{# #} {# #}
“A las 6 comenzamos a levantar los colchones del piso porque mis hijos tienen que prepararse para ir a la escuela”, dice Celina Rivera en esa escenografía desolada que ahora es su casa de la calle Bariloche al 2300 del barrio Sapere que el 2 de septiembre pasado fue arrasada por un incendio. Los colchones que levantan bien temprano los despliegan por las noches sobre el piso de un salón que pertenece a una Iglesia Evangélica donde viven temporariamente desde que se produjo el incendio. Los diez miembros de la familia Riquelme fue albergada por el pastor de la iglesia, ubicada en San Juan al 1900 de esta ciudad, para que pudieran vivir allí hasta que acondicionen su humilde vivienda afectada casi por completo por las llamas y el humo que aún se puede respirar.
El incendio se inició a las 22 del 2 de septiembre pasado cuando los integrantes de la familia se encontraban en la iglesia. “Cuando los vecinos nos vinieron a avisar que la casa se estaba incendiando yo no podía reaccionar, mi esposo y mis hijos salieron corriendo”, cuenta la mujer de 45 años. Juan Riquelme con sus hijos tuvo que enfrentarse con ese panorama desolador, largas columnas de fuego, vecinos saliendo de sus casas con baldes para sofocar las llamas y cuatro dotaciones de bomberos.
La familia Riquelme es conocida no solo en Sapere sino en los barrios cercanos ya que desde hace varios años transitan las calles de la ciudad juntando cartones, papeles, botellas de plástico y cualquier otro tipo de material que les sirva para vender y así afrontar la economía familiar. Es que para esta familia, que desde fines de los años '90 se instalaron en la vivienda, “andar por la calle juntando cartones no es ninguna deshonra”, subraya Silvia, la hija mayor del matrimonio que actualmente vive en el barrio Mariano Moreno y que a los 6 años empezó con esa tarea de la mano de sus padres. Los hijos e hijas de la pareja que viven temporariamente en la iglesia tienen 5, 8, 10, 12, 14, 16, 18 y 27 años.
"Mientras tanto seguiremos viviendo en el salón de la iglesia, no sé por cuánto tiempo, esperamos poder arreglar la casa, pero hay tanto por hacer, es tanto lo que tenemos que limpiar porque las paredes quedaron con mucho hollín y hay partes de la casa que están destruidas por el fuego. Es un trabajo enorme al que hay que hacer", describe Juan con hondo pesar. El hombre de 55 años cuenta que cuando dejó de trabajar en Cimalco decidió con su mujer salir todos los días a juntar cartones "porque queríamos que nuestros hijos a pesar de las dificultades pudieran estudiar y gracias a los cartones lo han hecho y lo siguen haciendo". Además de concurrir al jardín y al colegio primario y secundario, cinco de los hijos de la pareja estudian música en la Escuela Superior de Música de Neuquén.
"Salir a la calle y juntar cartones nos ayudó a no depender de otros. Con esto aprendimos a ser alguien en la vida", señala Silvia. Además en esas salidas que hacían por las calles neuquinas encontraban cosas que podían utilizar en la casa.
Cuando se produjo el incendio los bomberos se sorprendieron por la cantidad de materiales acumulados que había dentro de la vivienda. "Más que una vivienda parecía un depósito", afirmaron los bomberos. Además el fuego consumió un auto Ford Escort y dos carros que utilizaban para salir a juntar materiales en la calle. "Teníamos mucho material acumulado porque Juan al otro día, que era sábado, iba a salir a vender", confiesa Celina.
En relación a las causas que dio origen al incendio, la familia sostiene que pudo haber sido "por una colilla de un cigarrillo que alguien haya arrojado ya que el edificio de al lado tiene una ventana que da al patio de nuestra casa".
Andrea, es la mayor de las hijas que vive con sus padres. Con mucho esfuerzo y dedicación se convirtió en bombera. El día en que se desató el incendio, Andrea estaba de franco y cuando se acercó hasta la casa "se le vino el mundo abajo al ver a sus colegas que no podían hacer nada con la casa", destaca Celina.
Tanto Celina como Juan destacan la ayuda que recibieron por parte de la comisión vecinal del barrio Sapere porque de inmediato se lanzó una campaña solidaria en la que los vecinos donaron ropa, frazada, calzados, alimentos, colchones como también útiles y elementos escolares. "Cuando pasó todo esto los chicos sufrieron mucho porque perdieron todas sus cosas, los útiles y cuadernos del colegio, la ropa, y todas las cosas que uno atesora con el tiempo y que no se van a recuperar más", describe Celina. "Siempre le decimos que tienen que seguir adelante, no pueden dejar de estudiar por lo que pasó", agrega. Cuenta que las maestras de sus hijos que van al Jardín de Infantes 28 y 235, y al CPEM 19 se acercaron cuando se enteraron del siniestro, "estuvieron siempre presentes y les hablaron, los contuvieron y les dieron fuerza para que sigan concurriendo a la escuela".
Además la familia recibió una ayuda económica por parte de la Subsecretaría de Desarrollo Social de la provincia. "Es que mi marido hacía changas en la construcción, y ahora no puede porque está dedicándose a arreglar la casa, igual la gente le dijo que lo espera", asegura la mujer.
"Hay que empezar de cero, es una pena porque todo lo que teníamos acá fue producto del esfuerzo de toda la familia", expresa Silvia que no deja de mirar a sus padres que aseguran "nosotros queremos volver a vivir en esta casa que es nuestra casa".
"Era un aguantadero y todo lo hicimos nosotros"
A la angustia e incertidumbre con la que transitan desde que se les quemó la casa, a la familia Riquelme se le sumó un problema más que esperan que se aclare cuanto antes. Unos pocos meses antes del siniestro del 2 de septiembre pasado, un hombre se presentó como dueño del terreno donde los Riquelme tienen su casa. Celina Rivera cuenta que a fines de los años '90 por intermedio de una integrante de la comisión vecinal del barrio lograron acceder al terreno de la calle Bariloche al 2300 "ya que en ese momento mi marido se quedó sin trabajo y no podíamos seguir afrontando el alquiler de la casa en la que estábamos viviendo". "El lugar estaba deshabitado y era una especie de aguantadero, sólo había una pared y toda la casa la hicimos nosotros en todo este tiempo con mucho esfuerzo", explica.
"Fuimos a las oficinas de Tierras Fiscales y averiguaron quién era el dueño pero no aparecía nadie. Nos otorgaron una tenencia y nos habilitaron para construir, cuando llegamos acá solo había un pedazo de pared. Después hicimos los trámites para la conexión de gas y electricidad e hicimos la cloaca. Los impuestos están a nombre de mi marido. Nosotros siempre le dijimos a la municipalidad que no teníamos problemas de pagar una cuota si había que pagar", expresa. "Imagínese ahora como estamos antes esta situación en que se nos quemó la vivienda y aparece una persona que dice que es el dueño. La municipalidad nos otorgó una tenencia, en el IPVU nos dijeron ustedes tienen casa ahí y ahora nos sentimos desprotegidos de nuestros propios derechos", destaca la mujer de 45 años.