre los 3 y 26 grados bajo cero.
Catalá comenzó con esta pasión montañista hace más de doce años cuando ascendió el volcán Domuyo. “Llegué al Domuyo muerto, realmente no estaba bien preparado para hacerlo, y como nos sucede siempre a los montañistas me pregunté qué estaba haciendo yo ahí y después pensé con semejante sacrificio no voy a hacer nada y ahí se me ocurrió mostrar el cartel que decía ‘Yo fui adoptado’, un mensaje para que lo viera todo el mundo”, explicó.
El montañista y analista de marketing político contó que la idea de llegar a Tayikistán surgió cuando el dólar valía 9,50 pesos. “Desde ese momento hasta acá, tuve el apoyo y el aporte económico de muchísima gente y sobre todo trabajé el doble para juntar el dinero”, precisó. Además, destacó el apoyo emocional de un grupo de amigos que ayudaron “para algo que no les era propio pero que sintieron como suyo”.
Para Catalá la montaña le enseñó a “encontrarme conmigo y hasta perdonarme y encontrar todos los errores que cometí”. “La montaña te permite estar con vos mismo, aunque vayas con cincuenta personas, vos caminas solo con tu mochila y como no podés hablar con los otros porque necesitás energía, entonces hablas con vos mismo, es una hermosa meditación, un encuentro con vos mismo todo el tiempo”,reflexionó.
“Agradecido de la vida. Yo fui adoptado”, reza el cartel que este hombre nacido en Buenos Aires pero que vive en Neuquén desde los 7 años, despliega cada vez que alcanza la cumbre de las montañas que se propone ascender como lo hiciera en diciembre de 2017 al llegar al pico del Aconcagua, el más alto del mundo después del Himalaya.
Ese mismo ritual lo repitió en la cima de diversos cerros, entre otros, como Falso Morocho, Beltrán, San Francisco, los volcanes Incahuasi como también en el Domuyo donde exhibió su mensaje. Catalá siempre se refiere al tema de la adopción desde su posición de hijo adoptado porque considera que “se habla mucho de los años que tienen que esperar las familias que desean adoptar. Pero en realidad hay que enfocar la problemática sobre los tiempos que tiene que esperar ese chico para ser adoptado mientras permanece en un hogar o en una institución. Lo importante es que los chicos sean puestos en adopción o en guarda de forma rápida”.
Los primeros 7 años de vida, Roberto Catalá los sufrió en un contexto de violencia ejercida por su padre. “Un día mi madre se cansó y le pegó tres tiros a mi padre y lo mató delante de mí y de mis otros dos hermanos, que eran más chicos”, contó hace unos años atrás en una entrevista con LMNeuquén. Con su madre presa, unos tíos decidieron que lo mejor era traerlo a Neuquén y después de un tiempo decidieron entregarlo a una vecina, Elvira Catalá, conocida como doña Lula. Fue tal el cariño que le brindaba que un día le preguntó si quería quedarse definitivamente con ella. “Pase de dormir en el piso a tener un cuarto propio, de sentir hambre a tener comida y amor todos los días”, explicó. Pero además de brindarle cuidado y contención, doña Lula le dio lo más importante: educación. Catalá estudió en el colegio Don Bosco y luego abogacía.