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Veinticuatro mil butacas en 75 minutos. Las cifras corresponden al récord de ventas que consiguió la artista estadounidense Taylor Swift en la que será su primera visita a la Argentina y que transformó sus conciertos en el estadio Monumental en un fenómeno que excede al universo de los “swifties”. Muestra, además, una tendencia que parece ir a contracorriente de la crisis económica del país.
Las entradas para ver a Taylor no son baratas. Algunas superan los 75 mil pesos, lo que se asemeja al monto de una jubilación o un salario mínimo. Sin embargo, más de 250 mil personas hicieron una fila virtual para conseguir los tickets de preventa, dispuestos a pagar ese valor. ¿Eso es un símbolo de bonanza? ¿O de crisis?
Las trabas para comprar dólares, la inflación que desmotiva a los ahorristas y la falta de créditos que permitan el acceso a la vivienda propia parecen inclinar la balanza a favor del hedonismo. Los centennials, que no recuerdan una economía sin inflación, se muestran acostumbrados a destinar su dinero a satisfacer placeres urgentes, quizás influenciados por una nueva cultura de la inmediatez, pero también negados al acceso de comprar bienes más durables o pensar en el ahorro a largo plazo.
La relación de cada generación con el trabajo, el ahorro, la planificación o incluso la satisfacción de los deseos es dinámica y se transforma por hechos históricos, cambios culturales y avances tecnológicos. Pero quizás la economía empuja un poco a darse los gustos ahora. Antes de que aumente.