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Los vecinos habían denunciado la situación en la Policía, como así también en la Municipalidad y la Defensoría del Pueblo. Finalmente, llegaron a un acuerdo con el dueño de los inmuebles.
Los vecinos de barrio Huiliches repartieron agradecimientos a los cuatro vientos luego de conseguir que se terminara con la situación de aguantadero en tres dúplex a medio construir en una esquina del barrio. Los dúplex están en la esquina de Violeta Parra y Maestro Lucero. Llevan 15 años en el abandono.
Un mensaje de texto repartido por los teléfonos dio cuenta de los múltiples agradecimientos, que incluyeron a los propios vecinos que se movilizaron para que los dúplex dejaran de ser guarida de malvivientes. Los vecinos recordaron que vivían personas en malas condiciones en el lugar, que a la vez era usado de escondite de botines de delitos.
"Esto provocó muchísima inseguridad para los niños y adolescentes que concurren a la plaza", dijeron y recordaron que hubo vecinos que fueron amenazados para entregar cosas por la fuerza.
Los vecinos que estaban preocupados por la situación llevaron notas a la Municipalidad y a la Defensoría del Pueblo, además de hacer una denuncia policial.
Al final, el dueño de los de los dúplex destinó a un cuidador permanente para evitar nuevas usurpaciones, comprometiéndose a definir a la brevedad la situación de las viviendas y proceder a la limpieza del basural que en ellos persiste.
Días atrás, en declaraciones a LU5, la vecina, Irma Gómez, dijo estar cansada de pelear con una situación que se había tornado eterna. En todos los años que lleva la construcción abandonada, Gómez había indicado que se usó para actividades ilegales o molestas para los vecinos. El lugar ha servido como aguantadero de delincuentes, como así también despensa de cosas robadas.
Por entonces, contó que había nueve personas, dos mujeres, una que estaba embarazada, ocupando las construcciones sin terminar.
Gómez había manifestado que las familias que viven en los alrededores de los dúplex abandonados se sienten siempre observados por desconocidos que suelen tomar los inmuebles, y con eso crecía la sensación de inseguridad con la que conviven a diario.
"También por su presencia hay riesgos para los chicos que se juntan en la única plaza que tenemos", sumó a sus quejas la vecina.