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“Hoy juega Messi”, esa fue la frase que más veces repetí en los últimos 15 años. Faltan pocas horas para la final del Mundial, uno de los partidos más importantes en la vida del astro rosarino, de la Selección Argentina y de toda una generación, y los sentimientos están a flor de piel.
Tal vez sea su último partido con la albiceleste, tal vez sea el momento de conseguir el logro que persigue desde que era un niño y su abuela Celia, esa a la que le dedica todos sus goles mirando al cielo, lo llevó a una cancha por primera vez cuando tenía cuatro años. Pero el resultado no puede modificar lo que Messi hizo por muchos de los amantes del fútbol, ya nos dio demasiado, es hora de agradecerle y dejarlo disfrutar.
Leo fue el ídolo de los niños del mundo desde los primeros años del 2000 a hoy, el ejemplo de una generación y quien le regaló a todos los amantes del fútbol los momentos más bellos dentro de una cancha sin pedir nada a cambio.
Su talento hace que todas las semanas millones de personas renueven esa ilusión que se genera cuando hay una pelota sobre un pedazo de césped, esa sensación infantil de que algo mágico está por ocurrir, esa emoción de jugar a algo y olvidarlo todo.
El fútbol no resuelve ninguno de los problemas terrenales de la vida, pero los hace más livianos. Y Messi hizo que millones de amantes del deporte (o no) vivan momentos de alivio, no mejoró la vida de nadie, pero la hizo un poquito mejor, y ese logro no depende de un resultado.
Este domingo juega Messi y eso alcanza para que todo sea mejor. Así que gracias Messi, ganes o pierdas la final me regalaste los mejores años como hincha del fútbol y ese título lo ganamos todos.
¡Gracias capitán!