Usaron estacas con material genético de árboles existentes. Cómo identificarlos y cuál es su valor para el ecosistema de la zona.
El esfuerzo coordinado entre la Universidad de Flores (UFLO), el INTA y otras entidades permitió salvar de la extinción al sauce criollo, el único árbol autóctono de la región que desaparecía de forma silenciosa de las riberas de la zona. Hoy, con 450 ejemplares implantados, la especie vuelve a crecer en las orillas de los ríos Limay, Neuquén y Negro, y su estrategia de rescate se convirtió en un modelo para todo el país.
Luciano Boyero, director de Ciencias Ambientales en la Universidad de Flores (UFLO), pasó por los estudios de LM Neuquén en vivo y dio más detalles sobre un programa que comenzó en 2018 y que permitió recuperar de su estado crítico a una especie de árbol que se observaba cada vez con menor frecuencia en la región.
"El sauce Criollo, que en realidad se llama Salix humboldtiana, es la única especie de árbol originaria de nuestra zona, aunque hoy por hoy en todos lso bosques ribereños vemos muchas especies exóticas, introducidas o híbridas, y hay que esforzarse para encontrarlo", detalló.
El especialista señaló que esta especie iba desapareciendo lentamente del paisaje vegetal de la región. "Una de las causas tiene que ver con el desplazamiento que generó la llegada de estos sauces exóticos que tienen una capacidad de crecimiento mucho mayor y los van desplazando", explicó.
Agregó que en la zona, además, muchas personas utilizaban estos árboles para sacar leña y calefaccionar sus hogares. Cuando Neuquén era un pueblo pequeño que no tenía acceso al gas natural, la población de sauces criollos se fue diezmando a partir de una de sus cualidades: la calidad superior de la madera con respecto a otros tipos de sauces.
A partir de un esfuerzo coordinado, el sauce criollo hoy vuelve a crecer en el río Limay, en el Paseo Costero de Plottier, en los márgenes del Camping de Centenario, en la Isla Jordán de Cipolletti y, más recientemente, en el Área Natural Protegida Península Hiroki de Neuquén capital.
El proyecto coordinado con la UFLO consiguió, entre 2018 y 2022, implantar un total de 450 ejemplares. "Hoy por hoy todavía continúan algunas actividades, pero ya van 450 individuos nuevos", destacó Boyero.
Según explicó, esta especie se puede encontrar en gran parte del continente, desde el norte de México al norte de Chubut, por lo que crece a través de una adaptación a distintos suelos y climas. Como está presente en casi toda América, el árbol se distingue por su plasticidad; es decir, su capacidad de adaptarse a los distintos entornos.
"Lo encontrás en selvas como el Amazonas pero también acá, en una zona de desierto, y por eso se lo puede ver en áreas ribereñas, al costado de los ríos", dijo.
Los sauces criollos de la zona demuestran su capacidad de adaptación a partir de una mayor resistencia al frío, un punto de su acervo genético que los distingue de ejemplares de la misma especie que se diseminan por el resto del continente.
"Ese acervo genético de resistencia al frío y de calidad de madera hace que tenga un un valor genético que genera interés por la posibilidad de cruzar con otras variedades y poder hacer mejoramientos en cultivos madereros", expresó.
Pese a que la población de esta especie autóctona había disminuido de forma considerable, el especialista de UFLO aclaró que se podían encontrar algunas poblaciones o árboles grandes aislados, que permitieron dar un paso fundamental para el programa de restauración.
"Cuando los encontrábamos e identificábamos que formaban parte de la especie, se utilizaban como estacas o como material genético para poder multiplicarlo", detalló durante la entrevista.
UFLO Universidad, a través de su Laboratorio de Ecología de Bordes en Cipolletti, desarrolló un método propio de reproducción acelerada en laboratorio que revolucionó la capacidad de restauración.
El método permitió recolectar estacas de ejemplares nativos georreferenciados (respetando la genética y el fenotipo local), controlar el enraizamiento en condiciones de laboratorio, y producir plantines listos para implantación en tiempo récord. Esto permitió pasar de una restauración lenta y limitada a una escala operativa real. "La innovación fue fundamental", señala el equipo del LEB.
Los ejemplares hoy crecen en zonas ribereñas muy transitadas de Neuquén y el Alto Valle. Entre ellas, se cuenta la zona de la isla 132, con un gran ejemplar sobre los edificios del Paseo Costero. También es posible utilizarlos para el arbolado urbano, ya que en unos 5 años alcanzan la altura necesaria para ofrecer sombra.
Boyero aclaró que estos árboles, a diferencia de los conocidos como sauces llorones, tienen hojas de color verde claro y tono mate. Son hojas delgadas y alargadas, con bordes aserrados. Los troncos son más rugosos, con vetas profundas respecto a otros ejemplares y tienen mayor tendencia a generar un tronco único al medio.
Aclaró que se trata de árboles con un ciclo vital más corto, por lo que viven cerca de 80 años, con casos muy excepcionales que alcanzaron los 100 años de vida.